La palabra rigurosa, la obra de Clarice Lispector

La palabra rigurosa... La obra de Clarice Lispector es una constante reflexión sobre el lenguaje y sobre todo, sobre los límites de la palabra. Volveremos repetidas veces sobre este tema pero vayamos ahora al concepto de rigor. La palabra de Clarice Lispector es rigurosa porque debe traducir con un medio limitado algo que es mucho más grande que el lenguaje. Debe traducir el misterio y lo que carece de nombre, debe expresar con términos racionales lo que la mirada percibió más allá, debe ser capaz de fijar el instante y el acto ínfimo que está en el origen de todo. Tenemos ya aquí algunos de los motivos recurrentes de su obra: la mirada, a la vez visionaria e implacable, la consagración del instante y la importancia de lo aparentemente banal. La propia Clarice expresó claramente este límite de la palabra y lo que tras él se encuentra: "La palabra tiene su terrible limite. Más allá de ese límite está el caos orgánico. Después del final de la palabra empieza el gran alarido eterno." 1 Ese gran alarido eterno es el que asoma entre sus páginas capturado por un lenguaje que ella quiso ..."escuálido y estructural como el resultado de escuadras, compases y agudos ángulos de estrecho enigmático triángulo." 2

Ahora bien, aunque hablar de Clarice Lispector es hablar del lenguaje, no pretendo hacer una disección crítica de su prosa, porque ella no lo quiso nunca. Nada más lejos de Clarice que la pedantería académica. De hecho siempre desconfió de los especialistas: "No entiendo de qué hablan, pero siento ese falso vanguardismo, lleno de modismos, frío, calculador, poco humano. La mejor crítica es la que entra en contacto con la obra del autor casi telepáticamente." 3 No pretendo tampoco afirmar que yo he entrado en ese contacto telepático con su obra, pero sí quisiera poder transmitir algo de mi apasionada fascinación por Clarice Lispector.

No puedo exponer ahora de forma mínimamente completa lo que ha sido la literatura brasileña de nuestro siglo pero unas referencias necesariamente breves nos permitirán comprender mejor la originalidad de Clarice Lispector en ese conjunto.

La literatura moderna en Brasil arranca de la Semana de Arte Moderno de São Paulo que en 1922 abrió las puertas a los movimientos de vanguardia. Ahora bien, la vanguardia brasileña no es mimética de la europea, es, como ellos mismos dicen "ANTROPÓFAGA", es decir, devora ritualmente las vanguardias europeas para interiorizarlas y mezclarlas con lo más profundamente autóctono del país.

Esta tendencia a potenciar lo diferencialmente brasileño, pero no la revolución del lenguaje literario, se extendió al amplísimo abanico de la narrativa regionalista y al realismo social que surgió durante el Estado Novo. Ambas corrientes, narrativa regionalista y narrativa social se desarrollaron durante los años 30 con un claro predominio del tema sobre la forma, valorizando con las técnicas realistas los diversos registros del habla cotidiana. En esta línea pueden encuadrarse los grandes nombres de la literatura brasileña de la época: José Lins do Rego, Graciliano Ramos y Jorge Amado, entre otros. En casi todos los casos -con la notable excepción de Rachel de Queiroz- se trata de una narrativa masculina y tropical en la que el clima, la naturaleza excesiva, las relaciones sociales en las fábricas y las plantaciones, el mosaico étnico y cultural del Brasil se constituyen en motivos esenciales. Durante un largo tiempo la narrativa, por otra parte magnífica, parece convertirse en la expresión literaria del gran clásico de la antropología brasileña, Casa Grande & Senzala, de Gilberto Freyre. Los intentos de renovación narrativa y lingüística de los vanguardistas Mário de Andrade y Oswald de Andrade en los años 20 parecían no tener continuación.

En 1943 y 1946, sin embargo, se rompe esta tendencia. En 1946 aparece Sagarana, de João Guimarães Rosa, una colección de cuentos que preludia brillantemente una de las obras más importantes de la literatura del siglo XX: Gran Sertón : Veredas (1956), actualización de la narrativa regionalista a través de la invención de un nuevo lenguaje. De nuevo la forma era fundamental para hacer que el texto no sea una mera copia de la realidad sino una nueva realidad transubstanciada por la palabra. Pero ya tres años antes una jovencísima Clarice Lispector había publicado Cerca del corazón salvaje, una novela insólita desde su título, tomado del Retrato de un artista adolescente de Joyce. Era un texto insólito porque era una novela psicológica, femenina y urbana, construída sobre el monólogo interior y de la que había prácticamente desaparecido la trama.

Ya desde su primera novela Clarice Lispector marcaba así lo que iba a ser el territorio de su originalidad en ese mundo masculino, rural y de naturaleza desmesurada dominada por un sol de justicia. Ella aportaría percepciones, no hechos, una mirada de mujer, una mirada urbana y una mirada contemporánea, o quizá mejor sin tiempo, puesta bajo el signo de la luna.

Una mirada de mujer, quizá también una escritura de mujer. Clarice Lispector hincó en el mundo su mirada de mujer inteligente -esta es una precisión necesaria- capaz de captar las mínimas sensaciones, los mínimos detalles y de saber que nada, por pequeño o banal que parezca, carece de importancia. El mundo de lo cotidiano, de lo sin historia, que ha sido durante siglos el mundo de la mujer, puede proporcionar innumerables sorpresas, basta con saber mirar y entender esos signos de una realidad subyacente. Las mujeres de Clarice pueden hablar en tono mayor, alcanzar el fondo de todos los pozos, pero van a la compra, componen fruteros, llaman al fontanero y dominan también todos los resortes del tono menor. Ellas son hermeneutas de una divinidad nocturna y lunar: "Pero de la luna no tenía miedo, porque era más lunar que solar y veía con los ojos bien abiertos en las madrugadas tan oscuras la luna siniestra en el cielo. Entonces se bañaba toda ella en los rayos lunares, así como había quienes tomaban baños de sol. Y quedaba profundamente límpida." 4

Olga Borelli cuenta una anécdota de Clarice Lispector con la que creo que todas las mujeres podemos identificarnos. Clarice se ocupaba de su casa habitualmente pero cuando la presión de la cotidianidad, de esos mil y un pequeños trabajos y distracciones era demasiado grande desaparecía y se encerraba tres o cuatro días en un hotel. Pero para esa fuga es preciso ser libre, es decir estar sola, como la protagonista de La pasión según G.H. : "Quién sabe quizá esa actitud o falta de actitud proceda de que yo, al no haber tenido nunca marido ni hijos, no he necesitado mantener ni romper grilletes: yo era continuamente libre. Ser continuamente libre también era ayudado por mi naturaleza que es fácil: como, bebo y duermo fácilmente. Y también, naturalmente, mi libertad venía de que era económicamente independiente." 5

¿Hay alguna relación espiritual o literaria entre Virginia Woolf y Clarice Lispector? Entre muchas otras posibles esa capacidad para hacer que un acontecimiento exterior trivial desencadene ideas y sensaciones que abandonan rápidamente lo inmediato. En la obra de Clarice Lispector la conciencia desdichada aflora en sus personajes a partir de un incidente anodino. A partir de entonces el que ha sido iluminado vivirá su drama existencial. El instante actúa como desencadenante del descubrimiento del absurdo. Es el punto de partida, como veremos, de La Pasión según G.H. y también de muchas otras obras, como el cuento "Desesperación y desenlace a las tres de la tarde" en que el señor J.B. -llamo la atención entre paréntesis para el uso de las iniciales como despersonalización en toda la narrativa de Clarice Lispector- un frío y correcto burgués que nada pedía y nada daba 6 vivirá la agonía de sus propias convicciones y de su propio orgullo al recorrer un vía crucis de humillaciones iniciado por un "acontecimiento" muy simple: se marea en el autobús a las tres de la tarde y acabará innoblemente, vomitando en un bar y perdiendo su carné de identidad, o quizá su misma identidad, en su propio vómito. Sólo después de esta absoluta humilación social podrá empezar a construir un nuevo yo libre.

La introspección a partir de la conciencia de la propia soledad es constante en estos textos. La conciencia humana -conciencia de infelicidad- encontrará su contrapunto en la sólida plenitud de los objetos y de los animales. Recordemos de pasada la importancia de éstos en la obra de Clarice Lispector, las gallinas y caballos de sus cuentos, los conejos y peces de sus libros infantiles, la cucaracha de La Pasión según G.H., etc.

A lo largo de toda su obra encontramos el análisis de esos momentos interiores que acaban poniendo en crisis la subjetividad. Pero la obra de Clarice Lispector, con la excepción de su primera novela, no es - o no lo es únicamente- literatura psicológica : La 'psicología' nunca me ha interesado. La mirada psicológica me impacientaba y me impacienta, es un instrumento que sólo traspasa. 7. Con el tiempo se producirá un cambio fundamental: el salto de lo psicológico a lo metafísico, del análisis del mecanismo mental -tarea de relojero- al análisis de la razón metafísica de la existencia de ese yo.

Este análisis es, como decíamos, inseparable de la reflexión sobre el lenguaje. Escribir es una forma de salvación y también una condena: "Yo escribo y así me libro de mí y puedo entonces descansar." 8 Porque escribir es peligroso, es entrar en contacto con otra realidad y ser su vehículo -recordemos los "caballos de los dioses", los posesos de las reuniones de macumba-: "Tengo miedo de escribir, es tan peligroso. Quien lo ha intentado, lo sabe. Peligro de revolver en lo oculto - y el mundo no va a la deriva, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Para escribir tengo que colocarme en el vacío." 9 Colocarse en el vacío a partir de la intuición. Escribir no es un proceso intelectual para Clarice Lispector aunque el resultado sea una prosa altamente intelectualizada.

Y siempre la lucha entre la necesidad de expresión y la tentación del silencio, tan fuerte en todas sus obras. Sabemos muy bien que la mística es inefable, pero también el lenguaje, después de un cierto límite, entra en el reino de lo sin nombre. La escritura es una vivencia religiosa, una pasión casi sacrílega como la "comunión" de G.H., porque intenta retener lo fugitivo, fijar lo inaprensible. Las palabras deben ser capaces de congelar aquel instante al que se pueda decir -como en el deseo de Fausto- "¡Detente, eres tan bello!". Para llegar a esto es prescindible un rigor extremo: "Y si tengo que usar palabras, tienen que tener un sentido casi corpóreo (...) palabras hechas de los instantes-ya (...) Quiero como poder coger con la mano la palabra."10
Es preciso, pues, crear una escritura que pueda fundir en palabras la iluminación del instante, una escritura fragmentaria, en que ninguna metáfora-cliché puede sobrevivir, porque sólo la imagen virgen, la asociación más insólita, la palabra que ha sido vaciada de todo su sentido anterior, de su servidumbre de la realidad aparente, puede alcanzar la consagración del instante. Pero no es posible inventar lo que no existe. El trabajo debe ser hecho con el lenguaje que tenemos, Clarice Lispector no crea palabras nuevas, retuerce las ya existentes hasta el límite de sus posibilidades: "Hay muchas cosas por decir que no sé cómo decir. Faltan las palabras. Pero me niego a inventar otras nuevas: las que existen deben decir lo que se consigue decir y lo que está prohibido." 11
Este debate sobre los límites de la palabra evoluciona en las últimas obras de Clarice Lispector -La hora de la estrella y Un soplo de vida -pulsaciones- hacia un debate sobre el fracaso del lenguaje. En Aprendizaje, novela de 1969 aún leemos una consideración optimista: "Nosotros los que escribimos, apresamos en la palabra humana, escrita o hablada, un gran misterio que no quiero revelar con mi raciocinio porque es frío." 12. En 1977, el año de su muerte, escribe en Un soplo de vida: "Yo quisiera escribir un libro ¿Pero dónde están las palabras? Se han agotado los significados. Como sordos y mudos nos comunicamos con las manos." 13 y en La hora de la estrella -también 1977- el pesimismo es aún mayor: "Estoy absolutamente cansado de la literatura; sólo la mudez me hace compañía. Si todavía escribo, es porque no tengo nada más que hacer en el mundo mientras espero la muerte. La búsqueda de la palabra en la oscuridad." 14
Pero ¿quién fue esta mujer que sostuvo tan dura lucha con las palabras? Clarice Lispector, hija de judíos rusos, nació en Tchetchelnik (Ucrania), en 1925, cuando sus padres ya habían decidido emigrar. Con dos meses llegó a Alagoas y jamás admitió otra patria que el Brasil. Poco tiempo después la familia se transladó a Recife y a partir de 1937 siguió estudiando en Río. En 1943, durante sus estudios de derecho, se casó con el diplomático Maury Gurgel Valente, tuvo dos hijos y se separó en 1959. Entre 1944 y 1960 vivió largas temporadas en el extranjero, Nápoles, Berna y E.E.U.U. Durante toda su vida mantuvo su contacto con la prensa iniciado en 1941 en la Agencia Nacional. Un cáncer terminó con su vida en 1977, tenía 52 años.

¿Cómo era Clarice Lispector?, "una mujer tímida y altiva, más solitaria que independiente" afirma Benedito Nunes 15. En todo caso una mujer que no vivió en ninguna torre de marfil ni perdió nunca contacto con la realidad. Olga Borelli recoge el siguiente programa de vida de Clarice: "Nací para amar a los demás, nací para escribir y para criar a mis hijos. Amar a los demás es tan vasto que incluye incluso perdón para mí misma, con lo que sobra. Amar a los demás es la única salvación individual que conozco: nadie estará perdido si da amor y a veces recibe amor a cambio" 16. Posiblemente ahí esté el núcleo, aunque una inteligencia pudorosa pudo frenar su exteriorización. Sin embargo yo iría a buscar a Clarice Lispector en la plegaria de Lori, la protagonista de Aprendizaje: "Alivia mi alma, haz que sienta que Tu mano está cogida de la mía, haz que sienta que la muerte no existe porque ya estamos en verdad en la eternidad, haz que sienta que amar no es morir, que la entrega de sí mismo no significa la muerte, haz que sienta una alegría modesta y diaria, haz que no te indague demasiado, porque la respuesta sería tan misteriosa como la pregunta (...) bendíceme para que viva con alegría el pan que como, el sueño que duermo, haz que tenga caridad hacia mí misma pues si no, no podré sentir que Dios me amó, haz que pierda el pudor de desear que en la hora de mi muerte haya una mano humana para apretar la mía (...)" 17

Pasemos ya en el último tramo de esta exposición con el comentario de algunas de sus obras. De entre la vasta producción de Clarice Lispector -crónicas periodísticas, novelas, cuentos, literatura infantil- seleccionaré tres novelas: La pasión según G.H. (1964), Aprendizaje o el libro de los placeres (1969) y La hora de la estrella (1977), las tres traducidas al castellano. Soy evidentemente consciente de que dejo por el camino los magníficos cuentos de Lazos de familia (1960) y ¿Dónde estuviste de noche? (1974), las 13 historias eróticas de Via Crucis del cuerpo (1974) o novelas como La manzana en lo oscuro, junto con tantas otras páginas importantes.
La pasión según G.H., publicada en 1964 tras un largo silencio de su autora, fue una verdadera sacudida espiritual en el contexto de la literatura brasileña. Novela abierta, sin etapas, sin más argumento que el acto ínfimo en torno al cual se opera la educación existencial del personaje, La pasión... es un entrecortado y jadeante monólogo interior.

G.H. la protagonista (una vez más reencontramos el anonimato de la inicial ¿no les recuerda la agrupación de letras en una agenda GH - IJ etc.?) es una mujer independiente, escultora amateur, que frecuenta los círculos artísticos de la ciudad y vive sola en un ático "de semilujo". Al inicio del libro encontramos seis guiones y una expresión de angustia "Estoy procurando, estoy procurando, estoy intentando entender" 18. Lo que debe ser entendido es su experiencia del día anterior: Ayer perdí durante horas y horas el montaje humano" 19. La narración en primera persona alternará con un tú, interlocutor imaginario encargado de sostener su mano durante el proceso de la narración de este descenso a los infiernos. Como hemos visto antes, dar la mano es un gesto esencial para Clarice Lispector. Es el gesto de lo humano, de la solidaridad ante el vacío (Dar la mano a alguien siempre fue lo que esperé de la alegría) 20. Cogida de una mano humana, G.H. rememora su vía iluminativa, pues se trata en el fondo de una experiencia mística.

Esta mujer social, acomodada, tiene un día la idea de ir al cuarto de la criada, que se despidió poco antes, para comprobar que todo está en orden y prepararlo para la próxima empleada. Al fondo del corredor, ya en otra realidad, G.H. descubre la existencia en su casa de un espacio que no le pertenece. Sin plantas, sin la dulce penumbra que ella cultiva, el cuarto de la criada es un desierto batido por el sol que ha resecado el colchón y las maderas. Como en toda experiencia ascético-mística se repetirán las alusiones a lo yermo, al desierto como expresión física del despojamiento. Y entonces SUCEDE: de la puerta entreabierta del armario surge una enorme cucaracha. Ante ella el horror se apodera de esta mujer civilizada que no está acostumbrada a enfrentarse a las formas más primarias y resistentes de vida. La reacción es inmediata, cierra violentamente la puerta del armario, pero no mata del todo al animal, sino que la cucaracha sigue viva pero con medio cuerpo aprisionado por la puerta. Entonces empezará la mirada. Durante horas el insecto preso y la mujer hipnotizada por él se mirarán en silencio. Otra vez la mirada y lo que tras ella se esconde como motivo de la obra de Clarice Lispector: "Santa María, madre de Dios, ofrezco mi vida a cambio de que no sea verdad aquel momento de ayer. La cucaracha con la materia blanca me miraba. No sé si me veía. No sé lo que ve una cucaracha. Pero ella y yo nos mirábamos y tampoco sé lo que una mujer ve. Pero si sus ojos no me veían su existencia me existía - en el mundo primario donde yo había entrado, los seres existen a los otros como forma de verse. Y en ese mundo que yo estaba conociendo, hay varias formas que significan ver: uno mira al otro sin verlo, uno posee al otro, uno come al otro, uno está sólo en un rincón y el otro está allí también: todo eso también significa ver. La cucaracha no me miraba con los ojos sino con el cuerpo." 21
G.H. se enfrentará a la materia prima de la vida -a lo neutro vivo- y descubrirá en ella su propia esencia más allá del disfraz humano: "Lo que yo veía era la vida mirándome. Cómo llamar de otro modo a aquello horrible y crudo, materia prima y plasma seco, que estaba allí, mientras yo retrocedía hacia dentro de mí en naúsea seca, yo cayendo siglos y siglos en el lodo -era lodo y ni siquiera lodo ya seco sino lodo aún húmedo y aún vivo, era un lodo donde se movían con lentitud insoportable las raíces de mi identidad" 22. En un paroxismo de la introspección que no tiene nada que ver con la mirada psicológica y sí con la angustia metafísica G.H. perderá el espacio y el tiempo -incluso el lenguaje- y en un crescendo lleno de referencias bíblicas y místicas se adentrará en la nada de no ser humano para ser simplemente vida cruda. Llegará así a la máxima expiación, a la comunión con esta esencia vital, cuando, al comer la cucaracha, el yo individual se funda en el todo. Según señala Alfredo Bosi de la misma forma que Ágape, el amor-caridad cristiano se eleva a la comprensión al tocar lo humilde, el objeto-naúsea, G.H., hasta entonces educada en el Eros que sólo ama lo bello, debe bajar a la sima de lo repugnante para saber que no hay un Yo opuesto al Mundo sino un Ser único al que todos pertenecen.23
En 1969 Clarice Lispector escribe otra novela muy distinta: Aprendizaje o El libro de los placeres. Esta vez se trata de una historia de amor, de un aprendizaje de la alegría de la vida a través del cual los protagonistas llegarán a hacerse dignos uno del otro. Sólo así Lori y Ulises (no puedo detenerme en ello, pero tampoco pasar por alto la onomástica simbólica: Lorelei, la sirena, Ulises el navegante, y la transgresión de los roles clásicos en esta novela) podrán alcanzar un amor que roce lo esencial, que no esté sujeto a los miedos y autodefensas: "Yo podría tenerte con mi cuerpo y con mi alma. Esperaré aunque sea años a que tú también tengas cuerpo-alma para amar (...) Mira a todos a tu alrededor y ve lo que hemos hecho de nosotros y de eso considerado como victoria nuestra de cada día. No hemos amado por encima de todas las cosas. No hemos aceptado lo que no se entiende porque no queremos pasar por tontos (...) No tenemos ninguna alegría que no haya sido catalogada (...) Hemos tratado de salvarnos, pero sin usar la palabra salvación para no avergonzarnos de ser inocentes (...) Hemos disfrazado con el pequeño miedo el gran miedo mayor y por eso nunca hablamos de lo que realmente importa (...) Hemos sonreído en público de lo que no sonreiríamos cuando nos quedásemos solos (...) Nos hemos temido el uno al otro, por encima de todo. (...) Pero yo escapé de eso, Lori, escapé con la ferocidad con que se escapa de la peste, Lori, y esperaré hasta que tú estés más preparada." 24
Tenemos esta vez -frente al yo de G.H.- un texto en tercera persona, experimental desde el abrupto comienzo : , estando tan ocupada, había vuelto de hacer la compra (...), hasta el abrupto final: "-Pienso -interrumpió el hombre- y su voz era lenta y sofocada porque estaba sufriendo de vida y de amor-, pienso lo siguiente:"
El lenguaje de Clarice alcanza ahora su máxima nitidez. Alterna elementos perfectamente prosaicos: "había hecho varias llamadas de teléfono haciendo algunos recados, incluso una dificilísima para llamar al fontanero" 25, con pequeños trucos de la tradición femenina : "Dio un salto fuera de la cama, pero femeninamente dejó como siempre sonar el teléfono algunas veces más para no demostrar avidez, en el caso de que fuera Ulises." 26, con frases como sentencias que cortan el aliento: "...un día será el mundo con su impersonalidad soberbia contra mi extrema individualidad de persona, pero seremos uno solo." 27. - "Conmigo hablará toda tu alma, aún en silencio" 28 y con momentos de extrema depuración lírica, como la descripción del baño de Lori a las cinco de la mañana, en la playa, en busca de sí misma y del valor: "Avanzando, abre las aguas del mundo por la mitad. Ya no necesita coraje, ahora ya es vieja en el ritual recuperado que había abandonado hacía milenios. Baja la cabeza dentro del brillo del mar, y retira una cabellera que sale toda goteando sobre los ojos salados que arden, juega con la mano en el agua, pausada, los cabellos al sol se están casi inmediatamente endureciendo con la sal (...) Se zambulle nuevamente, nuevamente bebe más agua, ahora sin avidez pues ya conoce y ya tiene un ritmo de vida en el mar. Es la amante que no teme pues sabe que lo tendrá todo nuevamente." 29
Y dominando todo el texto, el tema capital de Clarice Lispector, el silencio, misterio puro que el hombre habita lleno de miedo intentando llenarlo con ruídos para no tener que oír el propio yo. Pero hay quien ama ese silencio como una religión: "Hay una masonería del silencio que consiste en no hablar de él y adorarlo sin palabras." 30 Hay unas páginas prodigiosas sobre el silencio en Aprendizaje. Después Clarice las convirtió en un breve cuento llamado "Silencio": "(...) Se puede pensar rápidamente en el día que pasó. O en los amigos que pasaron y para siempre se perdieron. pero es inútil huir: el silencio está ahí. Aún el sufrimiento peor, el de la amistad perdida, es sólo fuga. Pues si al principio el silencio parece aguardar una respuesta -cómo ardemos por ser llamados a responder-, pronto se descubre que de ti nada exige, quizás tan sólo tu silencio. Cuántas horas se pierden en la oscuridad suponiendo que el silencio te juzga, como esperamos en vano ser juzgados por Dios. Surgen las justificaciones, trágicas justificaciones forzadas, humildes disculpas hasta la indignidad. Tan suave es para el ser humano mostrar al fin su indignidad y ser perdonado con la justificación de que es un ser humano humillado de nacimiento. Hasta que se descubre que él ni siquiera quiere su indignidad. Él es el silencio. (...)" 31
Y ya para terminar La hora de la estrella, publicada en 1977, pocos meses antes de la muerte de Clarice Lispector. Esta última novela es un libro muy sorprendente. Para empezar es una narración con inicio y fin, para continuar es pura literatura de cordel, un verdadero folletín, y para terminar no es una sino tres historias. Veamos, primera historia, la de la nordestina que es su protagonista. Segunda historia, la del dolor de muelas y progresiva implicación en la historia de Rodrigo S. M., el narrador, máscara masculina de Clarice, justificado así por la autora:"Otro escritor sí, pero tendría que ser hombre, porque una mujer escritora puede lagrimear tonterías" 32. Tercera historia, la del propio proceso narrativo. Pero por encima de todo la presencia de Clarice, de Clarice ya enferma -la muerte sobrevuela sin aspavientos todo el libro- la autora indiscutible del texto y sobre todo de la dedicatoria, una pequeña obra maestra en sí misma que me recuerda los poemas de Los Conjurados cuando también Borges sabía que se acercaba su muerte.
Nos encontramos con la historia de una vida insignificante, la de Macabea, una campesina nordestina reciclada en oficinista en Río. En la vida mísera de Macabea sólo un gran suceso: una adivina le vaticina que al salir de la consulta su vida cambiará por completo, conocerá a un extranjero rubio y rico (todos los extranjeros son rubios y ricos en el imaginario popular del Brasil) llamado Hans para mayor precisión, que se casará con ella y la tratará como a una reina. ¡Eso es un destino feliz y no el de la chica que salió antes, que iba a ser atropellada por un coche! "ahora ve a encontrarte con tu maravilloso destino" 33 le dice la adivina. Cuando sale es atropellada por un impresionante Mercedes amarillo que ni siquiera se detiene y Macabea muere después de pronunciar una última frase que nadie comprende: "En cuanto al futuro" 34
Un tremendo folletín, pues, que sería la base ideal para una novela llena de lágrimas sobre las injusticias del destino. Pero lo fascinante es que Clarice Lispector construye sobre esta base un libro riguroso y frío en que los sentimientos -de tan congelados- provocan quemaduras: "Ya he avisado que era literatura de cordel aunque me niegue a mostrar la menor piedad" 35, nos advierte.
Efectivamente no hay la forma común de piedad, hay mucho más. Encontramos de nuevo uno de los motivos nucleares de la obra de Clarice Lispector: el absurdo existencial que sólo es rescatado por los pequeños placeres que todos los seres, incluso esta Macabea -tan vegetal, tan raíz- intentan procurarse para pactar con el vacío.
Veamos un poco la historia de Macabea hasta que su destino se cruzó con el Mercedes. Esta historia hubiera podido tener otros doce títulos, que serían a su vez doce formas de leer el texto: "La culpa es mía .- Que ella se apañe .- El derecho al grito .- En cuanto al futuro .- Lamento de un blue .- Ella no sabe gritar.- Una sensación de pérdida .- Silbido en el viento oscuro .- Yo no puedo hacer nada .- Registro de los hechos precedentes .- Historia lacrimógena de cordel .- Salida discreta por la puerta del fondo."
Personalmente elijo Ella no sabe gritar. Porque Macabea no sabe siquiera que puede gritar, no sabe que tiene derechos, no sabe que la Convención decretó en 1792 que el ciudadano tiene derecho a la felicidad. Como Macabea no sabe gritar, gritará por ella el narrador : "Es mi deber, aunque sea de arte menor, revelar su vida. porque tiene derecho al grito. Entonces yo grito." 36. Pero no nos engañemos, Macabea no tiene cualidades de heroína, es vulgar, fea, inculta, incompetente para la vida: La persona de quien voy a hablar es tan tonta que a veces sonríe a los demás en la calle. Nadie responde a su sonrisa porque ni la miran." 37

Macabea es, efectivamente, incompetente para la vida social porque la vida de Macabea es la vida de lo neutro vivo. Macabea es insignificante, especialmente anónima. Repetidamente Clarice-Rodrigo insiste en la invisibilidad de Macabea. En una ocasión con una metáfora fascinante: "Nadie la miraba en la calle, ella era café frío" 38 Para un brasileño esta es la imagen de lo que nadie quiere. Lo prosaico es en Clarice Lispector un arma poderosa.

Un día Macabea conoce a un hombre, nordestino como ella, y él pasa a ocupar en la jerarquía de sus placeres el lugar anteriormente otorgado al dulce de guayaba con queso. La primera conversación marcará el tono de su amor :

"-Disculpe, señorita ¿puedo invitarla a pasear?

-Sí -respondió atolondrada, deprisa, antes de que él cambiara de idea.

-Si me permite, ¿cuál es su nombre?

-Macabea

-Maca ¿qué?

-Bea -se vio obligada a completar

-Disculpe pero parece el nombre de una enfermedad , de una enfermedad -de la piel.

(...)

Los dos ignoraban cómo se pasea. Caminaron bajo la lluvia densa y se detuvieron delante del escaparate de una ferretería donde había expuestos caños, latas, tornillos grandes y clavos.

Macabea , temerosa de que el silencio ya significase una ruptura, dijo al recién-enamorado:

-A mí me gustan mucho los tornillos y los clavos, ¿y a usted?" 39

La relación continúa durante un tiempo al son de conversaciones como la siguiente :


Él: -Pues sí.

Ella: -¿Pues sí, qué?

Él: -¡Yo dije pues sí!

Ella: -¿Pero "pues sí" qué?

Él: -Mejor cambiemos de conversación, porque tú no me entiendes.

Ella: -¿Entender qué?

Él -¡Virgen santa! ¡Macabea, vamos a cambiar de tema ahora mismo!

Ella: -¿Y de qué hablamos?

Él : -De ti, por ejemplo.

Ella: -¡¿De mí?!

Él: -¿Por qué tanto susto? ¿Tú no eres gente? La gente habla de la gente.

Ella: Disculpa, pero no me parece que yo sea muy gente.

Él: -¡Pero si todo el mundo es gente, Dios mío!

Ella: -Yo no me he habituado.

Él: - ¿No te has habituado a qué?

Ella: -Ah, no sé explicarme.

Él: - ¿Entonces?

Ella: -¿Entonces qué?

Él : -Oye, yo me largo, porque tú eres imposible.

Ella: -Es que sólo sé ser imposible, no sé otra cosa. ¿Qué puedo hacer para lograr ser posible?

Él: - ¡Deja de hablar, que sólo dices estupideces! Di lo que quieras.

(...) 40

El diálogo llega al surrealismo por la mezcla de la exagerada vulgaridad y de la trascendencia involuntaria. Macabea es incómoda porque pregunta como un niño, pregunta aquello que no se debe preguntar porque carece de respuesta, pregunta el sentido de las expresiones hechas, de las fórmulas banales que los adultos hemos convenido para disfrazar la soledad. Macabea no tiene piedad para con el pobre edificio del yo metalúrgico de Olímpico, por eso él la dejará por Gloria, su compañera de oficina, tras consolarla con una frase sublime: "Ante la cara un poco demasiado inexpresiva de Macabea, él hasta procuró decirle alguna gentileza que suavizara la hora del adiós para siempre. al despedirse le dijo:

-Tú, Macabea, eres un pelo en la sopa. no te dan ganas de comer. Discúlpame si te he ofendido, pero soy sincero ¿Estás ofendida? " 41
Sólo Rodrigo S.M, su cronista, ama a Macabea, muy a pesar suyo:
"Sí, estoy enamorado de Macabea, mi querida Maca, enamorado de su fealdad y de su anonimato total, pues ella no existe para nadie (...) Yo quisiera que ella abriese la boca para decir:

- Estoy sola en el mundo y no creo en nadie, todos mienten, a veces hasta en la hora del amor, yo no veo que una persona hable con otra, la verdad sólo me llega cuando estoy sola." 42
¿Le llegó la verdad a Macabea cuando fue a la adivina tan contenta porque "por primera vez iba a tener un destino"? 43 ¿Estaría la verdad en ese En cuanto al futuroque nadie entendió? Rodrigo S.M. tiene su opinión: "¿Cuál fue la verdad de mi Maca? Basta descubrir la verdad para que ya no exista: pasó el momento. Pregunto ¿qué existe? Respuesta; no existe." 44
Una vez más la consagración del instante y una vez más la reflexión sobre el lenguaje y sobre el proceso de creación: "No, no es fácil escribir. Es duro como partir rocas. Pero saltan chispas y astillas como aceros pulidos". 45 Así son las palabras, las imágenes de Clarice Lispector, astillas de acero pulido, de firme contorno e insondable profundidad. Palabras rigurosas, porque el adorno destruiría el poder de convocar el misterio, de congelar el instante: "Escribo muy simple y muy desnudo. Por eso hiere" 46. Tras esto sólo el silencio.

Y el alma libre busca un canto para acomodarse. Soy un yo que anuncia. No sé de qué estoy hablando. Yo soy nada. Después de muerta me agrandaré y me esparciré, y alguien dirá con amor mi nombre.

CITAS:

Olga BORELLI: "Liminar", en : Clarice Lispector, A Paixão segundo G. H. (Ed. crítica, Coord. Benedito Nunes), Coleção Arquivos, Editora de Univ. de Florianópolis, 1988, p. XXIII

Clarice LISPECTOR: "Un soplo de vida-Pulsaciones" (fragmento), EL PASEANTE nº 11, Siruela, Madrid, 1988, p. 48
Olga BORELLI: op. cit. , p.XXIII
Clarice LISPECTOR: Aprendizaje o El libro de los placeres, Siruela, Madrid, 1989, p.31
Clarice LISPECTOR: A Paixão segundo G.H. (op. cit.) p. 20
Clarice LISPECTOR: Desespero e desenlace às três da tarde, COLÓQUIO-LETRAS nº 25, Maio 1975, Lisboa, p.50
Clarice LISPECTOR: A Paixão segundo G.H. (op. cit.) p. 18
Clarice LISPECTOR: "Un soplo de vida -Pulsaciones" (op. cit.) p.50
Ibidem, p. 47
Citado por Álvaro Manuel Machado en "Clarice Lispector" (Temas portugueses e brasileiros) Instituto de Cultura e Língua Portuguesa, Lisboa, 1992, p. 187
Clarice LISPECTOR: Água Viva, Editora Nova Fronteira, Rio de Janeiro, 1979 10, p.29
Clarice LISPECTOR: Aprendizaje o El libro de los placeres (op. cit.), p. 83
Clarice LISPECTOR: "Un soplo de vida-Pulsaciones" (op. cit.), p. 47
Clarice LISPECTOR: La hora de la estrella, Siruela, Madrid, 1989, p. 66
Benedito NUNES: "Clarice Lispector ou o naufrágio da introspecção", COLÓQUIO-LETRAS, nº 70, Lisboa, Nov. 1982, p.13
Olga BORELLI: op. cit., p. XXII
Clarice LISPECTOR: Aprendizaje o El libro de los placeres (op. cit), p.50
Clarice LISPECTOR: A Paixão segundo G.H. (op. cit.) p.9

In Memoriam-Raimon Panikkar

Entre la ley y la conciencia
Raimon Panikkar era el hombre que dominaba el catalán, el castellano, el francés, el italiano, el alemán, el inglés, el hindi, más el latín, el griego clásico, el sánscrito y el hebreo. Era el hombre de los tres doctorados (Química, Filosofía y Teología), de los cinco doctorados honoris causa, de una cincuentena de alumnos de todo el mundo que han escrito su tesis doctoral sobre la obra panikkariana, el catedrático de Benarés, de Harvard y de Santa Bàrbara. Pero Panikkar se sentía incompleto si quedaba reducido a la figura de uno de los más importantes filósofos y teólogos contemporáneos. Lo que Panikkar quería era ver las caras de la gente porque aspiraba a hablar al corazón de las personas. Panikkar fue un activo practicante del libro del Eclesiástico: «Sedúcete a ti mismo, y anima tu corazón, y aleja de ti la tristeza. Que la tristeza ha sido la perdición de muchos, y no hace ningún provecho». Panikkar se ha seducido, nos sedujo, y nos enseñó a huir del miedo: «El miedo es la falta de confianza en uno mismo», decía.La de Panikkar era una sonrisa exigente. «Si usted no es feliz, pregúntese por qué», e insistía: «¿Acaso no sabe que se va a morir? ¿A qué viene tanta desesperación?»

El cliché de Panikkar lo retrata como un puente entre Oriente y Occidente. Todo el mundo lo ha enmarcado entre dos polaridades: este y oeste, cristianismo e hinduismo, el Tíber o el Ganges, la India o Estados Unidos.

Pero si nos imaginamos Oriente y Occidente como las orillas de un río, Panikkar no ha sido el puente, sino el río que vive con las aportaciones que le llegan desde las dos orillas.

No es Oriente por un lado u Occidente por otro, sino Oriente y Occidente a la vez. Panikkar, amante de la música clásica, no soportaba el ruido ni las prisas ni el trabajo mal hecho. Ni la supremacía de la ciencia en detrimento del espíritu. Se negaba a aceptar que el hombre fuese solo un mono desarrollado: «Tenemos un pensamiento histórico, lineal, racional y científico, falto del misticismo y el simbolismo orientales. Y la realidad es también histórica, pero no solamente».

Pero es que además, la verdadera dicotomía en la vida de Panikkar no ha sido entre Oriente y Occidente, sino entre Roma y el Evangelio, o entre la ley y la conciencia, teniendo en cuenta que el cumplimiento estricto de la ley le reportó comodidades y seguridades y que el seguimiento de la conciencia le excluyó del juego del poder.

Porque esta es otra dicotomía desconocida de Panikkar: poder o autoridad. Panikkar siempre prefirió la segunda.

La de Raimon Panikkar es la improbable historia de alguien que ha guardado la libertad de pensar y de actuar. Panikkar se complace en la parábola del hombre que escandalizaba a todo el mundo trabajando en sábado, y a quien Jesús dice en la traducción griega de la Biblia: «Feliz tú hombre, si sabes lo que haces, porque si lo sabes, estás perdonado, y si no lo sabes, la misma ley que ignoras te ha condenado».

91 años han dado para construir una vida muy plena, también llena de contradicciones y errores que se hicieron especialmente dolorosos de soportar a la luz de su autoexigencia en los últimos años de vida. Raimon Panikkar se apagó definitivamente ayer, hacia las seis de la tarde, en presencia de Carme, la vecina de Tavertet que se ocupaba de él solícitamente a todas horas hacía años.

Mirada en Fuga: A propósito de Las babas del diablo, de Julio Cortázar

El presente texto surge de la extraña inquietud que produce la lectura del famoso texto de Julio Cortázar Las babas del diablo. Su propósito es hacer una reflexión en torno al lenguaje, la mirada, la imagen y la irreductibilidad de uno en otro, para concluir que pese a ser imposible la transliteración de la imagen en palabras, Julio Cortázar lo logra en su cuento.


“Al principio nada fue./ Sólo la tela blanca/ y en la tela blanca, nada.../
Por todo el aire clamaba,/muda, enorme,/ la ansiedad de la mirada."
Pedro Salinas

 Odiseo, cautivo con todos sus hombres en la cueva del ciclope Polifemo, le solicita los dones de la hospitalidad y este en respuesta a la petición se come a dos de sus hombres de un solo golpe de mandíbula. Odiseo, entonces, decide otorgarle, él si, dos dones, la ceguera y la mirada.

Odiseo desaparece en el lenguaje cuando dice a Polifemo: mi nombre es Nadie (Ouitis); y Nadie me llaman mi madre, mi padre y mis compañeros [1]. Para reaparecer en las tinieblas, cuando luego de cegar a Polifemo y escapando en el ponto le grita: ¡Cíclope! Si alguno de de los mortales hombres te pregunta por la causa de tu vergonzosa ceguera, dile que quien te privó del ojo fue Odiseo, el asolador de ciudades, hijo de Laertes, que tiene su casa en Ítaca. Polifemo comprendió entonces, que había presenciado el cumplimiento del antiguo pronóstico, sin reconocerlo.

Ver es un proceso fisiológico en el que interviene el ojo en relación con la luz. Mirar en cambio es un acto sicológico y racional en el que intervienen no solo el ojo sino todos los sentidos. La mirada es una significación y las más de las veces, una resignificación del mundo. La mirada es nuestro modo de apropiación del mundo, es nuestra devolución significante.

En esa medida la imagen es correlato de la mirada. Ontológicamente la imagen no puede ser sin la mirada. Su ocurrencia está supeditada al testigo, a su percepción. Para la imagen también cabria esta pregunta: sí en un bosque vacío un árbol cae, ¿hace ruido?

Además de su relación co dependiente con la mirada, la imagen ha mantenido una relación intima con la muerte. Etimológicamente, la palabra proviene del latín Imago, nombre que se le daba a la máscara que en los rituales funerarios romanos se hacía del emperador con la idea de que su hálito se le transfiriera. Generalmente era una máscara, pero en otras ocasiones era una réplica de su cuerpo, una suerte de “doble” que haría perdurar el cuerpo inerte que pronto desaparecería en el fuego.

En los griegos la palabra que cumplía este propósito era eídolon, que designaba al fantasma, a la sombra, al “doble” del hombre, aunque, al igual que la Imago, en sentido extenso servía para denominar cualquier imagen, tanto la reflejada en un espejo como la imagen mental o la aparición onírica o fantasmal. En los poemas homéricos se usa en varias ocasiones de modo específico para designar a los muertos del inframundo (eídola kamónton, “imágenes de los muertos”) [2].

La relación de la imagen con lo fantasmal, con lo espectral, con la muerte, es ancestral, pero se hace más patente cuanto más realista sea la imagen. Quizá por esto la fotografía ha producido tanta inquietud al espíritu del hombre, quizá por ello Barthes diría, a propósito de los cuerpos fotografiados por Avedon, que “son en cierto sentido cadáveres, pero esos cadáveres tienen ojos vivos que nos miran y que piensan” [3].

La fotografía tiene la virtud que perseguía el hombre antiguo con la Imago. En ella habita algo del sujeto u objeto fotografiado, a ella se transfiere algo que le pertenece al sujeto-objeto y en ocasiones también revela algo que se nos ha negado a la visión, algo que no habríamos podido ver si no por vía de la detención del tiempo, por la captura del instante que es la fotografía, o en palabras de Benjamin:

“La técnica más exacta puede dar a sus productos un valor mágico que nunca poseerá para nosotros porque la naturaleza que habla a la cámara es distinta de la que habla a los ojos; distinta sobre todo porque un espacio elaborado inconcientemente aparece en lugar de un espacio que el hombre ha elaborado con conciencia” [4].

La fotografía es actualización del pasado y en esa medida es la posibilidad de hacer presente lo que ya no está. La posibilidad que tiene de ser lo que ya no es. En la fotografía está el tiempo como potencia porque supone siempre un antes y un después, y por esa vía remite siempre a un algo por fuera de sí misma, el tiempo. En la fotografía el movimiento siempre está a punto de darse o de desbordarse, pero nunca se da, y esa calidad es la que nos permite pensar la fotografía como cercana, próxima a la muerte, en tanto que la muerte es quietud absoluta.

Pero aún existe otra relación imperiosa y no menos inquietante: es la de la imagen con el lenguaje [5], relación dada por nuestra tentación natural e irreprimible de poner en palabras las imágenes, nuestra vocación por el logos, nuestra voluntad de hacer inteligible lo que vemos. Pero esta relación imagen, lenguaje ha sido dificultosa cuando no imposible, o en palabras de Foucault.

“La relación del lenguaje con la imagen es una relación infinita. No porque la palabra sea imperfecta y, frente a lo visible, tenga un déficit que se empeñe en vano en recuperar. Son irreductibles uno a la otra: por bien que se diga lo que se ha visto, lo visto no reside jamás en lo que se dice, y por bien que se quiera hacer ver, por medio de imágenes lo que se está diciendo, el lugar en el que ellas resplandecen no es el que despliega la vista, sino el que definen las sucesiones de la sintaxis” [6].

Hay un cuento de Julio Cortázar que me produce una enorme inquietud en ese sentido y he querido detenerme en él e intentar pensar en cómo esta aparente irreductibilidad de la imagen en lenguaje que menciona Foucault, en Cortázar, es posible y de que modo el relato mismo es una reflexión sobre la mirada.

“Las babas del diablo” podría considerarse como obra abierta y también como obra en movimiento, pero no en movimiento físico como ocurre con la mayoría de obras de este tipo; el movimiento de “Las babas del diablo” no radica en posibilidades combinatorias o de estructuras móviles como en Rayuela. El movimiento en este caso no es físico sino síquico: hay un desplazamiento, no del relato, sino de la mirada y esto es lo asombrosamente curioso. Cortázar reflexiona sobre la mirada a partir del lenguaje, a la vez que nos obliga a ver -“(ahora pasa una paloma, y me parece que un gorrión)”- y a pensar en la relación de la mirada con el objeto visto:

“… y sé que si me voy, esta Rémington se quedará petrificada sobre la mesa con ese aire de doblemente quietas que tienen las cosas movibles”.

De la doble inmovilidad que poseen los objetos movibles cuando están quietos sólo puede dar razón la mirada; no la visión en tanto acto fisiológico, sino la mirada en tanto experiencia psicológica. Es este el centro de diana del relato de Cortázar, la mirada, pero la mirada contenida y continente de y en todas sus posibles bifurcaciones: la mirada como correlato de la realidad y la realidad como un inaccesible; la mirada como testigo de la ausencia de verdades absolutas; lo relativo como ley física de la realidad, etc. Es quizás la reflexión más aguda que de la realidad y la imposibilidad de accederla haya hecho alguien, es una puesta en crisis de los absolutos.

“Va a ser difícil porque nadie sabe bien quién es el que verdaderamente está contando, si soy yo o eso que ha ocurrido, o lo que estoy viendo (nubes, y a veces una paloma) o si sencillamente cuento una verdad que es solamente mi verdad, y entonces no es la verdad salvo para mi estómago”.

Todo en el relato es inestable, no hay certezas, pero la incertidumbre no solo habita en la anécdota, sino también la forma es incierta, móvil, movilidad no sincrónica ni lógica, no obstante tampoco podríamos decir que sea tan arbitraria que carezca de sentido. Para empezar, en el texto de Cortázar el narrador duda de la posibilidad de narrar esa historia:

“Nunca se sabrá cómo hay que contar esto, si en primera persona o en segunda, usando la tercera del plural o inventando continuamente formas que no sirvan de nada”.

Acto seguido el texto transitará en saltos continuos de la primera a la tercera persona, y en este punto cabe preguntarse ¿persona? cuando quien narra está muerto, lo que desplaza la atención, pues deja de importar si está o no narrando en primera o en tercera persona puesto que quien narra ya no es persona, acaso lo fue, cosa que complejiza y desestabiliza aún más el relato.

“… Uno de todos nosotros tiene que escribir, si es que esto va a ser contado. Mejor que sea yo que estoy muerto”.

El texto pareciera cifrarse para reflexionar en prácticas imperfectas y cuya perfección es un inalcanzable, una utopía a la que no se deja de aspirar, como la del alquimista. En primera instancia el narrador es traductor y fotógrafo y para el momento de la narración, está haciendo un trabajo de traducción del castellano al francés de un tratado sobre recusaciones de un profesor de la Universidad de Santiago.

La traducción es una de esas prácticas cuya perfección es una quimera. Se suele hablar de la traducción como de una inevitable traición, y de la lectura del texto traducido como si se viera un tapiz por el revés, es decir, que jamás se accederá al texto por una traducción, el verdadero espíritu del texto, su verdad profunda habita en la lengua original, y para lo que nos interesa aquí conviene que miremos el sentido del término en una de sus acepciones etimológicas más antiguas: traducir es muerte, ser traducido llegó a significar morir, en la Biblia hebrea morir era ser traducido de la tierra al cielo:

“Por su fe Enoc fue traducido, para que no viera la muerte, y no fue hallado, pues el Señor lo había traducido” [7].

Igual que se ha declarado muerto, acaso traducido, el narrador, quien pretende a su vez traducir para nosotros, para el lector la imagen en palabras y que además traduce un tratado de José Norberto Allende, profesor Universitario.

No podremos ahora determinar si Cortázar hacía conciencia de esta acepción del término traducción, pero pareciera existir una relación profunda entre lo imposible y su práctica: Imposible la traducción perfecta en todos los sentidos que plantea la narración; imposible la traducción perfecta de una lengua a otra, imposible la traducción de imágenes a palabras, imposible una narración hecha por un muerto y finalmente imposible la verdad absoluta.

No obstante en la narración estos imposibles se ejecutan: el muerto efectivamente narra a la vez que traduce y traslada la imagen en palabras. En este sentido el texto es auto referencial, pareciera que finalmente nos hablara de sí mismo, de su escritura, de su imposibilidad.

Quizá el texto de Cortázar sea en definitiva una invocación a la mirada, una invitación, no a atravesar el espejo o a ahogarse en el reflejo, sino a ser el reflejo mismo.

Notas
[1] Odisea, canto IX, verso 364.
[2] Ver: Francisco Díez de Velasco. Los caminos de la muerte: religión, rito e iconografía del paso al más allá en la Grecia antigua. Disponible en http://www,cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/
[3] Citado por Domènec Font. Fotografía y cine. Hibridaciones. La extraña pareja. P. 19. Exit, Nº 3, 2001
[4] Walter Benjamin. “Breve historia de la fotografía”, en Discursos interrumpidos I. Buenos Aires, Taurus, 1982
[5] Entiéndase lenguaje aquí en su acepción de lenguaje articulado. El que deviene el habla y la escritura.
[6] Michel Foucault. Las palabras y las cosas. Siglo XXI, 1993. P. 19
[7] Susan Sontag. Cuestión de ënfasis. Alfaguara, 2007. P. 377

Mordaz y genial, Rodolfo Enrique Fogwill (1941-2010)

Un escritor de los que escasean, alguien que sabía disfrutar del placer estético y que ponía a la belleza y a la perfección estilística por sobre todas las cosas, incluidos los compromisos políticos, los códigos de convivencia y la buena educación. A partir de hoy todo va a ser mucho, pero mucho más aburrido.

Daniel Barenboim vuelve al Colón y celebra 60 años de su debut como pianista

El director argentino-israelí Daniel Barenboim vuelve esta semana a Buenos Aires para brindar una serie de conciertos en el Teatro Colón, un final emotivo para una gira por varios países latinoamericanos con su orquesta juvenil West- Eastern Divan y que coincide con el aniversario de su debut como pianista hace 60 años, el 19 de agosto de 1950.

El sábado 21 brindará junto a la West-Eastern Divan un recital gratuito en uno de los monumentos más emblemáticos de Buenos Aires: el Obelisco.

En el marco de las celebraciones en conmemoración del Bicentenario de la independencia, Barenboim, de 67 años, ya ofreció conciertos en República Dominicana, Venezuela, Ecuador y Colombia, y también en su ciudad natal el músico presentará un ambicioso repertorio, que incluye por primera vez el ciclo completo de las nueve sinfonías de Ludwig van Beethoven ejecutado por la orquesta de jóvenes árabes, israelíes y españoles.

Entre este miércoles y el 31 de agosto, Barenboim interpretará en el Colón también con la West-Eastern Divan (Orquesta del Diván de Oriente y Occidente) varias obras de música de cámara, entre ellas el Septeto de Beethoven, el Quinteto de Robert Schumann, el "Dérive 2" para once instrumentos de Pierre Boulez y las Cinco piezas para orquesta de Arnold Schönberg, que el músico tocará con su mujer, la pianista Elena Bashkirova.

Durante su estadía en Buenos Aires, dirigirá además las dos composiciones centrales de Giuseppe Verdi: la "Misa de réquiem" y la ópera "Aída", en una versión concertante, interpretadas por la orquesta y el coro de la Scala de Milán.

La presentación de Barenboim en el recientemente reinaugurado Teatro Colón se realiza con más de dos años de retraso. Originalmente, el "maestro" tenía previsto dirigir la orquesta de la Opera Estatal de Berlín el 25 de mayo de 2008, en homenaje a los cien años y a lo que iba a ser la reapertura del mayor teatro lírico del país y uno de los más importantes del mundo. Pero los retrasos en las obras de remodelación lo obligaron en aquel momento a realizar el concierto de honor en el Luna Park, escenario de recitales de música popular y eventos deportivos.

"Es como si te invitasen al cumpleaños y no estuviese el anfitrión. Me duele en el alma", se lamentó en ese entonces el director en referencia a la situación que atravesaba el Colón. "Mi sueño es dirigir aquí en la reinauguración en 2010", agregó. Un deseo casi cumplido.

Barenboim nació en 1942 en Buenos Aires, en el seno de una familia de emigrantes rusos profesores de piano. Su primer concierto lo ofreció en la capital argentina cuando contaba con apenas siete años, el 19 de agosto de 1950, fecha que coincidirá esta vez con la presentación de las sinfonías 3 y 4 de Beethoven.

Su infancia estuvo fuertemente marcada por la música. "No conocía prácticamente a nadie que no tocara el piano. En la concepción que tenía yo entonces, todo el mundo tocaba ese instrumento", escribió en sus memorias.

En 1952 emigró con su familia a Israel, donde se nacionalizó. Más tarde se formó en Italia y en París y comenzó a dar conciertos en Estados Unidos, Latinoamérica, Australia y Cercano Oriente.

Barenboim se desempeñó como director musical de la Orquesta de París (1975-1989) y luego pasó a ser el sucesor de Georg Solti en la dirección de la Orquesta Sinfónica de Chicago (1991-2006). Desde 1992 está al frente de la Staatsoper de Berlín, donde es director vitalicio.

En 1987 tuvo que superar la muerte por esclerosis múltiple de su esposa, la violoncelista británica Jacqueline du Pré. Más tarde se casó con Elena Bashkirova, con la que tiene dos hijos.

Junto al fallecido escritor y filósofo de origen palestino y nacionalizado estadounidense Edward Said (1932-2003) fundó en 1999 la orquesta West-Eastern Divan, cuyo nombre proviene de una antología de poemas líricos de Johann Wolfgang von Goethe, inspirados en la poesía persa.

En la actualidad la orquesta, financiada por la Junta de Andalucía y que cada año se reúne a finales de julio en Sevilla para ensayar antes de iniciar su gira anual, está compuesta por 36 jóvenes de origen árabe, 43 israelíes, 16 españoles y 5 músicos de otros países.

Desde su creación ha recibido varios premios, entre otros, el Príncipe de Asturias de la Concordia en 2002 para Barenboim y Said, el Premium Imperiale concedido por la Japan Arts Association y el Premio de la Fundación Wolf de las Artes de Jerusalén.

En julio de 2001 generó una gran polémica con su representación en Jerusalén de partes de la ópera "Tristán e Isolda", del compositor alemán Richard Wagner, conocido por su antisemistismo.

"Lucho contra la ignorancia de los israelíes y los palestinos", explicó en cierta ocasión el músico, con pasaporte español y ciudadanía palestina honoraria. "Chinos, europeos, judíos, musulmanes: todos somos iguales frente a la Quinta de Beethoven", dijo.

"Tengo varias identidades. No soy sólo judío, argentino o residente en Alemania. Una persona moderna se identifica por la posibilidad de tener más de una identidad", explicó el músico, cuya condición de inmigrante lo hizo adquirir esa forma de entender el mundo y la vida.

Y eso se aplica también a la música: "Cuando dirijo una sinfonía de Bruckner soy, consciente o inconscientemente, centroeuropeo, mientras que cuando toco un tango, soy argentino", recalcó Barenboim, nombrado en 2008 ciudadano ilustre de la ciudad de Buenos Aires.

AGUSTÍN LARA, "EL FLACO DE ORO"

Ahora que el bolero parece que está nuevamente de moda (la verdad es que nunca dejó de estarlo pues el amor, el desamor, la pasión, los celos... son consustanciales al devenir del ser humano y dicho ritmo es uno de los que mejor expresan tales sentimientos), la figura del gran compositor mexicano Agustín Lara ha vuelto al candelero de la actualidad. Su discografía completa está siendo reeditada y su obra musical es objeto de estudio por especialistas que confirman la influencia que tuvo en el relanzamiento y en la transformación de este ritmo propio de Cuba pero con un importantísimo aporte mexicano. Aparte lo dicho, nadie puede negar la habilidad y el talento de Lara para prendar a varias generaciones con sus bellas canciones, con sus inolvidables melodías románticas.

Y es que, por ejemplo, para cualquier granadino la figura del músico azteca jamás pasará inadvertida aunque sólo fuera porque el himno oficial, el himno de representación de la ciudad de La Alhambra es Granada, obra propia de su talento, que se ha tornado en universal. Cientos de cantantes la incluyeron y siguen contando con ella en sus repertorios; desde su primer intérpete Pedro Vargas, hasta llegar a los famosos "Tres Tenores": José Carreras, Luciano Pavarotti y Plácido Domingo; sin olvidarnos de Luis Mariano, el añorado cantante de Irún.
Ángel Agustín María Carlos Fausto Mariano Alfonso del Sagrado Corazón Lara y Aguirre del Pino, Agustín Lara, nació en la capital de México el 30 de octubre de 1897. Sin embargo, un halo de misterio, auspiciado por el propio músico, se extendió siempre sobre esos datos, ya que siempre afirmó, quizá por coquetería o romanticismo, que vió la luz por primera vez en la localidad de Tlacopalpán, allá por 1900 (1). Quizá podamos comprender esta actitud de Lara por la exhuberante belleza tropical de esta pequeña villa situada al sur de la ciudad de Veracruz, la población más caribeña de México a causa de la peculiar composición étnica de sus habitantes (crisol de españoles, indígenas y africanos), y también por sus ritmos típicos: el "son jarocho" y el "danzón", especialmente este último, hermanados ambos con la música cubana (2).

Agustín Lara nació en el seno de una familia acomodada. Fueron sus padres el doctor Joaquín Lara y María Aguirre del Pino. Los biógrafos del compositor coinciden en afirmar que su pasión por la música comenzó ya en edad temprana, al oir a su padre tocar el piano en casa. Sin embargo, fue de la mano de su tía Remedios, en cuyo armonio improvisó sus primeras notas, cuando su vocación musical comenzó a tomar cuerpo, siendo la profesora Luz Torres Torrija, su maestra de piano, quien se encargó de su primer aprendizaje musical.

El gran caos económico que ocasionó la Revolución Mexicana en todos los ámbitos de la vida del país afectó también, como no podía ser de menos, a la familia del músico, la cual, para hacer frente a las vicisitudes económicas por las que pasaba, decidió alquilar varias habitaciones de su vivienda. Uno de los huéspedes, fascinado por el talento del joven Lara, lo llevó como pianista a una casa de "mala nota". Tal hecho marcaría muchos aspectos de su trayectoria vital; lo podemos comprobar analizando los títulos de innumerables bolerosde su autoría: "Aventurera", "Pecadora", "Te vendes", "Una cualquiera",..., pero también por las huellas que este tipo de vida dejó, incluso en su fisonomía, ya que en uno de eso antros, una mujer presa de un ataque de celos le arrojó una botella rota causándole una tremenda cicatriz que le surcó, de por vida, parte de su rostro.
Su vida fue toda una peripecia: a los doce años su padre lo echó de casa por llegar tarde a una tertulia taurina, estuvo encarcelado por robo y hasta se casó "in artículo mortis" cuando agonizaba víctima de una pulmonía. Su primera esposa, Angelina Brusquetta, era hija de los dueños del "Cabaret Salambó", lo que le permitió que destacase como pianista en aquel local. Allí conoció al tenor Juan Arvizu, artista de moda y uno de los primeros boleristas de México, quien le contrató para que compusiera y le acompañara al piano. Se puede decir que fue Arvizu quien primero descubrió el talento musical de Lara que, en 1929 se consagró definitivamente con su canción "Imposible" (3). Sin embargo, hay que destacar que su primera composición musical registrada en la Sociedad de Autores y Compositores fue La prisionera, que data de 1926, aunque no se diera a conocer hasta 1929.

Agustín Lara ya empieza a disfrutar de una popularidad a la que no es ajena la aparición de la radio, que constituiría la plataforma mediante la cual se van a difundir sus canciones hasta todos los rincones del país (prueba de ello es que la compañía discográfica norteaméricana "RCA" lo incorporó a su pléyade de artistas). Según el propio Lara, la aparición de la radiodifusión cambió su vida: "a la radio le debo todo y estoy casado con un micrófono". El programa "La hora íntima de Agustín Lara" de la emisora "XEW, La voz de América Latina" (4), fue muy famoso en todo México y contribuyó a construir el mito sobre su persona.

El Correo mexicano emitió el 19 de diciembre de 1995 una serie denominada "Ídolos Populares de la Radio", compuesta por ocho sellos impresos "se-tenant", todos con el mismo facial (1,80 pesos), en los que figuran junto a Agustín Lara otras estrellas legendarias de este medio de comunicación, algunas de ellas muy relacionada con el músico, como las hermanas Águila y, sobre todo, dos de los mejores intérpretes de la canción mexicana de todos los tiempos: Toña la Negra y Pedro Vargas. Con ambos compartió muchos éxitos por los escenarios de todo el mundo.
Nuevamente, a finales del año 2000, el Correo mexicano ha vuelto a ocuparse de Lara, pero también de otras figuras del espéctaculo del país azteca muy relacionados con él como María Félix o Toña "La Negra", mediante la emisión de un sello que forma parte de una gran hoja bloque dedicada a los "100 Años de Identidad y Diversidad Cultural" de México.

María Antonia del Carmen Peregrino Álvarez, más conocida como Toña la Negra (1912-1982), consiguió abrirse paso en el mundo de la música cuando logró que Lara la escuchara cantando Enamorada. Se dice que quedó tan deslumbrado que a los pocos días le compuso expresamente Lamento jarocho, un precioso canto a la ciudad de Veracruz, de donde era la cantante. Muchas canciones siguieron a ésta: Noche criolla, Oración, Caribe y Veracruz. entre otras. Había nacido una pareja artística que hizo historia.

En cuanto a Pedro Vargas, "El Tenor de las Américas" (1906-1989), tampoco necesita de presentación alguna; durante muchos años fue su "cantante oficial" y Granada fue compuesta exprofeso en 1935 para que Vargas la cantara con su peculiar estilo de voz. El vals María Bonita (en homenaje a la gran actriz María Félix, que fuera esposa de Lara), Rosa, Mujer y Solamente una vez son algunos de las canciones más celebradas de este inolvidable tándem.

La vida sentimental de Lara fue pródiga en romances: Angelina Brusquetta, Carmen La Chata Zozaya, Yolanda Gazca, Clara Martínez, Vianey Lárraga, Irma Palencia, Rocío Durán... Sin embargo, siempre confesó que su gran amor fue María de los Ángeles Félix, más conocida por María Félix o "La Doña", sobrenombre que se ganó a pulso por su fuerte personalidad. Con ella se casó el 24 de diciembre de 1954 y a ella le dedicó muchas canciones de amor María bonita, Aquél amor, Noche de ronda...
Agustín Lara fue un enamorado de todo lo que significaba España, era un apasionado de la fiesta de los toros y un rendido admirador de la mujer española. Aparte de Granada, que compuso sin haber estado aún en esa ciudad, dedicó canciones a Sevilla, Toledo, Murcia, Navarra, Valencia y a Madrid (¿quién no conoce el famoso chotis Madrid?). Se cuenta que cuando llegó por primera vez a la capital de España, se arrodilló, besó la tierra y dijo: "¡Hola madre! ¿Cómo has estado?".

En 1954 el Casino Español de la Ciudad de México organizó lo que sería el primer viaje de Lara a España. Para el músico fue un viaje inolvidable y un reencuentro con sus raíces.

Durante su visita a España se le tributaron muchos homenajes (5), hasta el punto de que el general Francisco Franco, Jefe del Estado en esa época y gran admirador de su música, lo nombró en 1966 "Ciudadano Honorario de España". Todas estas circunstancias le supusieron enemistades a Lara con los exiliados republicanos que vivian en México y no veían con buenos ojos que aceptara participar en actividades organizadas por un Régimen político por el que se encontraban lejos de su patria.

Prensa localEl 15 de junio de 1964, como no podía ser menos, la ciudad de Granada tributó un merecido homenaje al hombre que con su canción contribuyó a inmortalizarla aún más. Nada más bajar del avión dijo a los periodistas: "No he venido a pisar la tierra de Granada sino a besarla con los labios y el corazón." El Ayuntamiento de Granada, por Acuerdo del Pleno Extraordinario Municipal de 12 de junio de 1964, le nombró "Hijo Adoptivo", le hospedó en el Hotel Alhambra Palace y le ofreció una recepción en el Carmen de los Mártires, siendo objeto de numerosos obsequios, entre ellos una caja de taracea que contenía tierra granadina y de una batuta con empuñadura de plata. El multitudinario homenaje popular se hizo en el Paseo de los Tristes, a los pies de la Alhambra, aprovechando el escenario allí instalado durante las recién celebradas fiestas del Corpus. La Banda Municipal de Música interpretó los sones de Granada y fue incluso dirigida unos breves instantes por el propio Lara.

El 14 de octubre de 1997 se utilizó en la ciudad de Los Cármenes un bonito matasellos especial que conmemoraba el Centenario del natalicio del inmortal azteca. Dicha impronta reproducía su retrato de perfil junto a la mención del título honorífico de "Hijo Adoptivo".

Granada, al igual que otras ciudades españolas como Murcia, Valencia y Madrid, tiene una calle dedicada a la memoria del músico. Además, cuenta con una estatua realizada en bronce en 1991, obsequio del pueblo mexicano, que representa su figura sentada, adoptando una pose característica suya, con un puro en la mano junto a un toro y dos mujeres que lo rodean. Un teclado de piano completa el conjunto, pleno de simbolismo. En el monumento figuran varias placas con poemas dedicados a su persona y una frase suya, pronunciada el 22 de agosto de 1965: "Granada: sólo tú podrías haberme inspirado esta canción divina. Bendita seas." Hay que destacar que, aparte de la de Granada, Lara tiene estatuas erigidas en su homenaje en Veracruz (cuyo alcalde le entregó las llaves de la ciudad), Los Ángeles y en Madrid, en su castizo barrio de Lavapies.

A partir de 1967 y debido a que su salud comenzaba a flaquear, Agustín Lara comenzó una retirada paulatina del mundillo artístico, que le llevó a recluirse en su famosa casa de la colonia polanco de la capital. En octubre de 1970, mientras recibía tratamiento en el hospital Inglés (6) de la ciudad de México, a causa de una fractura de fémur que se produjo por una caída en casa, Lara sufrió una insuficiencia respiratoria a la que sobrevivió unos pocos días, hasta las 14:50 horas del 6 de noviembre de ese mismo año cuando falleció por un ataque al corazón a los 73 años de edad.

Yvert, 776Su cuerpo fue velado en el Teatro de la Sociedad de Autores y Compositores (de la que sería su Presidente de Honor Vitalicio (7)), de donde se le trasladó al palacio de Bellas Artes. Se le rindieron todo tipo de homenajes, los artistas más famosos del país interpretaron sus boleros y los organilleros de la ciudad acompañaron el cortejo fúnebre tocando uno de sus temas. "Toña la Negra", su intérprete preferida, cantó Noche de ronda en el Teatro Blanquita del Distrito Federal. Los restos mortales de Agustín Lara se depositaron en la Rotonda de Hombres Ilustres del Panteón Nacional de Dolores, en la capital mexicana.

México no tardó en dedicarle un sello, emitido en 1971 (Yvert, 776), que con valor de 40 centavos, tiene como motivo principal de su diseño el teclado de un piano, su instrumento musical preferido.

Agustín Lara cultivó con notable acierto una gran cantidad de géneros musicales (danzones, tangos fox-trots, boleros pasodobles, valses...); sin embargo, de entre todos, su preferido fue el bolero. Lara no lo inventó, lo sabemos. Ese honor le corresponde al cubano Pepe Sánchez, que compuso Tristezas allá por 1883. Sin embargo, el músico azteca determinó la posterior evolución de este género marcándolo con su huella inconfundible (8).

El musicólogo y bolerista Jaime Rico Salazar ha contabilizado nada más y nada menos que 445 canciones de Lara, de ellas 162 son boleros, amén de otras muchas composiciones de la talla de Noche de ronda Azul, que fueron puestas por diversas razones, a nombre de su hermana María Teresa.

Matasellos especial granadino Aparte, Lara escribió una opereta (El pájaro de oro) uniendo su nombre a la historia del cine mexicano pues participó (incluso como actor) en treinta películas, ya desde una fecha tan temprana como 1931, cuando compuso y dirigió la música del filme Santa, adaptación de la famosa novela del mismo nombre escrita por Federico Gamboa en 1903. Títulos famosos como Virgen de Medianoche (1941); Pecadora (1947); Revancha (1948), en la que Lara toca el piano; Tropicana (1956); o su propia biografía, La vida de Agustín Lara, realizada en 1959, son sólo un botón de muestra de su faceta cinematográfica.

La herencia musical del "Flaco de Oro", está todavía viva y creemos que por muchos años. Su recuerdo también, aunque sólo sea cada vez que compases de Granada suenan a los cuatro vientos en cualquier lugar del mundo.
___
Notas:

(1) Lo cierto es que parte de su infancia transcurrió en dicha ciudad (dos de sus hermanos nacieron allí). A los seis años de edad, el pequeño Agustín se trasladó junto a su familia a la capital del país.
(2) El "danzón" es el baile nacional cubano y se tocó por primera vez el 1 de enero de 1879 en el liceo de Matanzas, por la orquesta de Miguel Faílde (1852-1921). Este danzón llevaba por título Las alturas de Simpson.
(3) Imposible fue grabada en 1929 por el Trio Garnica Ascencio, que estaba formado por Julia Garnica y las hermanas Blanca y Ofelia Ascencio, acompañadas al piano por Raúl C. Rodríguez.
(4) Dicha estación de radio, inaugurada el 18 de septiembre de 1930, se caracterizó por ser la que más impulsó la música popular en México.
(5) César González Ruano, famoso escritor y periodista de la época, comentaba a este respecto: "Este hombre (refiriéndose a Lara) lleva ocho o díez días sonriendo con una copa en la mano, prensado, estrujado, besuqueado, exprimido como un limón por un público demasiado sediento".
(6) En dicho hospital fue admitido con el nombre de Carlos Flores.
(7) En 1989 el Correo de México emitió un sello de 450 pesos dedicado a conmemorar el 25 Aniversario de dicha institución.
(8) Su época de mayor esplendor creativo se desarrolló entre los años 1925 y 1939, etapa en la que compuso, entre otras, Mujer, Noche de ronda, Veracruz...

Fuentes consultadas:

ÁLVAREZ CORAL, Juan: Biografía de Agustín Lara.
BUSTOS, Juan: Agustín Lara y su tiempo. Periódico Ideal (Granada), 6 de octubre 1997.
GRANT WOOD, Andrew: Agustín Lara and the Golden Age of Mexicam Cinema.
MARTÍNEZ, José Luis (Notimex): The legend of Agustín Lara: exquiste sinner. Granma Internacional. Electronic edition. Havana, Cuba.
TAFUIT, Pilar: Boleros. Los grandes éxitos (Power CD). Mediasat Group Ltd.

Entrevista a María Elena Cruz Varela

Del dolor

- ¿Cómo se forma “Criterio Alternativo” y quiénes lo formaron?
- Los primeros miembros de Criterio Alternativo fueron José Luis Pujol y Roberto Luque Escalona, me uní al dúo gracias a que Thais, la hija de Pujol, me presentó a Luque. Desde mucho antes sabía que era necesario hacer algo, aunque no tenía claro cómo ni qué. Nunca fui militante dentro del gobierno, tampoco tenía una idea precisa de hasta dónde podía llegar la represión. Ellos fueron los primeros opositores en activo de quienes tuve noticias y les agradezco mucho, sí, que me ayudaran a ver más claro todavía. El cuarto en unirse fue Fernando Velázquez Medina, redactor de la Carta de los Diez o Declaración de los Intelectuales, que dio paso a todo lo que vino después. Recuerdo con ternura no exenta de ironía, la mañana en que me aparecí, ingenua e indocumentada, en la casa del poeta Raúl Rivero, el primero en firmar. Después firmó el poeta Manuel Díaz Martínez y así, hasta llegar a los diez firmantes iniciales, hasta sumar veinte. Por extrañas razones sólo trascendieron algunos nombres, hubo “puristas”, críticos y todo lo que se podía esperar en una situación así, pero lo que nadie puede negar es que esa fue la primera toma de posición de un importante grupo de intelectuales cubanos en favor de reformas democráticas. No todos eran, ni fueron después, miembros de Criterio Alternativo, cuya historia debería ser contada en algún momento, digo, si es que…
Quisiera aprovechar el haber entrado en la memoria de esos años para rendirle un amoroso homenaje a uno de los miembros clave de Criterio Alternativo: Gabriel Aguado Chávez, uno de esos héroes que, conformes, cargan con el peso del anonimato, como la mesa sobre la que se sirve el festín y, consciente en sí misma de su propia importancia, no se anda pavoneando. De todo esto hay mucho, tanto que decir…
- Has hablado más bien poco de los días de cárcel. Supongo que por protección, saneamiento, se recurre a la distancia, a la protección.
Cuentan que escribías cartas a las demás reclusas. También he escuchado que las torturas no finalizaron durante toda la condena. ¿Tiene algún recuerdo amable, alguna tarde-mañana-noche, que te produzca una sonrisa, queda alguna amistad surgida en días de encierro?
- No recuerdo haberle escrito cartas a las reclusas, no le escribía ni a mi familia por varias razones: pudor y rechazo a la idea de que los extraños metieran sus ojos en mis bastante difíciles relaciones familiares; miedo a las constantes requisas y absoluta falta de concentración, pues tantas mujeres llenas de conflictos reducidas a un espacio mínimo y a una promiscuidad obligatoria, es algo difícil de imaginar por quienes no hayan paso por esa asignatura. En cuanto a las torturas en forma de presiones, amenazas y otras exquisiteces en las que los represores se especializaron, como, por ejemplo, las bien llamadas “torturas blancas”, famosas porque no dejan huellas visibles como hematomas u otras mutilaciones exteriores, no cesaron nunca, ni siquiera después de abandonar la prisión.
No hablo de mi etapa en la cárcel por la sencilla razón de que esa ya no soy yo, no se puede ser prisionero de algo o de alguien tantos años después, me he negado rotundamente a cederle todo mi poder a un hecho o circunstancia determinada, es como pregonar que los “malos” son más fuertes que los “buenos”, por eso no voy de víctima por la vida, ni tampoco le resto un milímetro de valor a lo que hice, digan lo que digan quienes juzgan del otro lado. Ten en cuenta que, estés donde estés, el otro lado existe y tú también eres el otro lado de algo. Quitarle importancia, ignorarlo, o considerar a la ligera una “locura” -como he tenido a bien escuchar y leer en las valoraciones de ciertos compatriotas, muy dados a la especulación pasiva- a lo que nos atrevimos a hacer en aquellos años terribles y confusos, no pasa de ser una simple pavura, agravada por la cortedad de miras que siempre nos ha acompañado. Lo que hicimos fue magnífico, glorioso, aterrador para la cobardía. Pero, a la luz del conocimiento, esa ya no soy yo, he crecido demasiado como para quedarme anquilosada en el estrecho marco de un acontecimiento de mi vida.
- ¿Usted perdonó a sus verdugos carceleros?, y: ¿A los que desde el exilio le exigían el sacrificio que ellos no habían realizado?
- Me he perdonado a mí misma todas mis ilusiones, por tanto, he perdonado todo y a todos, sin excepción, algunos habrá que sepan a qué me refiero, otros, los que no, tienen todo el tiempo de Dios para averiguarlo. Decidí ser una persona sana de alma y el perdón bien entendido, el que nace a partir del discernimiento, no el que pregonan los que todavía creen que este mundo es real, es el mejor de los desinfectantes para la mente que elige sanar. Y sí, tengo por lo menos un recuerdo amable de esos días oscuros, recuerdo a una niña de diecinueve años a quien le debo una gran lección. Observándola, aprendí que no vale la pena juzgar, no porque sea malo, sino porque es imposible. Nunca llegamos a saber las verdaderas razones de ningún acto y terminas comprendiendo que convives con las personas, no con sus delitos, que persisten porque nos empeñamos en no dejarlos ir, porque nos ensañamos en juicios que están muy lejos de nuestro limitado entendimiento. Pienso con frecuencia en esa chiquilla, debe tener ahora unos treinta y cinco o treinta y seis años, la edad de mi hija mayor. La misma que tenía yo cuando gané el Premio Nacional de Poesía. Ojalá que, esté dónde esté, haya podido sanar.

Del presente

- ¿Qué opinión tiene María Elena Cruz Varela de las nuevas reformas, se le llama cambio en la prensa, que el gobierno de Cuba está realizando?
- No tengo ninguna opinión al respecto, no me ocupo de esas minucias; son sólo despojos que esos pobres señores lanzan de vez en cuando al ruedo para mantenernos entretenidos. Si permaneces durante mucho rato observando o analizando esas pequeñeces, pierdes la noción de la verdadera grandeza, la que ni esos mismos señores transitorios pueden controlar o confinar. Hace mucho que invierto mi energía en pensar una Cuba liberada ya, al frente de su propio destino, sin esperar a que la solución le llegue desde fuera, esa es la isla que importa, no la de tiranos y torturadores. A esa es a la que debemos darle vida.
- ¿Ve posible una convivencia civilizada, una posible reunificación en la isla? ¿Se ve a usted libremente en La Habana en un futuro próximo?
- Depende de quienes convivan. Sabes, mientras algunos se sientan tan ofendidos, otros tan víctimas y cada uno defienda su parcela, no hay posibilidad de verdadera convivencia y el término “civilizado” me despierta sospechas, civilizados se consideraban los colonizadores, ¡hasta los nazis se consideraban más civilizados que el resto de la humanidad! Si nos dedicáramos más a comprender que a reaccionar, veríamos que no hay nada de qué defenderse, el sol, aunque parezca una perogrullada, ha seguido saliendo a pesar de… pisamos el mismo globo terráqueo y respiramos el mismo doloroso, contaminado aire, ¿de dónde nos viene ese afán de sentirnos más civilizados que los demás? En última instancia, ¿quiénes son “los demás”? ¿De dónde nos viene la idea de ser tan especiales? Eso es válido tanto para tirios como para troyanos. A veces, la respuesta es tan simple como la pregunta: ¿Qué prefieres, ser feliz, o tener razón? Cada uno es responsable de su elección y yo hice la mía hace tiempo, por eso fui y soy libre en La Habana ahora, en este momento, mientras respondo tus amables preguntas. La libertad es una decisión individual, no importa sobre qué paisaje decidas desplegarla, es tuya, no se la debes a nadie más que a ti mismo, a tu Ser.

Del futuro

- Fuiste aspirante a la candidatura del Nóbel de la Paz. Ha habido varios cubanos, cubanas, propuestos.

¿Qué razones hay para que no se premie con el Nóbel el esfuerzo y la valentía de los cubanos que, en muchos casos, luego de cumplir largas condenas, continúan enfrentándose al gobierno cubano de modo pacifico, exigiendo democracia?
ç- ¡Imagínate tú! Toma la lista de todos los Premios Nóbel y mira bien detrás de cada nombre cuántos poderes e intereses pueden actuar desde las sombras. Yo no tengo la respuesta. Borges fue muy valiente y políticamente incorrecto también, era argentino y buenísimo poeta, ¿a que sí?, y tampoco ganó el Nóbel de Literatura. Nunca. El mundo no es un lugar justo, para nadie ni para nada y si algo he aprendido, es a hurgar tras cada apariencia, es sorprendente cuando descubres que bajo los blasones que sirven a las víctimas pueden esconderse los verdugos, por eso insisto en que hay que desconfiar de las apariencias porque nada, en realidad, es tal como parece. Quizá, el verdadero Premio a nuestros héroes sea la ausencia del Nóbel. Date a ti mismo todos los homenajes y no esperes a que los demás te den laurel alguno, pues los intereses a pagar suelen ser muy altos.

De la literatura

- Gertrudis Gómez, Juana de Arco: la espada y la pluma. ¿Por qué estas dos mujeres y no otras? ¿Cómo surge la suerte de escribir novelas, algo tan raro en los poetas? Porque luego de, “El Ángel Agotado”, vas a tener el distintivo de Poeta para el resto.
-Juana de Arco y Gertrudis Gómez de Avellaneda, la espada y la pluma, dices bien, mujeres tremendas entre dos símbolos fálicos ¡Ja, Ja! Sí, después de El Ángel Agotado, la poesía, si vuelve, será de otra manera, desde que lo escribí supe que ahí estaba, que en ese sentido, poco o nada me quedaba por decir, en cuanto a las novelas, tiene que ver con muchas cosas, en primer lugar, el reto y en segundo, las leyes del mercado, no olvides que el del poeta sigue siendo el “turno del ofendido”; en tercero, la conciencia muy clara de que El Ángel…está ahí, se defiende y me defiende, me sobrevivirá porque no hay nada que demostrar, dicho lo dicho, muerta la vanidad, la verdad es lo que queda.
– Un deseo que quieras compartir con los lectores.
- De compartir se trata, no un deseo, sino una certeza: Existen sólo dos emociones: Amor o miedo, la decisión de a cuál obedecemos es el estrecho margen que solemos llamar Libre albedrío. Yo decidí Ser Amor, esa es mi libertad. ¿Y la tuya?

MARTA LYNCH

Nació en La Plata el 8 de marzo de 1925, como Marta Lía Frigerio, se casó con un abogado de la clase alta argentina, con el que tuvo tres hijos, y con cuyo apellido firmó sus obras. Estudió literatura en la facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires y describió con su obra y con el derrotero de su vida, el drama, las contradicciones y los vaivenes políticos y sociales de nuestro país. Entre 1956 y 1958 actuó en el Comité Nacional Radical junto a Arturo Frondizi, con quien estuvo vinculada afectivamente y militó en el desarrollismo en la década del sesenta, en 1973 fue invitada a ocupar el charter que regresaba a Perón del exilio, en los primeros setenta se fascinó con el movimiento Montoneros, interpretó la violencia guerrillera y escribió, en torno a la figura del Che, El cruce del río; renegó de todo ello en 1976, al instalarse la dictadura militar, que defendió con fervor fuera del país. Se la vinculó afectivamente con el represor Emilio Massera, a quien en algún momento asesoró en la revisión de sus discursos, pero estuvo entre los pocos personajes públicos que reclamaron por la aparición con vida de Haroldo Conti, y en sus últimos años adhirió al radicalismo que impulsaba Raúl Alfonsín. Ficcionalizó al ex presidente Frondizi en La alfombra roja y a Massera como el Vargas de Informe bajo llave, quizás la primera novela argentina donde se narran la represión y la desaparición de personas. Publicó La alfombra roja (Fabril Editora, 1962 /Losada, 1966/2000), Al vencedor (Losada, 1965), Los cuentos tristes (Centro Editor de América Latina, 67/Merlín, 1971/Planeta,1979), La señora Ordóñez (Jorge Álvarez, 1970/Sudamericana,1987), Cuentos de colores (Sudamericana, 1970), El cruce del río (Sudamericana, 1972), Un árbol lleno de manzanas (Sudamericana, 1974), Los dedos de la mano (Sudamericana, 1976/Alfaguara, 1977), La penúltima versión de la Colorada Villanueva (Sudamericana, 1979), Los años de fuego (Sudamericana, 1980), Páginas de Marta Lynch (Celtia, 1983) Toda la función y La despedida (Editorial Abril, 1982), Informe bajo llave (Sudamericana, 1983), No te duermas, no me dejes (Sudamericana, 1985), Páginas de Marta Lynch (Gedisa, 2000).

Abrumada por una fuerte crisis depresiva, se suicidó el 8 de octubre de 1985. Obtuvo el premio Municipal de Literatura por Cuentos de colores y fue jurado del Premio Casa de las Américas. En los años 80, La señora Ordóñez fue adaptada a la televisión, bajo la dirección de María Herminia Avellaneda y con Luisina Brando en el rol protagónico.

Ella dijo

La política me sacó de mi comodísimo mundo de la calle Madero (...) Era un mundo redondo, blando, perfecto. Y allí lo conocí a Arturo Frondizi, que irrumpió con su mundo y me sacó de esa blandura. Citado por Patricia Kolesnico, en Marta Lynch, un personaje trágico. http://www.clarin.com/diario/2000/10/09/s-04801.htm

El tema de los desaparecidos es una de las lacras espeluznantes de un período de la vida argentina difícil de calificar. [...] Parece que la mafia hubiera tomado a la Argentina como campo de batalla. Y en cuanto al hallazgo de las fosas comunes no puede caberme más que el horror. Todos sabíamos que esos muertos, esos desaparecidos, tenían que estar en alguna parte, pero la aparición de esos cuerpos sin nombres, amontonados, me hace acordar a los campos de concentración de Auschwitz. Revista Radiolandia, citado en El enigma de lo subversivo en Informe bajo llave de Marta Lynch, Corinne Pubill. Tesis doctoral. Université de Perpignan.

La verdad es que yo estoy escribiendo un largo informe que servirá a las futuras generaciones de extraviados, a los indefensos, a los que se han equivocado. Citado en El enigma de lo subversivo en Informe bajo llave de Marta Lynch, Corinne Pubill. Tesis doctoral. Université de Perpignan.

A mí no me ha sostenido la crítica, por cierto, que a veces ha sido feroz conmigo por razones que nada tenían que ver con la literatura, sino con mi persona, por cuestiones políticas, a menudo; pero el lector medio ha sido de una fidelidad total. Martha Paley de Francescato, Entrevista a Marta Lynch, Hispamerica, n. 10, 1975.

A nosotros (David Viñas, Haroldo Conti, Germán Rosenmacher, Rodolfo Walsh) nos interesa más el fondo que la forma. Respetamos y admiramos a Borges pero la nuestra es la vertiente de Roberto Arlt que escribía muy mal pero decía las grandes verdades de la realidad argentina. Pertenezco pues a la generación comprometida con mi tiempo y con los combates ideológicos de mi tiempo. Carta personal a la investigadora Amy Kaminsky

Se dijo de ella
… poco menos que única entre nosotros, por su ímpetu y destreza narrativa y por haber incorporado a nuestra literatura personajes como la señora Ordóñez o la Colorada Villanueva, acaso arquetípicos de nuestro medio. Alberto Girri
Informe... es, sin lugar a dudas, una novela peligrosísima para Lynch, ya no en el sentido de los riesgos que corre la artista en los peores momentos de América Latina, sino en las equivocaciones a las que el texto puede prestarse.
David W. Foster, Narrativa testimonial argentina durante los años del Proceso, en AA. VV., Testimonio y Literatura, Society for the Study of Contemporary Hispanic and Lusophone Revolutionary Literatures, n. 3, Minneapolis, Minnesota, 1986


… one of the most interesting political novels of the last rounds of Argentine dictatorship. David William Foster. “Raping Argentina: Marta Lynch in "Informe bajo llave”. The Centennial Review, 1991.
La penúltima versión de la Colorada Villanueva
(fragmento)
Entra en la habitación como si algo -¿el aire?- la empujase hacia adelante. Entra, respirando ansiosamente por la boca sobre la que se conserva un aire niño, quizá, los dientes algo prominentes, no mucho, sí lo suficiente para dar a su fisonomía aquel envidiable aire juvenil, aire de zorra, zorra también en el pelaje rojizo que ondea algunos centímetros arriba de los hombros; rojizo con ayuda de Joseph y así es Joseph quien la llama afectuosamente: su turno, venga de una vez, Colorada. La llamaban Colorada sus padres, sus maestros, los chicos de la cuadra, único ámbito memorable por el que transitó su infancia. Y aunque no lo era del todo – oh no, sólo una argentina típica y castaña- siempre le gustó el apodo. De adolescente, hurgaba sus brazos y sus piernas para descubrir el vello rojizo que la destacaba entre las demás. Una colorada en el barrio de Belgrano, Buenos Aires, no era común.

Y entra, echando aires, un poco porque siempre le ha costado desplazarse –sus pulmones, su tos constante-, otro tanto porque ha crecido, ya es casi lo que la gente llama una mujer mayor; y de mayor se va perdiendo la seguridad en el trato, la forma de mantenerse erguida o de sentarse. Como un viento de confuso origen ella siente que su estadio de mujer mayor le quita oportunidades de gracia y de estabilidad. Están las manos que –como otrora, a los trece, por ejemplo- se convierten en instrumentos difíciles de manejar. Están las piernas, más pesadas. Están los ojos y el cabello, colorado con la ayuda de Joseph, tan espeso y compacto, todavía legendario.

Entra, por fin, segura al menos de que encontrará a los otros. Ellos la acompañan desde tanto tiempo atrás aun cuando se halle convencida de que lo de la compañía puede discutirse, discutir hasta desgañitarse, desgañitarse si entran a darle a la política o a los temas de la moral de hoy. Últimamente, ni siquiera es preciso remontarse tanto; cualquier tema es apto para que se atrincheren en necedades y férreas convicciones, en discusiones de hecho y derechos, alguna mezquindad, un pretendido rencor. Si compañía se llama al combate, ella tiene compañía. Y pensarlo da mayor firmeza a sus pasos y una linda expresión al rostro que, como el de todos, para algunos es bello, para otros, desastroso. Quizá a la gente mayor también la abruma –junto con la inseguridad- ese entorno ambiguo con que cada cosa de la vida se rodea, parece coexistir con la razón opuesta, esto es negro pero según le dé la luz parecerá rojizo como el pelo de la Colorada o amarillo como el pelo de Dolores que también entra, con paso alado, en la habitación.

Aproximaciones a Lezama Lima, su poética, claro está

Pronunciar Lezama Lima es invocar no sólo un estilo particular. Es apenas la punta de un iceberg. Es carga estructural y semántica.

Si bien la poesía se ha visto diversificada en diversas estéticas y escuelas, me quiero detener únicamente en las dos antípodas generales. La primera es aquella poesía, digamos, limpia en donde el poema (objeto) es un cuerpo desnudo, transparente, sencillo. Entre más austeridad y simpleza en la utilización de recursos más se cumple el objetivo de esta vertiente, entre menos accesorios, más pureza. Entre más diáfana la imagen y su contenido, mejor.
La segunda es el extremo. Entre más sofisticación, más complejidad, entre más estado de delirio y recursos estéticos, más eficaz es el poema. El derroche y la superposición neo-barroca no sólo del estilo, si no también de la estructura semántica en el texto son marcas explicitas que definen una cosmovisión estética del mundo poético. A esta marca correspondería la línea literaria de José Lezama Lima, en donde la exquisitez del producto radica en su sofisticación y originalidad.
A raíz de mi acercamiento al poeta con Muerte de Narciso, poemas dispersos y la selección de poemas realizada por Cobo Borda fui descubriendo y comprobando la intensidad y el equilibrio lírico que caracteriza la estética lezamiana. Estamos pues ante una solida unidad conceptual y estilística que identifica y etiqueta la inconfundible pluma de este poeta a lo largo de la construcción de su obra. Y si a esto le agregamos el contexto socio-político las virtudes resaltan aún más en la poesía de Lima. Porque sabemos que la historia de la literatura cubana ha atravesado momentos claves que han pretendido definirla, sin embargo tomando en cuenta el asenso de la revolución castrista en 1959 y el proceso de cambios dirigidos por la ideología del comunismo, nos damos cuenta que las aspiraciones y ejecuciones de Lezama Lima se mantuvieron intactas, lo que da a su obra una particularidad y un valor agregado debido al contexto en que fue escrita. Pero más que la vida y el entorno social del poeta, el objetivo principal del presente ensayo es acercarme a los lineamientos generales, a la base que sustenta la poesía de Lezama Lima.
Nos dice Ramón Xirau en “José Lezama Lima: De la imagen y la semejanza” , que la poética lezamiana empieza por ser “poética de la metáfora y de la imagen. La metáfora entendida como transposición, analogía, metamorfosis.
Es decir que “en el sistema poético del mundo que propone Lezama, el origen y el fin están en una sola palabra: imago, imagen”. Si bien otros poetas como Rubén Darío cimentaron su poesía en la musicalidad (apelando al sentido del oído) en Lezama Lima el alfa y omega radica en la imagen, a como señala Xirau. Y evidencia de esto son sus poemas, pues cada uno se encuentra cargado de un ramillete de imágenes completamente novedosas, auténticas y propias, y lo que es más sorprendente conducidas por un hilo racional casi imperceptible, como si la razón fuese de cristal y estuviera a punto de romperse en cualquier momento. En este sentido para Lezama el proyecto racional, a la manera clásica, es secundario y prima ante todo la estética de una imagen lírica aparentemente irracional.
Otro aspecto a destacar es la cuestión de la apariencia, a este respecto Cintio Vitier (citado por Xirau) afirma que con Lezama “ el poeta busca una imitación verbal de la insondable apariencia”. Y aquí se nos plantea otro cimiento de la poética de Lima, que enlazado con la imago nos lleva a deducir que una de las principales acciones lezamianas consiste en la búsqueda y en la representación de la apariencia metafísica y/o de lo espiritual. Pareciera pues que Vitier le resta un porcentaje de creación al proceso de producción poética lezamiana pues podríamos interpretar que Lezama, el poeta, según Vitier, pretende imitar verbalmente la imagen “insondable”, aquello misterioso e intangible que está más allá de nosotros pero que ya existe, es decir que Vitier establece categorías fijas (prefijadas) de la apariencia, del supuesto “look” del contenido al que Lezama da forma en el poema. Dicho en otras palabras el contenido espiritual ya está ahí desde antes (esto nos plantea muchas dudas pues habría que preguntarse las causas del origen y los sujetos activos de “eso que ya existe” y en definitiva es otro tema), tiene su autonomía e historia propia, Lezama lo busca, lo identifica, lo filtra a través de la forma original que él fabrica, lo imita pues con lenguaje poético y lo (re) presenta. Lo que significa que para Vitier esa “insondable apariencia” es “parecida” a la poesía de Lezama. Pareciera pues que la insondable apariencia es la “apariencia superior” (las comillas son todas mías), lo que nos revelaría más del pensamiento de Vitier que de Lezama propiamente. Lezama, entonces, en la mente de Vitier imita cómo luce o cómo le parece que luce “lo más allá”, más no la cuestión en sí, se trata entonces de la esencia de la apariencia, en donde Lezama sería el destilador, el (trans) formador, el convertidor, el traductor del contenido de la imagen (del contenido de la imagen, no el contenido del contenido) de la apariencia a nuestro y/o a su mundo poético. Lezama pues produce y crea forma, no temática. Aunque yo prefiero inclinarme a creer que la estructura semántica en Lezama es también una propuesta legítima y original de cómo él percibe “lo más allá”, es decir que más que verdad, es, digamos, ficción fabricada también por Lezama. Lezama no es entonces un simple traductor, un simple imitador verbal de “superficialidades espirituales” (las comillas también son mías) aunque no haya sido precisamente ésta la intención (consciente) crítica de Vitier, de plantear o sugerir lo antes dicho.
Lezama por su lado llegó a decir que “el poeta anda en busca del eterno reverso enigmático tanto de lo oscuro o lejano como de lo claro o cercano”. Y apunta Xirau que “habría que añadir, con todo, que “la insondable” apariencia” y el “reverso enigmático” son expresiones metafóricas para referirse y referirnos a lo que de verdad le importa a Lezama Lima: para referirse a Dios”.
Saúl Yurkievich lo plantea así: “ Sus personales mezclas transculturales, transhistóricas actúan como transporte extrañador y sublimante. Si algún conocimiento proponen es el fantasmal de lo fantástico o de la maravilla esotérica”.
La poesía sería pues –una especie de- religión, y así lo señala Julio Ortega en “Lezama y la biblioteca de Cemi”: (…) “esa necesidad unitaria se cumple en Lezama por lo menos a partir de dos fuentes proyectivas. La primera hunde sus raíces en nuestra tradición más característica: el pensamiento cristiano; la segunda, en la tradición órfica: la fe en la poesía como camino de revelación. Ambas fuentes se unen en su obra, porque se equivalen: la experiencia poética es una forma equivalente a la experiencia religiosa”.
A su vez, Guillermo Sucre en Lezama Lima: El logos de la imaginación, afirma que: “ejercer toda autonomía verbal dentro de un verdadero sistema poético del mundo: esto es lo que intenta hacer Lezama Lima. La poesía como lo real absoluto y la filosofía como operación absoluta (Novalis). Mas radical aun: solo este sistema podría reemplazar a la religión”.
¿Se trataría entonces del conocimiento, búsqueda y representación de la apariencia (poética) de Dios? ¿De la búsqueda incesante de la imagen de la forma divina? ¿Serían estos los verdaderos propósitos lezamianos? Dejo las preguntas al aire para ahondarlas en otra ocasión.
Lezama Lima, su obra en todo caso, pretende alejarse de los filtros de la razón hegemónica, y en otro ámbito, del paisaje o realidad en estado puro. Para Lezama no hay poesía sin transformación o alteración de la realidad, sea esta poética u de otra índole. Y lo que es todavía más interesante, cada creación tiene sus propias leyes, lo que nos conduce a emparentar a Lezama Lima con el estructuralismo europeo. Yurkievich escribe: “Abolida toda censura racional y realista, la imaginación sin ataduras se libra al imperio de su propio dinamismo”.
Una vez apartada la razón, entramos al placer y sus principios. O mejor dicho al principio del placer en la poética lezamiana. Al respecto anota Yurkievich: “Es esta una poesía empedernidamente hedónica. De inmediato se propone como objeto estético, halagador, sensual, suntuario. Deleite ocioso, desinteresado gozo, (…) Posibilita el contacto con otra realidad por desacato al orden del realismo utilitario (...) triunfo total del principio de placer sobre el principio de realidad: Lezama Lima se aleja al máximo de la verosimilitud realista (…) abandona cabalmente el ámbito de lo real convenido para instalarse en el imperio de lo fabuloso”. Y por placer, por el sencillo gesto creativo de lo sensual y lo sublime. Lo sensual ubicado en la temática fantasmal pero con forma erótica (subrayo forma, no fondo). La forma en Lezama es placer, es desborde, es derroche, es exceso equilibrado, exquisitez. Su religión poética se integra a una expresión verbal del placer.
La poesía es pues un misterio (un misterio que le y que produce placer) y hay que entregarse a ese misterio “que se revela y se vela”. La poesía en él es pues un camino y el camino también se corresponde o correlaciona con la poesía.
Una vez considerado todo lo anterior, podría establecer que con la poesía de Lezama Lima entramos en un complejo mundo de recreación estética. En su poesía prima la sofisticación de la imagen. La imagen es el medio y al mismo tiempo es el fin. La imagen es el medio que nos conduce a la sofisticación estética. El fin es un instrumento del medio para que el medio brille y protagonice el poema. Ambos brillan en el escenario literario.
En Lezama el espejo de la realidad es “reformado y transformado”. Lo trascendente fluctúa entre los polos, entre la metafísica, el espíritu, la materia y los cuerpos.