Henry James y su mundana seducción

El poeta, periodista y traductor de habla inglesa, Roberto Díaz, presenta una semblanza de una de las más grandes plumas que dio la humanidad. El artículo pertenece al periódico "La Brújula" (del número 4 del mes de Julio de 2000), que dirige Jorge Acosta, y que Sitio al Margen reproduce con la autorización y gentileza del autor y del director del medio.

Cuando Henry James abrió los ojos un 15 de abril de 1843 en la ciudad de Nueva York, ya se sabía que ese niño tendría una vida casi sin sobresaltos, frecuentaría los ámbitos sociales más exquisitos y que se dedicaría, seguramente, a una actividad humanística.

Los James eran una familia de muy buena posición social y Henry era el hermano más joven del prominente William James, un reconocido filósofo y psicólogo, inventor del pragmatismo y del "fluir de la conciencia", teoría intelectual que, luego, adoptarían muchos notables escritores para llevar adelante un estilo de escritura. Virginia Wolf, William Faulkner, el propio James Joyce, fueron entusiastas seguidores de esta tesis que rondaba la escritura automática y ahondaba en los buceos psicoanalíticos del yo.

El joven Henry, gran lector, comenzó temprano su actividad literaria. De educación rigurosa y bien asistida, con gobernantas y tutores, nada le faltaría para comenzar a degustar los placeres que la vida ofrecía, como, por ejemplo, viajar por el mundo.

Y tanto se familiarizó con los viajes, que decidió abandonar su Estados Unidos natal para recalar en Europa; más decididamente, en París.

Allí Henry conoció a Goncourt, a Maupassant, a Balzac. Y también se hizo amigo del ruso Turgueniev, todos nombres de la literatura que entrarían a la memoria universal, con luz propia.

James era de trato cordial pero frío. Los que lo conocieron, lo tildan de "distante" y en sus modales de gran urbanidad, en su presencia atildada, se notaba el burgués de "buena familia" que nunca desmintió ni con sus actitudes ni con sus libros.

Escribió muchísimos artículos y notas en revistas de la época. También comentarios literarios y estéticos. Sus breves ensayos siempre estuvieron dotados de una fina observación y de una pincelada certera sobre personajes y situaciones. Éste fue su mejor tributo junto con una prosa que fue perfeccionando y modelando a través del tiempo.

En esa expatriación que eligió para sí, recaló en Inglaterra y allí se quedó. La mayoría de la obra de James fue escrita en este país. Y siempre tuvo, en su fondo, una especie de conflicto entre mundos: aquel nuevo que había abandonado y que se llamaba América y el otro, el viejo y a la vez signado por muchas cicatrices horrendas que era Europa.

Si me puedes mirar


Madre: es tu desamparada criatura quien te llama,
quien derriba la noche con un grito y la tira a tus pies como un telón caído
para que no te quedes allí, del otro lado,
donde tan sólo alcanzas con tus manos de ciega a descifrarme en medio de un                     muro de fantasmas hechos de arcilla ciega.
Madre, tampoco yo te veo,
porque ahora te cubren las sombras congeladas del menor tiempo y la mayor                     distancia,
y yo no sé buscarte,
acaso porque no supe aprender a perderte.
Pero aquí estoy, sobre mi pedestal partido por el rayo,
vuelta estatua de arena,
puñado de cenizas para que tú me inscribas la señal,
los signos con que habremos de volver a entendernos.
Aquí estoy, con los pies enredados por las raíces de mi sangre en duelo,
sin poder avanzar.
Búscame entonces tú, en medio de este bosque alucinado
donde cada crujido es tu lamento,
donde cada aleteo es un reclamo de exilio que no entiendo,
donde cada cristal de nieve es un fragmento de tu eternidad,
y cada resplandor, la lámpara que enciendes para que no me pierda entre las                     galerías de este mundo.
Y todo se confunde.
Y tu vida y tu muerte se mezclan con las mías como las máscaras de las                     pesadillas.
Y no sé dónde estás.
En vano te invoco en nombre del amor, de la piedad o del perdón,
como quien acaricia un talismán,
una piedra que encierra esa gota de sangre coagulada capaz de revivir en el                     más imposible de los sueños.
Nada. Solamente una garra de atroces pesadumbres que descorre la tela de                     otros años
descubriendo una mesa donde partes el pan de cada día,
un cuarto donde alisas con manos de paciencia esos pliegues que graban en                     mi alma la fiebre y el terror,
un salón que de pronto se embellece para la ceremonia de mirarte pasar
rodeada por un halo de orgullosa ternura,
un lecho donde vuelves de la muerte sólo para no dolernos demasiado.
No. Yo no quiero mirar.
No quiero aprender otra vez el nombre de la dicha en el momento mismo en                     que roen su rostro los enormes agujeros,
ni sentir que tu cuerpo detiene una vez más esa desesperada marea que lo lleva,
una vez más aún,
para envolverme como para siempre en consuelo y adiós.
No quiero oír el ruido del cristal trizándose,
ni los perros que aúllan a las vendas sombrías,
ni ver cómo no estás.
Madre, madre, ¿quién separa tu sangre de la mía?,
¿qué es eso que se rompe como una cuerda tensa golpeando las entrañas?,
¿qué gran planeta aciago deja caer su sombra sobre todos los años de mi vida?
¡Oh, Dios! Tú eras cuanto sabía de ese olvidado país de donde vine,
eras como el amparo de la lejanía,
como un latido en las tinieblas.
¿Dónde buscar ahora la llave sepultada de mis días?
¿A quién interrogar por el indescifrable misterio de mis huesos?
¿Quién me oirá si no me oyes?
Y nadie me responde. Y tengo miedo.
Los mismos miedos a lo largo de treinta años.
Porque día tras día alguien que se enmascara juega en mí a las alucinaciones                     y a la muerte.
Yo camino a su lado y empujo con su mano esa última puerta,
esa que no logró cerrar mi nacimiento
y que guardo yo misma vestida con un traje de centinela funerario.
¿Sabes? He llegado muy lejos esta vez.
Pero en el coro de las voces que resuenan como un mar sepultado
no está esa voz de hoja sombría desgarrada siempre por el amor o por la cólera;
en esas procesiones que se encienden de pronto como bujías instantáneas
no veo iluminarse ese color de espuma dorada por el sol;
no hay ninguna ráfaga que haga arder mis ojos con tu olor a resina;
ningún calor me envuelve con esa compasión que infundiste a mis huesos.
Entonces, ¿dónde estás?, ¿quién te impide venir?
Yo sé que si pudieras acariciarías mi cabeza de huérfana.
Y sin embargo sé también que no puedes seguir siendo tú sola,
alguien que persevera en su propia memoria,
la embalsamada a cuyo alrededor giran como los cuervos unos pobres jirones                     de luto que alimenta.
Y aunque cumplas la terrible condena de no poder estar cuando te llamo,
sin duda en algún lado organizas de nuevo la familia,
o me ordenas las sombras,
o cortas esos ramos de escarcha que bordan tu regazo para dejarlos a mi lado                     cualquier día,
o tratas de coser con un hilo infinito la gran lastimadura de mi corazón.



De: Los juegos peligrosos
Olga Orozco

Astor Piazzolla

Astor Pantaleón Piazzolla, nacido el 11 de marzo de 1921 en la ciudad de Mar del Plata, Argentina, pasó la infancia entre Buenos Aires y Nueva York - más en la segunda ciudad que en la primera. Empezó a estudiar música a los 9 años en los Estados Unidos, dando continuidad en Buenos Aires y en Europa. En 1935 tuvo un encuentro casi místico con Carlos Gardel, al participar como extra en el film El Día que me Quieras.
Su carrera comienza verdaderamente al participar como bandeonista en la orquesta de Aníbal Troilo. En 1952 gana una beca del gobierno francés para estudiar con Nadia Boulanger, quien lo incentivó a seguir su propio estilo. En 1955 Astor vuelve a casa y forma el Octeto Buenos Aires. Su seleccionado de músicos - en un experiencia similar a la jazzística norteamericana de Gerry Mulligan - termina por delinear arreglos atrevidos y timbres poco habituales para el tango, como la introducción de la guitarra eléctrica.
La presencia de Astor generó de entrada resquemores, envidia y admiración entre la comunidad tanguera. En los años '60 Piazzolla debió salir a defender a golpes de puño su música, avasallada por las fuertes críticas. La controversia iba a propósito de si su música era tango o no, a tal punto que Astor tuvo que llamarla "música contemporánea de la ciudad de Buenos Aires". Pero no era sólo eso: Astor provocaba a todos con su vestimenta informal, con su pose para tocar el bandoneón (actuaba de pie, frente a la tradición de ceñirse al fueye sentado) y con sus declaraciones que sonaban a reto.
La formación de la primera parte de los 60 fue, básicamente, el quinteto. Su público estuvo integrado por universitarios, jóvenes y el sector intelectual, si bien estaba lejos de ser masivo. Astor ya tenía fama de duro y bravo, de peleador, estaba en pleno período creativo y se rodeó de los mejores músicos.
Con Adiós Nonino, Decarísimo y Muerte de un Ángel comenzó a elaborar un camino de éxito que tendría picos en su concierto en el Philarmonic Hall de Nueva York y en la musicalización de poemas de Jorge Luis Borges.
En sus últimos años, Piazzolla prefirió presentarse en conciertos como solista acompañado por una orquesta sinfónica con alguna que otra presentación con su quinteto. Es así que recorrió el mundo y fue ampliando la magnitud de su público en cada continente por el bien y la gloria de la música de Buenos Aires.
Astor Piazzolla falleció en Buenos Aires el 4 de julio de 1992, pero dejó como legado su inestimable obra - que abarca unos cincuenta discos - y la enorme influencia de su estilo. En realidad, la producción cultural sobre Piazzolla parece no tener fin: se esparce al cine y al teatro, es constantemente reeditada por las discográficas y cobra vida en la Fundación Piazzolla, liderada por su viuda, Laura Escalada.

Gabriel García Márquez

“Uno de mis mayores defectos intelectuales es que nunca he logrado entender lo que quieren decir los diccionarios y menos que cualquier otro el terrible esperpento represivo de la Academia de la Lengua. Por una vez que he tenido curiosidad de volver a él, para establecer las diferencias entre fantasía e imaginación, me encuentro con la desgracia de que sus definiciones no sólo son muy poco comprensibles, sino que además están al revés. Quiero decir que, según yo entiendo, la fantasía es la que no tiene nada que ver con la realidad del mundo en que vivimos: es una pura invención fantástica, un infundio, y por cierto, de un gusto poco recomendable en las bellas artes, como muy bien lo entendió el que puso el nombre al chaleco de fantasía. Por muy fantástica que sea la concepción de que un hombre amanezca convertido en un gigantesco insecto, a nadie se le ocurriría decir que la fantasía sea la virtud creativa de Franz Kafka, y en cambio no cabe duda de que fue el recurso primordial de Walt Disney. Por el contrario, y al revés de lo que dice el diccionario, pienso que la imaginación es una facultad especial que tienen los artistas para crear una realidad nueva a partir de la realidad en que viven. Que, por lo demás, es la única creación artística que me parece válida. Hablemos, pues, de la imaginación en la creación artística en América Latina, y dejemos la fantasía para uso exclusivo de los malos gobiernos”

Fuente: Fantasía y creación artística en América Latina / El País

Mucho más que Lolita

Vladimir Nabokov pertenece a esa clase de personajes cuya verdadera existencia queda sepultada bajo algunos tópicos demasiado poderosos para permitir examinar el resto de los detalles sustanciales de su biografía. La idea aproximada que algunos tienen del escritor es la de un extravagante cazador de mariposas, cuando no la de un acechador de nínfulas que atienden por el nombre de Lolita, lo que, a fin de cuentas, viene a ser la misma cosa.

La fotografía de un Nabokov senil en pantalón corto, disfrazado de lepidopterólogo y con un cazamariposas en la mano, se superpone con la visión del maduro profesor Humbert Humbert acosando a la Lolita novelesca. Ambas imágenes encierran un germen de patetismo, lo que distaba mucho de la realidad del exiliado ruso en Estados Unidos que era un hombre serio, sensato, nada aficionado a las jovencitas, y sí a los lepidópteros, tal como tuvo que aclarar en repetidas ocasiones, y absolutamente fiel a su mujer, Vera.

Es cierto que con el escándalo que supuso la publicación de Lolita, Nabokov, que ya había cumplido los 56 años, logró el reconocimiento y la fama internacional. Pero por esa misma razón le empezaron a insultar algunos críticos y se vio obligado a asegurar en numerosas entrevistas que su novela no era en absoluto autobiográfica. Pese a ciertas escaramuzas con la censura, y aunque en la época de gestación de la obra había intentado quemar el manuscrito cuando en un momento se le había resistido, Lolita era uno de sus libros más queridos.

PROFESOR EXPERTO
No cabe duda de que Nabokov conocía de primera mano las reacciones del menorero Humbert Humbert, y lo que es más sorprendente, al autor no se le escapó ni un solo matiz de la compleja psicología de su Lolita. Es muy posible que Nabokov adquiriese sus profundos conocimientos sobre el despliegue de la seducción femenina, en sus múltiples variedades desde nínfulas a conquistadoras expertas, durante sus años como profesor de literatura en Wellesley College, la prestigiosa universidad norteamericana que imparte clases exclusivamente a mujeres. Sin embargo, tras su itinerancia de ruso blanco exiliado, primero en Cambridge, donde estudió zoología y literatura rusa y francesa, y más tarde en Alemania y Francia, y por debajo del éxito posterior como escritor en su asentamiento en Estados Unidos, emerge la verdadera personalidad de Vladimir Nabokov: un hombre desposeído de una considerable fortuna familiar que tuvo que abandonar el territorio seguro de la infancia al tiempo que era arrancado de sus paisajes y sus afectos. Porque Vladimir Nabokov había sido un niño muy rico. Inmensamente rico, habría que apostillar. Nació el 23 de abril de 1899 en la casa de campo de la familia, Vyra, en la provincia de San Petersburgo, atendido por un ejército de más de 50 criados y pasó su primera infancia educado por institutrices inglesas y francesas, que serían sustituidas más tarde por preceptores rusos y alemanes.
Su padre era Vladimir Dmitrievich Nabokov, jurista y estadista, hijo de un ministro de Justicia bajo los zares y de la baronesa María Bon Korff. Impartió clases en la Escuela Imperial de Jurisprudencia de San Petersburgo, fue codirector del diario liberal Rech y diputado activo del primer Parlamento ruso, por lo que tuvo problemas con el Zar. Llegó a ser ministro de Justicia del gobierno regional de Crimea, antes de marchar a su exilio londinense y ser asesinado, años después, casi por azar, por dos fascistas que pretendían atentar contra un conferenciante en el Berlín de 1922. El padre de Nabokov se interpuso y encontró su destino en una bala que no iba dirigida a él. Los antepasados del escritor por parte de madre pertenecían a la aristocracia terrateniente de la provincia de Kazan y poseían minas de oro en el lado siberiano de los Urales.

Conversando con Paul Bowles

El verano pasado fui por una semana a Tánger. ¿Mi propósito? Conversar un rato con Paul Bowles (New York, 1912-1999), un santo contemporáneo que recibe en el Immeuble Itesa, lugar donde vive el iluminado. Entre las gente que veo entrar a su casa están Helen Strauss, Eduardo Urculo y Bernardo Bertolucci, a quien no veía desde 1978, luego de una tremenda curda en el Harry´s Bar de Venecia.

Paul Bowles va a cumplir ochenta y dos y varios de los visitantes quieren hacer una parranda mundial, a lo cual se opone con amabilidades el interesado. Bowles viste pantalón azul de algodón y una chaqueta amarilla cerrada hasta el cuello de tortuga que lleva debajo. Al lado izquierdo de la chaqueta un inmenso bolsillo que parece más una adherencia nefanda, y sobre todo ello una bata de seda de medio cuerpo con una figura preciosa de un mandala tibetano rojo y gualda.

Le pregunto qué pone en el inmenso bolsillo y me muestra un racimo de tarjetas que han dejado los visitantes en las últimas semanas y que guarda para tener a mano y no olvidar nombres y datos.

HABLEN, TIENEN TRES MINUTOS

Hablen, tiene tres minutos
De vuelta del paseo
donde junté una florecita para tenerte entre mis dedos un momento,
y bebí una botellas de Beaujolais, para bajar al pozo
donde bailaba un oso luna,
en la penumbra dorada de la lámpara cuelgo mi piel
y sé que estaré solo en la ciudad
más poblada del mundo.
Excusarás este balance histérico, entre fuga a la rata y queja de morfina,
teniendo en cuenta que hace frío, llueve sobre mi taza de café,
y en cada medialuna la humedad alisa sus patitas de esponja.
Máxime sabiendo
que pienso en ti obstinadamente, como una ciega máquina,
como la cifra que repite interminablemente el gongo de la fiebre
el loco que cobija su paloma en la mano, acariciándola hora a hora
hasta mezclar los dedos y las plumas en una sola miga de ternura.
Creo que sospecharás esto que ocurre,
como yo te presiento a la distancia en tu ciudad,
volviendo del paseo donde quizá juntases
la misma florecita, un poco por botánica,
un poco porque aquí,
porque es preciso
que no estemos tan solos, que nos demos
un pétalo, aunque sea un pasito, una pelusa.


Julio Cortázar



Julio Florencio Cortázar (Municipio de Ixelles, en la Región de Bruselas-Capital, Bélgica, 26 de agosto de 1914 – París, Francia, 12 de febrero de 1984)

AUTOBIOGRAFÍA - Macedonio Fernández

EI Universo o Realidad y yo nacimos el 1 de junio de 1874 y es sencillo añadir que ambos nacimientos ocurrieron cerca de aquí y en una ciudad de Buenos Aires. Hay un mundo para todo nacer, y el no nacer no tiene nada de personal, es meramente no haber mundo. Nacer y no hallarlo es imposible; no se ha visto a ningún yo que naciendo se encontrara sin mundo, por lo que creo que la Realidad que hay la traemos nosotros y no quedaría nada de ella si efectivamente muriéramos, como temen algunos.
En vano diga la historia, en volúmenes inmensos, sobre el mucho haber mundo antes de ese 1 de junio; sus tomos bobalicones es lo único que yo conozco (no sus hechos), pero los conocí, después de nacer, como todo lo demás. Lo que me podría convencer sería el Arte, más gracioso y verdadero: un preludio de Rachmaninoff, una mirada creada por Goya, pero no es tan crédulo el arte, no abre la boca ante los cortejos de pompas fúnebres, como la historia.
Nací, otros lo habrán efectuado también, pero en sus detalles es proeza. Lo tenía olvidado, pero lo sigo aprovechando a este hecho sin examinarlo, pues no le hallaba influencia más que sobre la edad. Mas
las oportunidades que ahora suelen ofrecerse de presentar mi biografía (en la forma más embustera de arte que se conoce, como autobiografía, solo las Historias son más adulteradas) háceme advertir lo injusto que he sido con un hecho tan literario como resulta la natividad. (El dato de la fecha de ésta se me ha pedido tanto y con una sonrisa tan juguetona, que tuve la ilusión de que ello significaba que era posible una fecha mejor de nacimiento mío y se me alentaba a elegirla y pedirla, que se me habría de conseguir. Por si acaso, aunque no han progresado ni declarándose estas cortesías, dejo dicho que me gustaría haber nacido en 1900).
Como no hallo nada sobresaliente que contar de mi vida, no me queda más que esto de los nacimientos, pues ahora me ocurre otro: comienzo a ser autor. De la Abogacía me he mudado; estoy recién entrado a la Literatura y como ninguno de la clientela mía judicial se vino conmigo, no tengo el primer lector todavía. De manera que cualquier persona puede tener hoy la suerte, que la posteridad 1e reconocerá, de llegar a ser el primer lector de un cierto escritor. Es lo único que me alegra cuando pienso la fortuna que correrá mi libro: "No toda es vigilia la de los ojos abiertos". No se olvide: soy el único literato existente de quien se puede ser el primer lector. Pero además mi libro, y es más inusitado esto todavía, es la única cosa que en Buenos Aires puede encontrarse aún no inaugurada por el Presidente. Se están imprimiendo todos los certificados de primer lector mío que se calcula serán necesarios. Y para retener al libro el segundo precioso mérito que lo adorno, el Editor ha puesto vigilancia en todos los caminos por donde pueda acercarse una Inauguración Presidencial infortunada.

"Carta a Borges" de Susan Sontag

Este es un fragmento del libro póstumo de Susan Sontag: "Cuestión de Énfasis", trata de una serie de ensayos y ficciones rescatados de los archivos de la autora.


13 de junio de 1996
Nueva York

Querido Borges:

Dado que siempre situaron su literatura bajo el signo de la eternidad, no parece demasiado extraño dirigirle una carta. Si alguna vez un contemporáneo pareció destinado a la inmortalidad literaria, ése fue usted. Fue en gran medida el producto de su tiempo, de su cultura y, sin embargo, supo cómo trascender su tiempo, su cultura, de un modo que parece del todo milagroso. Esto tenía algo que ver con la amplitud y la generosidad de su atención. Fue el menos egocéntrico, el más transparente de los escritores, así como el más ingenioso. Algo tuvo que ver asimismo con una pureza natural de espíritu. Aunque vivió entre nosotros durante un tiempo más bien largo, perfeccionó las prácticas de la exigencia y la indiferencia que también lo convirtieron en un experto viajero mental a otras eras. Tuvo un sentido del tiempo diferente del de los demás. Las ideas comunes de pasado, presente y futuro parecían nimias bajo su mirada. A usted le gustaba decir que cada momento del tiempo contiene el pasado y el futuro, citando (según recuerdo) al poeta Browning, que escribió algo así como “elpresente es el instante en el cual el futuro se derrumba en el pasado”. Eso, por supuesto, era parte de su modestia: su gusto por encontrar sus ideas en las ideas de otros escritores.
Esa modestia era parte de la seguridad de su presencia.
Fue un descubridor de nuevas alegrías. Un pesimismo tan profundo, tan sereno como el suyo no precisaba de indignación.
Más bien, tenía que ser inventivo... y usted era, sobre todo, inventivo. La serenidad y la trascendencia de la identidad que usted encontró son, para mí, ejemplares. Usted demostró que no es necesario ser infeliz, aunque se pueda ser completamente esclarecido y desengañado sobre el terrible estado de todo. En alguna parte usted dijo que un escritor –delicadamente agregó: todas las personas– debe pensar que toda cosa que le sucede es un recurso. (Estaba hablando de su ceguera.)
Usted ha sido un gran recurso para otros escritores. En 1982 –es decir, cuatro años antes de su muerte– dije en una entrevista: “En la actualidad no hay otro escritor que importe más a otros escritores que Borges. Muchos dirían que es el escritor vivo más importante... Muy pocos de hoy no han aprendido de él o lo han imitado”. Eso sigue siendo cierto. Todavía seguimos aprendiendo de usted. Todavía lo seguimos imitando.
Usted le ofreció a la gente nuevas maneras de imaginar, al tiempo que proclamaba una y otra vez nuestra deuda con el pasado, sobre todo con la literatura. Afirmó que le debemos a la literatura casi todo lo que somos y lo que hemos sido. Si los libros desaparecen, desaparecerá la historia y también los seres humanos. Estoy segura de que tiene razón. Los libros no son sólo la suma arbitraria de nuestros sueños y de nuestra memoria. También nos ofrecen el modelo de la propia trascendencia. Algunos creen que la lectura es sólo una manera de evadirse: una evasión del mundo diario “real” a uno imaginario, al mundo de los libros. Los libros son mucho más. Son una manera de ser del todo humano.
Lamento tener que decirle que los libros en la actualidad son considerados una especie en extinción. Por libros también quiero decir las condiciones de la lectura que posibilitan la literatura y sus efectos en el espíritu. Pronto, nos dicen, tendremos en “pantallas-libros” cualquier “texto” a nuestra disposición, y se podrá cambiar su apariencia, formularle preguntas, “interactuar” con él. Cuando los libros se conviertan en “textos” con los que “interactuamos” siguiendo criterios utilitarios, la palabra escrita se habrá convertido simplemente en otro aspecto de nuestra realidad televisada regida por la publicidad. Éste es el glorioso futuro que se está creando, y que nos prometen, como algo más “democrático”. Por supuesto, ello implica nada menos que la muerte de la introspección... y del libro. Esta vez no habrá necesidad de una gran conflagración.
Los bárbaros no tienen que quemar los libros. El tigre está en la biblioteca. Querido Borges, créame que no me satisface quejarme. Pero ¿a quién podrían estar mejor dirigidas estas quejas sobre el destino de los libros –de la lectura misma– que a usted?
Todo lo que quiero decir es que lo echamos de menos. Yo lo echo de menos. Su influencia decisiva continúa. La época en que ahora estamos entrando, este siglo 21, pondrá a prueba al espíritu de maneras nuevas. Pero, se lo aseguro, algunos no vamos a abandonar la GranBiblioteca.
Y usted seguirá siendo nuestro patrono y nuestro héroe.

Wislawa Szymborska

  "Nada sucede dos veces ni va a suceder, por eso sin experiencia nacemos,
sin rutina moriremos"

YUGO Y ESTRELLA - José Martí

Cuando nací, sin sol, mi madre dijo:
—Flor de mi seno, Homagno generoso
De mí y de la Creaciòn suma y reflejo,
Pez que en ave y corcel y hombre se torna,
Mira estas dos, que con dolor te brindo,
Insignias de la vida: ve y escoge.
Éste, es un yugo: quien lo acepta, goza:
Hace de manso buey, y como presta
Servicio a los señores, duerme en paja
Caliente, y tiene rica y ancha avena.
Ésta, oh misterio que de mí naciste
Cual la lumbre naciò de la montaña,
Ésta, que alumbra y mata, es una estrella:
Como que riega luz, los pecadores
Huyen de quien la lleva, y en la vida,
Cual un monstruo de crímenes cargado,
Todo el que lleva luz, se queda solo.
Pero el hombre que al buey sin pena imita,
Buey vuelve a ser, y en apagado bruto
La escala universal de nuevo empieza.
El que la estrella sin temor se ciñe,
Como que crea, crece!
Cuando al mundo
De su copa el licor vaciò ya el vivo:
Cuando, para manjar de la sangrienta
Fiesta humana, sacò contento y grave
Su propio corazòn: cuando a los vientos
De Norte y Sur virtiò su voz sagrada,—
La estrella como un manto, en luz lo envuelve,

Se enciende, como a fiesta, el aire claro,
Y el vivo que a vivir no tuvo miedo,
Se oye que un paso más sube en la sombra!

—Dame el yugo, oh mi madre, de manera
Que puesto en él de pie, luzca en mi frente
Mejor la estrella que ilumina y mata.

Nocturno - Oliverio Girondo

Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana.
Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos.
Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas.
Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón.
¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo,
y cuál será la intención de los papeles
que se arrastran en los patios vacíos?
Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras,
y en que las cañerías tienen gritos estrangulados,
como si se asfixiaran dentro de las paredes.
A veces se piensa,
al dar vuelta la llave de la electricidad,
en el espanto que sentirán las sombras,
y quisiéramos avisarles
para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones.
Y a veces las cruces de los postes telefónicos,
sobre las azoteas,
tienen algo de siniestro
y uno quisiera rozarse a las paredes,
como un gato o como un ladrón.
Noches en las que desearíamos
que nos pasaran la mano por el lomo,
y en las que súbitamente se comprende
que no hay ternura comparable
a la de acariciar algo que duerme.

El extranjero - Albert Camus

(…) El fiscal se volvió entonces hacia el jurado, y declaró: “El mismo hombre que al día siguiente de la muerte de su madre se entregada al más vergonzoso desenfreno mató por razones fútiles para liquidar un asunto incalificable de costumbres inmorales”.

Se sentó. Pero mi abogado, agotada su paciencia, exclamó alzando los brazos de modo que sus mangas al caer descubrieron los pliegues de una camisa almidonada: “¿Se le acusa, en fin, de haber enterrado a su madre o de haber matado a un hombre?”. El público rió. Pero el fiscal se levantó de nuevo, se envolvió en su toga y afirmó que era necesaria la ingenuidad del honorable defensor para no advertir que había entre los dos órdenes de hechos una relación profunda, patética, esencial. “Sí –exclamó con fuerza-, acuso a ese hombre de haber enterrado a una madre con un corazón de criminal”. Esta declaración pareció tener un considerable efecto entre el público. Mi abogado se encogió de hombros y enjugó el sudor que cubría su frente. Pero él mismo parecía quebrantado y comprendí que las cosas no iban bien para mí.

Se levantó la sesión. Al salir del Palacio de Justicia para subir al coche, reconocí por un breve momento el olor y el color de la tarde de verano. En la oscuridad de mi prisión móvil, volví a encontrar uno a uno, como desde el fondo de mi cansancio, todos los ruidos familiares de una ciudad que amaba y de una cierta hora en la que solía sentirme contento. El grito de los vendedores de periódicos en el aire ya sosegado, los últimos pájaros en la plazoleta, el reclamo de los mercaderes de bocadillos, el lamento de los tranvías en los altos virajes de la ciudad y este rumor del cielo antes de que la noche caiga sobre el puerto, todo recomponía para mí un itinerario de ciego, que conocía perfectamente antes de entrar en la cárcel. Sí, era la hora en la que, hacía ya mucho tiempo, me sentía feliz. Lo que me esperaba entonces era un sueño ligero y sin imágenes. Y, no obstante, algo había cambiado, pues en la espera del siguiente día, fue mi celda lo que volví a encontrar. Como si los caminos familiares trazados en los cielos del estío pudieran llevar lo mismo a las prisiones que a los sueños inocentes.
(…)

Albert Camus
“El extranjero”, 1942

Henry Miller

-Entonces confesó algo que era –bien lo sabía yo- una puñetera mentira, pero aun así, interesante. Una de esas “deformaciones” o “trasposiciones” propias de los sueños. Sí, cosa bastante curiosa, las otras chicas, verdad, sintieron lástima de ella… lástima de haberla metido en aquél fregado. Sabían que no estaba acostumbrada a acostarse con todo quisqui. Así, que pararon el coche y cambiaron de asiento para que se sentara delante, con el tipo peludo, que hasta entonces había parecido decente y tranquilo. Ellas se sentaron detrás en las rodillas de aquellos hombres, con las faldas alzadas, mirando hacia delante y, mientras fumaban sus cigarrillos y reían y bebían, les dejaba ponerse las botas.
“¿Y qué hizo el otro tipo, mientras sucedía eso?”, me sentí obligado a preguntar al final.
“No hizo nada”, dijo. “Le dejé que me cogiera la mano y le hablé lo más rápido que pude para quitárselo de la cabeza.”
“Venga, hombre”, dije, “déjate de cuentos. A ver, ¿qué hizo? ¡Cuenta!¡Cuenta!”
Bueno, el caso es que le tuvo cogida la mano mucho tiempo, lo creáis o no. Además, ¿qué podía hacer? ¿Es que no iba conduciendo el coche?
“¿Quieres decir que en ningún momento se le ocurrió parar el coche?”
Claro que sí. Lo intentó varias veces, pero ella lo convenció para que no lo hiciese… Ése era el rollo. Estaba pensando desesperadamente cómo pasar a la verdad.
“¿Y al cabo de un rato?”, dije, para allanar el terreno.
“Pues, de repente, me soltó la mano…” Hizo una pausa.
“¡Sigue!”
“Y después volvió a cogerla y se la colocó sobre la pierna. Llevaba la bragueta abierta y tenía el aparato tieso… y estremeciéndose. Era un aparato enorme. Me entró un susto tremendo, pero no me dejaba retirar la mano. Tuve que hacerle una paja. Después paró el coche e intentó arrojarme fuera. Le rogué que no lo hiciese. “Sigue conduciendo despacio”, dije, “Haré lo que quieras… después. Estoy asustada”. Se limpió con un pañuelo y reanudó la marcha. Entonces empezó a decir las guarrerías más soeces…”
“¿Como por ejemplo?¿Qué dijo exactamente?¿Lo recuerdas?”
“Oh, no quiero hablar de eso… era repugnante.”
“Después de lo que me has contado, no veo por qué vacilas por unas palabras”, dije, “¿Qué diferencia hay? Igual podrías…”

Fazal Sheikh

Fazal Sheikh nació en 1965 en Nueva York, se graduó en Princeton en 1987 y ha viajado por Pakistán, Afganistán, Brasil, Cuba e India, así como por diversos países de Africa, buscando comunidades de personas refugiadas o desplazadas de sus hogares por las guerras civiles, la sequía y el hambre, luchando por sobrevivir durante años en los campamentos de refugiados donde el equilibrio tradicional de su vida ha sido completamente destruido.
Ha trabajado en los campamentos de Kenia, Malawi y Tanzania, donde se reunieron las personas que huyeron de los conflictos de Sudán, Etiopía, Somalia, Mozambique y Ruanda. A mediados de la década de 1990 visitó los campamentos de refugiados afganos que habían escapado después de la invasión soviética de su país. Cuando regresó a los campamentos donde los refugiados somalíes en Kenia han estado viviendo durante una década, encontró a los niños que había fotografiado diez años antes, ahora convertidos en adolescentes que no conocían nada más que la vida en los campamentos. Desde entonces ha trabajado en Mexico, Cuba, Brasil y, más recientemente, la India. Su último libro, Moksha, examina la vida de las viudas de los desposeídos de la India.
“Una cosa es fotografíar personas y otra tratar de entenderlas. Para esto se necesita tiempo y paciencia, y un innato respeto a la diferencia, el abismo entre su propia religión, política, posición económica, idioma y los de la persona frente a uno. Tratar de cruzar ese abismo con una cámara invita a la sospecha y al malentendido. Pero en una época en que la fotografía tradicional a menudo se limita a una breve escala y la búsqueda de imágenes sensacionalistas, es mayor que nunca la necesidad de tener tiempo y representar y comprender a las personas cuyas vidas y valores son muy diferentes a los nuestros.”
Fazal Sheikh no sólo hace fotos, sino que entrevista a las personas que fotografía, les pregunta sobre sus vidas, e incluye las transcripciones en sus libros y exposiciones, a las que añade su propio comentario sobre su pueblo, su país, y la situación en la que se encuentra.

Kirmen Uribe

Kirmen Uribe se ríe todo el rato. Es alegre y además hoy está sobresaltado. Patxi López ha escogido su poema 'Maiatza' para jurar como lehendakari. "Ha sido un detalle y me honra", dice el escritor.
Patxi López y Kirmen Uribe habían coincidido una vez. Fue en los premios Ramón Rubial cuando López le dijo que le gustaba su libro 'Mientras tanto dame la mano'. "Me contó que su poema preferido era 'Te quiero no', que habla de un tío mío que trabajaba en Altos Hornos y a él le recordaba a su abuelo", cuenta el poeta. Y es que el País Vasco es un lugar pequeño en el que las personas más distintas pueden haber tenido un pasado común. Por eso, más allá del significado político que López haya querido dar al poema, lo importante para Kirmen es que al elegir a un autor vasco que escribe en euskera el lehendakari ha hecho "un guiño al mundo euskaldún. En Euskadi hay dos culturas, dos lenguas que tienen que convivir. En eso coincido con él".
No obstante, cree que la lectura de 'Maiatza' —mayo en euskera— no significa "que la gente vaya a asociar ni a mi obra ni a mí con una corriente política", explica, porque él está fuera de eso. Escribe para lectores diferentes, y más en un lugar como el País Vasco donde parece que la diferencia es lo único en que todos coinciden. Además, una vez un poema está publicado "pertenece al lector. Eso es lo bonito de la poesía, que cada uno pueda interpretarla".
Y eso es lo que ha hecho Patxi López escogiendo este poema que habla, como dice el autor, "sobre empezar de cero. Sobre cómo los fallos del pasado hay que enmendarlos en el futuro". Pero el poeta ve aún más significado en la elección de estos versos. "Se publicó en el New Yorker y yo creo que él lo sabía. Con eso también está diciendo que somos una cultura pequeña, pero que quiere ser universal".
Lo dice uno de los abanderados de traspasar fronteras. El poeta, de 39 años, ha vivido en Nueva York, donde "vuelve cada año" y donde organiza —entre otras ciudades del mundo—recitales de poesía musicada con la poetisa y traductora de su obra, Elisabeth Macklin, y los músicos Bingen Mendizabal, Mikel Urdangarín, Rafa Rueda. Además su obra ha sido traducida a varias lenguas —alemán, italiano— y su libro 'Mientras tanto dame la mano' está publicado en castellano por la editorial Visor. Su última obra, la novela Bilbao-New York-Bilbao, que se traducirá próximamente al castellano, tiene también ese componente viajero, y a la Gran Manzana como escenario.
Porque la idea de Kirmen es que la poesía debe salir de los libros, estar en la calle, "que es donde está el público". Por eso colabora con artistas plásticos, videoartistas, músicos y otros escritores euskaldunes. "La poesía y la narrativa en Euskadi vive un buen momento. Por primera vez convergemos varias generaciones, la de Atxaga, una intermedia, la mía con Harkaitz Cano, Unai Elorriaga, y otra más joven. Todo esto es muy enriquecedor", cuenta. Esta escena literaria hace que algo se mueva, que la gente se interese, y en el caso de Kirmen Uribe, esto de que Patxi López haya recitado unos versos suyos ayude a su poesía a llegar a más calles. Él se ríe otra vez: "sí, ojalá sea para bien".
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Te quiero, no
Aunque trabajó durante cuarenta años
en los Altos Hornos,
en su interior había todavía un labrador.

En octubre, asaba pimientos rojos
con un soldador
en el balcón de su casa de barrio.

Su voz era capaz de hacer callar
a cualquiera.
Sólo su hija se atrevía con él.

Él nunca decía te quiero.

El tabaco y el polvo de acero
quemaron sus cuerdas vocales.
Dos amapolas a punto de caer.

Cuando se jubiló,
su hija se casó en otra ciudad.
Él le hizo un regalo.

No eran rubíes, ni siquiera seda roja.
Había ido sacando piezas de la fábrica.
Poco a poco, sus manos soldaron una cama de acero.

Él nunca decía te quiero.

Fuente: SOFÍA RUIZ DE VELASCO (SOITU.ES)

EL DESPERTAR - Porfirio Barba-Jacob

Ya por celestes númenes alzado el mortuorio

Manto que las criaturas envolvía,

La luz viene a llamar a los cristales…

 

Tú que retornas de tu sueño, advierte

Si un hada esquiva deja en los umbrales

Salvias y serpoletas, o si vierte

Al pie e la ventana,

Con sus dedos rosáceos y pueriles,

Los jugos de la agreste mejorana

Y el tomillo de todos los abriles,

Porque huele muy bien…

 

Y el aire puro,

Al penetrar por el balcón abierto,

Derrama en el ambiente semioscuro

Los himnos de los pájaros del huerto.

 

Bajo el árbol antiguo el agua suena…

¡Es de día! ¡Es de día!

Haz tu oración, disponte a la faena,

Y alégrate en las cosas humildes, alma mía

Vladimír Holan

Se levantaba antes del mediodía, pasaba largo rato lavándose con agua fría, por la tarde empezaba a escribir y permanecía despierto hasta la mañana. Afirmaba que algunas noches lo visitaba en su piso en la isla praguense de Kampa el antiguo inquilino de esa casa, el patriarca de la resurrección de la lengua checa Josef Dobrovský.
Vladimír Holan era un Maestro de la palabra, un erudito que disponía de un vocabulario extraordinariamente rico. En sus textos aparecen expresiones olvidadas, así como voces que creó él mismo. Sus versos son difíciles de entender, pero no es que el poeta deseara ser incomprensible. Sólo no quería subestimar al lector.
Vladimír Holan nació en Praga, pero a sus seis años se trasladó con sus padres a Podolí cerca de Belá pod Bezdezem, región del poeta romántico Karel Hynek Mácha. Allí nació el deseo de Holan de convertirse en monje. Sin embargo, ocurrió todo lo contrario. El poeta confesó que desde pequeño al oír el crujido de una falda se olvidaba de los monasterios. El amor lo acompañaba tanto en su vida, como en sus obras. Porque según decía Holan: "Sin el amor no se puede nada. Ni siquiera morir se puede sin el amor".
Sus primeros poemas los escribió en el liceo, que frecuentaba en Praga. En el liceo también empezó a fumar, manteniendo este vicio durante toda su vida. En la primera mitad de los años cincuenta cuando le escaseaban los recursos financieros, mezclaba el tabaco de baja calidad con hojas caídas.
Vladimír Holan En el año 1926 Holan se matriculó en la Facultad de Derecho, pero estudió tan sólo un trimestre. Buscando un empleo se dirigió al poeta Antonín Sova. Este le mandó al ayuntamiento donde un funcionario le recomendó a Holan ponerse un mono y presentarse en una empresa que se encargaba de limpiar las calles de Praga.
Al final empezó a trabajar en 1927 en una oficina del Instituto de Pensiones. Al cabo de siete años fue jubilado con el diagnóstico "psicopatía constitucional". Desde entonces se ganaba el pan exclusivamente con la literatura.
La segunda antología de Holan "Triunfo de la muerte" cosechó elogios tanto de los críticos, como de sus colegas literatos. Jakub Deml escribió a Holan: "Basta con leer la primera página para reconocer que Vd. es poeta y artista".
En noviembre de 1932 Holan se casó con Vera Pilarová, con la que tuvo una hija Katerina. La niña sufría el síndrome Down, pero el padre la adoraba y le escribía versos infantiles.
La poesía que Holan publicó antes de la Segunda Guerra Mundial es muy sutil y subjetiva, describiendo una realidad de sueño. En la difícil situación política después de la firma del Tratado de Munich el poeta reaccionó con el libro "Septiembre 1938", que incluye el poema acusatorio "Respuesta a Francia". En los años posteriores Holan escribió versos patrióticos para levantar el ánimo del pueblo checo golpeado por el nazismo.
Una noche con Hamlet, Vladimír Holan Una vez más tuvo la poesía de Holan un destinatario muy concreto. Fue en la antología "Soldados del Ejército Rojo", con la que el poeta quiso manifestar sus gracias a los soldados ordinarios que habían pasado por el infierno de la Guerra.
En 1946 Holan se afilió al Partido Comunista, pero ya en 1948 fue acusado de formalismo decadente y un año más tarde apareció en la lista negra sin la posibilidad de publicar hasta 1962.
Enconces ya vivía en la casa en Kampa dentro de cuyas paredes se encerró ante el mundo. La pared representa uno de los símbolos significativos de la poesía de Holan. Sus poemas sobre este tema fueron recopilados en una antología individual.
Una de las últimas excursiones de Holan se realizó en 1961. Con el poeta Vilém Závada viajó entonces al castillo de Kokorín. Se dice que cuando Závada le ofreció ponerse de lado del régimen, Holan le dio una bofetada.
Vladimír Holan calificó los años entre 1949 y 1956 como los más crueles de su vida. En esa época escribió el poema dramático "Una noche con Hamlet", que fue estrenado en 1963 en el teatro Viola de Praga permaneciendo en el escenario a lo largo de 25 años.
En 1965 Holan publica la antología "Dolor", en 1968 le fue otorgado el título de artista nacional y un año más tarde fue nominado para el Premio Nobel de literatura.
En 1976 el poeta sufrió un ataque de apoplejía. Con la muerte de su hija en 1977 se cerró la trayectoria artística de Vladimír Holan, el poeta dejó de escribir. Falleció el 31 de marzo de 1980.
A la vida y la obra del poeta Vladimír Holan está dedicada la exposición titulada según una de sus antologías "Guardia nocturna del corazón", que se celebra en el palacete Hvezda en Praga hasta finales de octubre.

Premio Cervantes para el chileno Nicanor Parra


Con 97 años, obtuvo el galardón más prestigioso de las letras hispanas, otorgado por España. Compitió contra Ernesto Cardenal, Fernando Vallejo, Eduardo Galeano y Fina García Marruz.

Mark Twain

"Pasaron dos o tres días con sus noches; creo que podría decir que pasaron nadando, que se deslizaron, callados, serenos, hermosos. Así pasábamos el tiempo: allá abajo el río era monstruosamente grande..., en algunos lugares tenía una milla y media de ancho; por la noche navegábamos, y de día parábamos y nos escondíamos; en cuanto empezaba a hacerse de día dejábamos de navegar y amarrábamos la balsa, casi siempre en las aguas muertas, debajo de una barra de arena; luego cortábamos unos álamos jóvenes y unos sauces y tapábamos la balsa con ellos. Después de echar los sedales, nos metíamos en el río sin hacer ruido, y nadábamos un rato para lavarnos y refrescarnos, y nos sentábamos en el fondo arenoso donde el agua nos llegaba más o menos hasta las rodillas y mirábamos la luz del día. No se oía nada, un silencio perfecto, como si el mundo entero durmiese; a veces, sólo el chapaleo de las ranas. Si mirábamos por encima del agua, lejos, lo primero que se veía era algo que parecía una línea oscura: era el bosque, al otro lado; no se distinguía nada más; luego, un pedazo pálido de cielo, y más palidez, extendiéndose; entonces, muy lejos, el río empezaba a suavizarse, y ya no era negro, sino gris; se veían unas manchitas oscuras que flotaban, muy lejos; chalanas y esas cosas, y unas rayas largas y negras, balsas; a veces se oía el crujir de un remo, o voces entreveradas, porque era tan grande el silencio y los sonidos llegaban de muy lejos; y enseguida se veía una raya en el agua, por su aspecto sabíamos que era un tronco sumergido en la corriente rápida que se rompía encima y le daba esa forma; y luego la neblina, rizándose sobre el agua, y el este se ponía rojo, y también el río, y aparecía una cabaña de troncos al borde del bosque, muy lejos, en la otra orilla, seguramente un depósito de maderas, con las pilas hechas por unos chapuzas, tan mal, que se podía soltar un perro y hacerlo pasar por cualquier parte. Y luego, una brisa muy suave que viene desde allí, abanicándote, fresca y pura y con ese olor tan dulce que le dan los bosques y las flores, aunque hay veces que no llega así porque alguien deja peces muertos por ahí, peces aguja o de otra clase, y huelen bastante mal; y luego, ¡el día!, ¡y todo sonríe al sol, y los pájaros cantan y cantan!"

Huckleberry Finn (fragmento)

Albert Camus-La esperanza y lo absurdo en la obra de Kafka/En El mito de Sísifo

Todo el arte de Kafka consiste en obligar al lector a releer. Sus desenlaces, o la ausencia de desenlaces, sugieren explicaciones, pero que no se revelan claramente y que exigen, para que parezcan fundadas, una nueva lectura del relato desde otro ángulo. A veces hay una doble posibilidad de interpretación, de donde surge la necesidad de dos lecturas. Eso es lo que buscaba el autor. Pero sería un error querer interpretar todo detalladamente en Kafka. Un símbolo está siempre en lo general, y, por precisa que sea su traducción, un artista no puede restituirle sino el movimiento: no hay traducción literal. Por lo demás, nada es más difícil de entender que una obra simbólica. Un símbolo supera siempre a quien lo emplea y le hace decir en realidad más de lo que cree expresar. A este respecto, el medio más seguro de captarlo consiste en no provocarlo, en leer la obra con un espíritu no prevenido y en no buscar sus corrientes secretas. En cuanto a Kafka en particular, está bien consentir en su juego, y acercarse al drama por la apariencia y a la novela por la forma.

EL CONDUCTOR DEL RAPIDO - Horacio Quiroga

«Desde 1905 hasta 1925 han ingresado en el Hospicio de las Mercedes 108 maquinistas atacados de alienación mental».

«Cierta mañana llegó al manicomio un hombre escuálido, de rostro macilento, que se tenía malamente en pie. Estaba cubierto de andrajos y articulaba tan mal sus palabras que era necesario descubrir lo que decía. Y, sin embargo, según afirmaba con cierto alarde su mujer al internarlo, ese maquinista había guiado su máquina hasta pocas horas antes».

«En un momento dado de aquel lapso de tiempo, un señalero y un cambista alienados trabajaban en la misma línea y al mismo tiempo que dos conductores, también alienados».

«Es hora, pues, dados los copiosos hechos apuntados, de meditar ante las actitudes fácilmente imaginables en que podría incurrir un maquinista alienado que conduce un tren».

Tal es lo que leo en una revista de criminología, psiquiatría y medicina legal, que tengo bajo mis ojos mientras me desayuno.

Perfecto. Yo soy uno de esos maquinistas. Más aun: soy conductor del rápido del Continental. Leo, pues, el anterior estudio con una atención también fácilmente imaginable.

Hombres, mujeres, niños, niñitos, presidentes y estabiloques: desconfiad de los psiquiatras como de toda policía. Ellos ejercen el contralor mental de la humanidad, y ganan con ello: ¡ojo! Yo no conozco las estadísticas de alienación en el personal de los hospicios; pero no cambio los posibles trastornos que mi locomotora con un loco a horcajadas pudiera discurrir por los caminos, con los de cualquier deprimido psiquiatra al frente de un manicomio.

Cumple advertir, sin embargo, que el especialista cuyos son los párrafos apuntados comprueba que 108 maquinistas y 186 fogoneros alienados en el lapso de veinte años, establecen una proporción en verdad poco alarmante: algo más de cinco conductores locos por año. Y digo ex profeso conductores refiriéndome a los dos oficios, pues nadie ignora que un fogonero posee capacidad técnica suficiente como para manejar su máquina, en caso de cualquier accidente fortuito.

Visto esto, no deseo sino que este tanto por ciento de locos al frente del destino de una parte de la humanidad, sea tan débil en nuestra profesión como en la de ellos.

SALVADOR DALÍ y el mito de Narciso

De todas las versiones del mito de Narciso, la más conocida es la de las Metamorfosis de Ovidio, según la que Narciso es hijo de la ninfa Liríope y del río Cefiso. Al nacer, el adivino Tiresias predice a su madre que éste tendrá una larga vida “si no llega a conocerse”.
De joven es objeto de deseo de numerosos jóvenes de ambos sexos por su belleza, pero él los rechaza a todos. Entre sus pretendientes, la ninfa Eco se enamora perdidamente pero él no le hace caso y, desesperada, se retira a un lugar solitario donde de ella sólo queda su voz.
Némesis, recogiendo la súplica de una de sus víctimas, logra que Narciso, en un día caluroso, paseando por un lugar donde hay una fuente, se incline a beber y se enamore de la imagen que ve allí reflejada, la suya. Y, como no la puede conseguir, se deja morir, inclinado sobre su propia imagen. En el lugar de su muerte nace una flor que lleva su nombre, narciso.
“Había una fuente extremamente clara, plateada, de ondas transparentes, que ni los pastores, ni las cabras que pacen en la montaña ni ningún otro animal habían tocado jamás; que ningún pájaro había enturbiado, ni rama caída del árbol.”
Ésta es la descripción que hace Ovidio de este lugar idílico y solitario: un paraje casi virgen y de difícil acceso que nos remite inmediatamente a la naturaleza geológica del Cabo de Creus. En la foto que presentamos, que se encuentra actualmente en el Centro de Estudios Dalinianos y que muy probablemente hizo la misma Gala -conservamos el negativo de la época- podemos ver al pintor reclinado ante un charco de la Punta dels Tres Frares en Cala Galladera, entre Cabo de Creus y Port de la Selva, un lugar donde únicamente se puede llegar por mar y uno de los pocos sitios preservados de nuestra costa.
Si nos fijamos en el paisaje del óleo La metamorfosis de Narciso de Salvador Dalí, podemos reconocer esta textura típica de las rocas de Cabo de Creus, tan presente en la obra daliniana.
Dalí publica un poema con el mismo título que el cuadro, en París en el año 1937, en Éditions Surréalistes, donde manifiesta que debe leerse junto con la observación del cuadro, se trata de una especie de recurso pedagógico del pintor.
Según Dalí, son el primer poema y el primer cuadro obtenidos totalmente mediante la aplicación integral de su método paranoico-crítico. Este recurso es especialmente significativo, si analizamos el tema de Narciso, teniendo en cuenta que éste mito ha sido origen de una amplia iconografía tanto en pintura y escultura como en textos literarios. Por citar sólo algunos: el Narciso de Caravaggio, el Narciso en la fuente de Tintoretto, Narciso con Eco de una pintura pompeyana o, entre los textos, las Metamorfosis de Ovidio, hasta André Gide – el pintor contaba con el libro Le Traité du Narcisse entre los libros de su biblioteca- o Paul Valéry.
En el texto, Dalí recomienda que el cuadro se contemple en un estado de “fijación distraída” gracias al que la figura de Narciso desaparecerá gradualmente. El personaje aparece a la izquierda del cuadro, sus contornos imprecisos se reflejan en el agua, con la cabeza sobre su rodilla, doblándose probablemente para morir; a un lado, la doble imagen con la transformación de narciso en una mano que contiene un huevo del cual surgirá la flor homónima. Entre las dos imágenes mencionadas, se puede observar un grupo de personas, a las que el pintor llama en su texto los “heterosexuales” y que según él lo forman un hindú, un catalán, un alemán, un ruso, un americano, una mujer sueca y otra inglesa; serían los pretendientes de ambos sexos que se acercan a Narciso y que él rechaza sistemáticamente.
Cuando el poema llega a su fin, a la muerte de Narciso según la versión de Ovidio y a la transformación en flor, en la versión de Dalí, aparece el amor, Gala, que le salva de este funesto destino. Es en la estrofa final del poema donde tiene lugar la metamorfosis a que se refiere el título de la obra:


“Cuando esa cabeza se raje
cuando esa cabeza estalle
será la flor,
el nuevo Narciso,
Gala,
mi narciso.”

En el cuadro, el artista pone de manifiesto el drama humano del amor, la muerte y la transformación conocido como “narcisismo” en psicoanálisis. Sigmund Freud, en su Introducción al psicoanálisis, define este término como “el desplazamiento de la libido del individuo hacia el propio cuerpo, hacia el “yo” del sujeto.”
En julio de 1938, Dalí viaja a Londres para conversar con Freud y, durante la visita, le muestra este cuadro. Freud comenta: “Hasta hoy, me había inclinado a pensar que los surrealistas -que parece que me eligieron como su santo patrón- estaban totalmente locos. Pero este joven español, de ojos fanáticos y un dominio técnico indiscutible, me ha sugerido una opinión distinta. De hecho, sería muy interesante explorar analíticamente el crecimiento de una obra como ésta…”
Salvador Dalí, en este óleo, ha unido la tradición clásica de la mitología griega con las últimas investigaciones de la ciencia, en este caso, el psicoanálisis, recurriendo a un mito cargado de significados, el de Narciso, para un artista que constantemente trabaja para construir su imagen.

2005, 25 de diciembre, El Punt

El ruido de un trueno - Ray Bradbury

El anuncio en la pared parecía temblar bajo una móvil película de agua caliente. Eckels sintió que parpadeaba, y el anuncio ardió en la momentánea oscuridad:

SAFARI EN EL TIEMPO S.A. SAFARIS A CUALQUIER AÑO DEL PASADO. USTED ELIGE EL ANIMAL NOSOTROS LO LLEVAMOS ALLÍ, USTED LO MATA.

Una flema tibia se le formó en la garganta a Eckels. Tragó saliva empujando hacia abajo la flema. Los músculos alrededor de la boca formaron una sonrisa, mientras alzaba lentamente la mano, y la mano se movió con un cheque de diez mil dólares ante el hombre del escritorio.

-¿Este safari garantiza que yo regrese vivo?

-No garantizamos nada -dijo el oficial-, excepto los dinosaurios. -Se volvió-. Este es el señor Travis, su guía safari en el pasado. Él le dirá a qué debe disparar y en qué momento. Si usted desobedece sus instrucciones, hay una multa de otros diez mil dólares, además de una posible acción del gobierno, a la vuelta.

Eckels miró en el otro extremo de la vasta oficina la confusa maraña zumbante de cables y cajas de acero, y el aura ya anaranjada, ya plateada, ya azul. Era como el sonido de una gigantesca hoguera donde ardía el tiempo, todos los años y todos los calendarios de pergamino, todas las horas apiladas en llamas. El roce de una mano, y este fuego se volvería maravillosamente, y en un instante, sobre sí mismo. Eckels recordó las palabras de los anuncios en la carta. De las brasas y cenizas, del polvo y los carbones, como doradas salamandras, saltarán los viejos años, los verdes años; rosas endulzarán el aire, las canas se volverán negro ébano, las arrugas desaparecerán. Todo regresará volando a la semilla, huirá de la muerte, retornará a sus principios; los soles se elevarán en los cielos occidentales y se pondrán en orientes gloriosos, las lunas se devorarán al revés a sí mismas, todas las cosas se meterán unas en otras como cajas chinas, los conejos entrarán en los sombreros, todo volverá a la fresca muerte, la muerte en la semilla, la muerte verde, al tiempo anterior al comienzo. Bastará el roce de una mano, el más leve roce de una mano.

-¡Infierno y condenación! -murmuró Eckels con la luz de la máquina en el rostro delgado-. Una verdadera máquina del tiempo. -Sacudió la cabeza-. Lo hace pensar a uno. Si la elección hubiera ido mal ayer, yo quizá estaría aquí huyendo de los resultados. Gracias a Dios ganó Keith. Será un buen presidente.

-Sí -dijo el hombre detrás del escritorio-. Tenemos suerte. Si Deutscher hubiese ganado, tendríamos la peor de las dictaduras. Es el antitodo, militarista, anticristo, antihumano, antintelectual. La gente nos llamó, ya sabe usted, bromeando, pero no enteramente. Decían que si Deutscher era presidente, querían ir a vivir a 1492. Por supuesto, no nos ocupamos de organizar evasiones, sino safaris. De todos modos, el presidente es Keith. Ahora su única preocupación es...

Stanley Kubrick, la cámara meticulosa

No es común, en las personalidades ligadas al ámbito cinematográfico, hallar la discreción y el enclaustramiento que caracterizaron a Stanley Kubrick. El director de obras clave del cine mundial como La naranja mecánica y 2001: una odisea del espacio murió repentinamente en su casa en Hertfordshire, en circunstancias poco claras, el 7 de marzo. Contaba 70 años de edad. El portavoz familiar simplemente informó: "Stanley Kubrick ha muerto esta mañana. No habrá más comentarios al respecto". Sólo su esposa, Christiane Herlan, y sus tres hijas, Katherine, Anya y Vivian, además de un séquito de apenas unas cien personas, pudieron asistir al funeral.

Crítico acérrimo del estilo de vida hollywoodense, enemigo de las marquesinas y un apasionado de la meticulosidad en su trabajo, decía en uno de sus primeros filmes que "la individualidad es como un monstruo que debe ser estrangulado en la cuna para que los que te rodean se sientan cómodos". Kubrick se marchó a Inglaterra en 1961. Estableció su residencia en Harpenden, Hertfordshire, y allí se convirtió en un ilustre ermitaño que se negó el resto de su vida a conceder entrevistas y asistir a los múltiples reconocimientos que obtenía por sus obras.

El ser y la nada - Jean Paul Sartre

El ser humano y la libertad

1.

El estudio de la voluntad ha de permitirnos, al contrario, adelantarnos más en la comprensión de la libertad. Por eso lo que ante todo reclama nuestra atención es que, si la voluntad ha de ser autónoma, es imposible considerarla como un hecho psíquico dado, es decir, en-si. No podría pertenecer a la categoría de los "estados de conciencia" definidos por el psicólogo. En éste como en todos los demás casos comprobamos que el estado de conciencia es un mero ídolo de la psicología positiva. La voluntad es necesariamente negatividad y potencia de nihilización, si ha de ser libertad. Pero entonces no vemos ya por qué reservarle la autonomía. Mal se conciben, en efecto, esos agujeros de nihilización que serían las voliciones y surgirían en la trama, por lo demás densa y plena, de las pasiones y del "pathos" en general. Si la voluntad es nihilización, es preciso que el conjunto de lo psíquico lo sea también. Por otra parte, - y volveremos pronto sobre ello -, ¿de dónde se saca que el "hecho" de pasión o el puro y simple deseo no sean niihilízadores? ¿La pasión no es, ante todo, proyecto y empresa, no pone, justamente, un estado de cosas como intolerable, y no está obligada por eso mismo a tomar distancia con respecto a ese estado y a nihilizarlo aislándolo y considerándolo a la luz de un fin, es decir, de un no-ser? ¿Y la pasión no tiene sus fines propios, que son reconocidos precisamente en el momento mismo en que ella los pone como no-existentes? Y, si la nihilización es precisamente el ser de la libertad, ¿cómo negar la autonomía a las pasiones para otorgársela a la voluntad?

2.

Pero hay más: lejos de ser la voluntad la manifestación única o, por lo menos, privilegiada de la libertad, supone, al contrario, como todo acaecimiento del para-sí, el fundamento de una libertad originaria para poder constituirse como voluntad. La voluntad, en efecto, se pone como decisión reflexiva con relación a ciertos fines. Pero estos fines no son creados por ella. La voluntad es más bien una manera de ser con respecto a ella: decreta que la prosecución de esos fines será reflexiva y deliberada. La pasión puede poner los mismos fines. Puede, por ejemplo, ante una amenaza, huir a todo correr, por miedo de morir. Este hecho pasional no deja de poner implícitamente como fin supremo el valor de la vida. Otro comprenderá, al contrarío, que es preciso permanecer en el sitio, aun cuando la resistencia parezca al comienzo más peligrosa que la huida: "se hará fuerte". Pero su objetivo, aunque mejor comprendido y explícitamente puesto, es el mismo que en el caso de la reacción emocional: simplemente, los medios para alcanzarlo están más claramente concebidos; unos de ellos se rechazan como dudosos o ineficaces, los otros son organizados con más solidez. La diferencia recae aquí sobre la elección de los medios y sobre el grado de reflexión y explicación, no sobre el fin. Empero, al fugitivo se le dice "pasional", y reservamos el calificativo de "voluntario" para el hombre que resiste. Se trata, pues, de una diferencia de acritud subjetiva con relación a un fin trascendente. Pero, si no queremos caer en el error que denunciábamos antes, considerando esos fines trascendentes como prehumanos y como un límite a priori de nuestra trascendencia, nos vemos obligados a reconocer que son la proyección temporalizadora de nuestra libertad. La realidad humana no puede recibir sus fines, como hemos visto, ni de afuera ni de una pretendida "naturaleza" interior. Ella los elige, y, por esta elección misma, les confiere una existencia trascendente como límite externo de sus proyectos. Desde este punto de vista - y si se comprende claramente que la existencia del Dasein precede y condiciona su esencia-, la realidad humana, en y por su propio surgimiento, decide definir su ser propio por sus fines. Así, pues, la posición de mis fines últimos caracteriza a mi ser y se identifica con el originario brotar de la libertad que es mía. Y ese brotar es una existencia: nada tiene de esencia o de propiedad de un ser que fuera engendrado conjuntamente con una idea. Así, la libertad, siendo asimilable a mi existencia, es fundamento de los fines que intentaré alcanzar, sea por la voluntad, sea por esfuerzos pasionales. No podría, pues, limitarse a las actos voluntarios. Al contrario, las voliciones son, como las pasiones, ciertas actitudes subjetivas por las cuales intentamos alcanzar los fines puestos por la libertad original. Por libertad original, claro está, no ha de entenderse una libertad anterior al acto voluntario o apasionado, sino un fundamento rigurosamente contemporáneo de la voluntad o de la pasión, que éstas, cada una a su manera, manifiestan. Tampoco habrá de oponerse la libertad, a la voluntad o a la pasión como el "yo profundo" de Bergson al yo superficial: el para-sí es íntegramente ipseidad y no podría haber "yo-profundo", a menos de entender por ello ciertas estructuras trascendentes de la psique. La libertad no es sino la existencia de nuestra voluntad o de nuestras pasiones, en cuanto esta existencia es nihilización de la facticidad, es decir, la existencia de un ser que es su ser en el modo de tener de serlo. Volveremos sobre ello. Retengamos, en todo caso, que la voluntad se determina en el marco de los móviles y fines ya puestos por el para-si en un proyecto trascendente de sí mismo hacia sus posibles. Si no, ¿cómo podría comprenderse la deliberación, que es apreciación de los medios con relación a fines ya existentes?

Jean Paul Sartre - El ser y la nada, 1943, cuarta parte. Cap. I, l.

(fragmento)

Voy a dormir

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes...
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides... Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido...

Alfonsina Storni

La Rebelión de los Angeles. Anatole France

El ángel emprendió su camino por las calles invadidas de una bruma rojiza, salpicada de luces amarillas y blancas, y en las que los caballos resoplaban su aliento humeante y los faros de los autos pasaban a gran velocidad.
[…] Buscó en un pequeño restaurante pero como no encontraba el rostro que andaba buscando, pues en la sala no había ningún ángel, tomó asiento en un pequeño velador de mármol que quedaba libre.
Cuando les aguijonea el hambre, los ángeles necesitan comer igual que los animales terrestres, y los alimentos que ingieren, transformados por el calor digestivo, se asimilan a su sustancia celestial. […]
Cuando estaba terminando su frugal cena, un joven con aspecto de pordiosero y ropas raídas entró en el restaurante y, tras buscar con la mirada entre las mesas, se aproximó al ángel y le saludó llamándolo Abdiel, pues él también era un espíritu celeste.
[…]
Su caída, producida hacía dos años, había sido repentina. Pertenecía al octavo coro de la tercera jerarquía, y tenía como misión transmitir la gracia a los fieles, que todavía perduran en buen número en Francia, especialmente entre los oficiales superiores del ejército de tierra y de la armada.
-Una noche de verano –contó-, cuando descendía del cielo para repartir consuelos, perseverancias e indulgencias  a varias personas piadosas del barrio de l’Etoile, mis ojos, aunque estaban acostumbrados a los resplandores inmortales, se deslumbraron ante las flores de fuego que sembraban los Campos Elíseos. Grandes candelabros que señalaban bajo los árboles la entrada a los cafés y restaurantes, conferían a las hojas los preciosos destellos de las esmeraldas. Largas guirnaldas de perlas luminosas delimitaban los recintos a cielo abierto, en los que se apretaba una multitud de hombres y mujeres ante una orquesta festiva y cuyas canciones llegaban confusamente a mis oídos. La noche era calurosa; mis alas empezaban a acusar descanso. Descendí hasta uno de esos conciertos y me mezclé, invisible, entre el auditorio. En ese momento apareció una mujer en el escenario, vestida con un traje corto de lentejuelas. Los reflejos de las candilejas y la pintura de su rostro impedían ver de ella otra cosa que su mirada y su sonrisa. Su cuerpo era flexible y voluptuoso. Cantó y bailó… Arcadio, siempre disfruté con la música y la danza; pero la voz corrosiva y los movimientos insinuantes de aquella criatura me provocaron una turbación desconocida. Palidecí, enrojecí, mis ojos se nublaron, la lengua se me secó en la boca; me quedé paralizado.
Y Teófilo le contó entre lamentos que había caído poseído por el deseo de aquella mujer y que no había regresado al cielo; pero, como había adoptado la forma humana se adaptó a la vida terrestre, pues está escrito: «En aquel tiempo, los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran hermosas».
Era un ángel caído, y a pesar de haber perdido su inocencia al tiempo que la contemplación de Dios, conservaba al menos el candor espiritual. Se vistió con unos harapos que sustrajo del escaparate de un revendedor israelí y fue al encuentro de aquella a quien amaba. Se llamaba Bouchotte y vivía en un pisito, en Montmartre. Se arrojó a sus pies y le dijo que era adorable, que cantaba de forma deliciosa, que la amaba con locura, que por ella renunciaba a su familia y a su patria, que era músico y no carecía de medios de subsistencia. Conmovida por tanta pasión y candor, por tanta miseria y amor, Bouchotte le dio de comer, le vistió y le amó.

Fragmento de La Rebelión de los Angeles
Anatole France
(1844 – 1924)
Poeta, periodista y novelista francés. Premio Novel de Literatura.

La Tentación de Existir - Émile Cioran

Por cobardía sustituimos la sensación de nuestra nada por la sensación de la nada. Y es que la nada general apenas nos inquieta: vemos en ella demasiado a menudo una promesa, una ausencia fragmentaria, un callejón sin salida que se abre. Durante largo tiempo me obstiné en hallar a alguien que lo supiera todo sobre sí mismo y sobre los otros, un sabio-demonio, divinamente clarividente. Cada vez que creía haberlo encontrado, debía, tras un examen, cambiar de opinión: el nuevo elegido tenía todavía alguna mancha, algún punto negro, no sé qué recoveco de inconsciencia o de debilidad que le rebajaba al nivel de los humanos. Percibía yo en él huellas de deseo o de esperanza, o algún residuo de pesar. Su cinismo era manifiestamente incompleto. ¡Qué decepción! Y proseguía siempre mi búsqueda y siempre mis ídolos del momento pecaban en algún aspecto: el hombre estaba presente en ellos, oculto, maquillado o escamoteado. Acabé por comprender el despotismo de la especie, y por no soñar más que con un no-hombre, con un monstruo que estuviese totalmente convencido de su nada. Era una locura concebirlo: no podía existir, ya que la lucidez absoluta es incompatible con la realidad de los órganos.

Steve Jobs, la mente que revolucionó los hábitos de la humanidad

Redacción Internacional, 6 oct (EFE).- Steve Paul Jobs, cofundador y presidente de Apple Computer, uno de los mayores innovadores en la industria informática, ha fallecido hoy después de transformar los hábitos de consumo de varias generaciones con productos como el iPod, el iPhone o el iPad.
Jobs revolucionó el mundo de los ordenadores con el lanzamiento del Macintosh y en el siglo XXI la industria de consumo con tres de los aparatos electrónicos más exitosos de la historia: el iPod, el iPhone y el iPad.
Nacido el 24 de febrero de 1955 en Los Altos (California, EEUU), fue adoptado a los pocos meses de vida por Paul y Clara Jobs. Tras terminar el bachillerato en el instituto Homestead de Mountain View, ingresó en el Reed College en Portland, Oregón, pero abandonó los estudios universitarios un semestre más tarde. En esa época, se interesó por la filosofía y la contracultura, llegando a viajar a la India en busca de iluminación espiritual.
Después de unas prácticas en 1974 en la empresa Hewlett-Packard en Palo Alto, fue contratado por Atari Inc. como diseñador de videojuegos. En compañía del ingeniero Steve Wozniak, un viejo amigo del instituto con quien compartía su pasión por la electrónica y la mística religiosa, y de Ronald Gerald Wayne, se volcó desde 1974 en el desarrollo de una computadora dirigida a usuarios sin grandes conocimientos informáticos. La capacidad visionaria de Jobs y la preparación técnica de Wozniak dieron sus frutos en 1976 con la creación en un garaje del Apple I, que consistía en un teclado combinado a un microprocesador y con conexión a un monitor. Ese año fundaron Apple Computer. El Apple II, sucesor del I, se convirtió en el primer ordenador de consumo masivo, los pedidos llovieron y Apple pasó a ser la empresa de mayor crecimiento en EEUU, facturando en 1983 2.000 millones de dólares. Tras el Apple II, Jobs y Wozniak revolucionaron el mundo de la industria informática con el lanzamiento en 1984 del "Macintosh", considerado el primer ordenador que responde al concepto de PC (ordenador personal). El nombramiento en 1983 del ex presidente de Pepsi-Cola, John Sculley, como máximo ejecutivo de la empresa, trajo las primeras desavenencias entre Jobs y la compañía de la manzana. Además los roces con su antiguo compañero y amigo, Steve Wozniak, tuvieron como resultado la salida en 1985 de Apple de este último, el mismo año en que Jobs presentó su dimisión.
Tras abandonar Apple, creó en 1986 los Estudios de Animación Pixar, fundados sobre la división de animación de "Lucas Film" comprados a George Lucas por 50 millones de dólares. En 1989 la nueva empresa consiguió el Óscar a la mejor película de animación con el cortometraje "Tin Toy" y en 1996 el segundo con "Toy Story", el primer largometraje realizado íntegramente por ordenador. En 2005 vendió Pixar a Disney por 7.400 millones de dólares, lo que le convirtió en el mayor accionista de Disney. Su otra aventura empresarial, NeXTComputer, fue menos exitosa y cerró su división de máquinas en 1993, tras lanzar su primer ordenador en 1989. Steve Jobs volvió a Apple en diciembre de 1996 con el cargo de asesor interino y mas tarde como presidente con el sueldo de 1 dólar, lo que le hizo pasar al libro Guiness de los Records como el ejecutivo peor pagado.
En agosto de 1997 anunció un acuerdo con su hasta entonces rival Microsoft, que invirtió 150 millones de dólares en Apple. El lanzamiento en 1998 del iMac, un PC de diseño vanguardista y ordenador multimedia completo, levantó a la compañía, un éxito de ventas que revalorizó un 50% las acciones de Apple. El Imac tuvo en el Ibook su continuación en el mercado de los ordenadores portátiles.
La consolidación de Apple como marca de referencia de la electrónica de consumo empezó en 2001 con el lanzamiento del Ipod, un reproductor de música y contenidos multimedia del que se han vendido más de 220 millones de unidades hasta 2009. Su siguiente paso para convertir los productos de la compañía de la manzana en iconos del consumo más sofisticado y fetichista fue el Iphone, un teléfono inteligente de pantalla táctil con conexión a internet, que se lanzó en 2007 y del que se vendieron 50 millones de unidades hasta abril de 2010. Del Ipad, un ordenador tipo tableta con conexión inalámbrica a internet, se vendieron más tres millones de unidades en todo el mundo en los primeros tres meses en el mercado.
Steve Jobs, que ya había sufrido un cáncer de páncreas, anunció el 14 de enero de 2009 su retirada temporal, al empeorar su salud. Tras recibir un trasplante de hígado y experimentar una mejoría retomó su trabajo el 29 de junio de 2009, aunque el 17 de enero de 2011 anunció de nuevo su baja temporal.
Abandonó el cargo de consejero delegado de la compañía el 25 de agosto de 2011, aunque se reservó la presidencia de la junta directiva.
La respuesta de los mercados ante las bajas médicas y su abandono de las responsabilidades en la misma han dejado claro lo íntimamente ligado que está el nombre de Steve Jobs al futuro de Apple. EFE