Carlos Gardel

Carlos Gardel nació en Toulouse, Francia, el 11 de diciembre de 1890, por los inescrutables designios del destino, ese lejano día en el Hospital San José de la Grave veía la luz el más perdurable mito porteño, extraño y exclusivo fenómeno que se fué trasmitiendo de generación en generación y aún perdura entre muchos habitantes de Buenos Aires. Un sueño impostergable que se convirtió en realidad tangible bajo el nombre de Carlos Gardel, y fué en la Babilonia del Sur donde cuajó el misterio de su voz única e intemporal, donde se forjó la magia de su presencia vigente y definitivamente incorporada a los archivos de nuestras retinas como una imagen familiar y querida. Carlos Gardel está presente en la iconografía y el patrimonio popular de Buenos Aires como no alcanzó ningun otro personaje de la ciudad. Su sonrisa cómplice saluda diariamente a millones de habitantes de la gran urbe del sur desde los lugares más impensados, desde los quioscos de prensa como primera estación del dia donde recalan los porteños para adquirir sus fuentes de información, desde la decoración de los medios de transporte en los que se abigarran los trabajadores rumbo a sus respectivos puestos de labor, desde los bares y cafés donde se mezclan los reconfortantes olores del café con leche matinal con el humor, la reflexión y la bronca que destila el ciudadano de Buenos Aires diariamente en estos verdaderos templos de la comunicación, en todas partes está Carlitos como un invitado omnipresente e infaltable.

El sábado 11 de marzo de 1893, desde el lejano puerto francés de Burdeos arribaba a Buenos Aires un barco llamado "Dom Pedro", en sus entrañas había realizado una larga y espectante travesía Doña Berthe Gardes, un viaje que pudo estar signado por las incertidumbres y los miedos que deben haber acuciado a esa valiente mujer ante la encrucijada más importante de su vida, francesa de 27 años, viuda, de profesión planchadora, católica y con pasaporte N°- 94, de su mano desembarcaba un niño de 2 años y 3 meses, su hijo Charles, datos que fueron registrados por la Dirección General de Inmigraciones de la República Argentina con los números de orden 121 y 122 respectivamente. En aquel momento, Berthe, comenzaba una aventura basada en la esperanza de una vida mejor lejos de incomprensiones y humillaciones propiciadas por su condición de madre soltera, felizmente estas intolerancias hoy han sido superadas, era el sueño de millones de emigrantes que encontraban en aquellas lejanas y desconocidas tierras un abrigo generoso a tantas penurias pasadas en sus lugares de origen, la suerte sería dispar pero los brazos solidarios se abrieron para todos por igual. En aquella ciudad convulsionada por reformas estructurales, tanto sociales como urbanísticas, se fue formando aquel inquieto joven francés asimilando las costumbres y la forma de ser de los nativos. Las andanzas del "Francesito" en su afán de ganar unas monedas para complementar la economía familiar, lo llevaron a frecuentar cafetines donde entre copas de ginebra, espeso humo de tabaco y auditorio generalmente non santo desplegaban su ingenio los payadores, una suerte de juglares poseedores de las tradiciones rurales que difundían su saber popular en los circos y tablados suburbanos, de estos festejados personajes aprendió los rudimentos de la expresión vocal y un elemental tangido de la guitarra. Ya convertido en el "Morocho del Abasto", en clara referencia a su barrio de actuación, su fama se fue extendiendo por todos los rincones de Buenos Aires, la simpatía y la magia de una voz que ya se perfilaba como un fenómeno diferenciado fueron los bagajes capitales para ir cimentando un futuro de éxitos. Un futuro soñado, pero tal vez nunca imaginado tan esplendoroso por el propio Carlitos en aquellos augurales años de trovador de reuniones familiares y cafetines conocidos. La tantas veces despótica e indiferente Buenos Aires se fue enamorando de su voz, la hizo suya y le brindó al hombre su gesto más galante, tendiéndole su mano para guiarlo por el camino de sus escasos elegidos.

¿Dónde radicó el misterio para conquistar a tan bella y en ocaciones perversa urbe?, ¿qué extraños resortes se activaron en el interior de Buenos Aires para que ésta le ofreciera su cara más agraciada?, sólo el diálogo indescifrable de la mitología tiene la respuesta, los mitos se enamoran de sus pares y juntos transitan los mundos surrealistas vetados al común de los mortales.

De pie lo aplaudió su público porteño y un barco lo devolvió a su Europa original para conquistar nuevas sensibilidades, primero Madrid después Barcelona, la ciudad Condal a orillas del Mediterráneo lo coronó como el monarca indiscutible del tango, allí, sobre los escenarios del Teatro Goya y del emblemático Teatro Principal de las Ramblas barcelonesas se consolidó el éxito que más tarde se extendió a la exigente Paris y posteriormente a la cosmopolita Nueva York. El embrujo de su voz cautivó a todos los auditorios, sobrevolando por encima de murallas lingüisticas y culturales, su presencia iluminó rostros y fascinó féminas, sus gestos nobles y fraternales generaron el acercamiento de hombres de todas latitudes, la generosa amistad que siempre prodigó fue su moneda universal de cambio por todos los caminos que recorrió por el mundo. Ya quedó Carlos Gardel vivo perpetuado en el celuloide que nos invita a tutearlo en la intimidad colectiva de la penumbra cinematográfica, el color inconfundible de su voz eterna nos acompaña cada día más clara y profética en los momentos de recojida y personal espiritualidad desde los surcos de los discos, su imágen instántanea fué atrapada en históricos negativos de cristal, conformando una pirueta existencial que burla las acciones del tiempo y el olvido. En este libro queremos recojer una parte de su gran legado fotográfico, escapando del tono sepia que invade los recuerdos lejanos y caducados, intentamos mantener viva la presencia intemporal del más grandes de los mitos porteños, Carlos Gardel.

SIN PAPELES

La identidad de una persona no es el nombre que tiene, el lugar donde nació, ni la fecha en que vino al mundo. La identidad de una persona consiste, simplemente, en ser, y el ser no puede ser negado. Presentar un papel que diga cómo nos llamamos y dónde y cuándo nacimos, es tanto una obligación legal como una necesidad social. Nadie, verdaderamente, puede decir quién es, pero todos tenemos derecho de poder decir quiénes somos para los otros. Para eso sirven los papeles de identidad.
Negarle a alguien el derecho de ser reconocido socialmente es lo mismo que retirarlo de la sociedad humana. Tener un papel para mostrar cuando nos pregunten quiénes somos es el menor de los derechos humanos (porque la identidad social es un derecho primario) aunque es también el más importante (porque las leyes exigen que de ese papel dependa la inserción del individuo en la sociedad).
La ley está para servir y no para ser servida. Si alguien pide que su identidad sea reconocida documentalmente, la ley no puede hacer otra cosa que no sea registrar ese hecho y ratificarlo.
La ley abusará de su poder siempre que se comporte como si la persona que tiene delante no existe. Negar un documento es, de alguna forma, negar el derecho a la vida. Ningún ser humano es humanamente ilegal, y si, aún así, hay muchos que de hecho lo son y legalmente deberían serlo, ésos son los que explotan, los que se sirven de sus semejantes para crecer en poder y riqueza. Para los otros, para las víctimas de las persecuciones políticas o religiosas, para los acorralados por el hambre y la miseria, para quien todo le ha sido negado, negarles un papel que les identifique será la última de las humillaciones.


Ya hay demasiada humillación en el mundo, contra ella y a favor de la dignidad, papeles para todos, que ningún hombre o mujer sea excluido de la comunidad humana.


Jose Saramago
Diciembre de 1998

Los siete saberes según EDGAR MORIN


Sociólogo e investigador francés (París, 1921) de fuerte ascendencia en círculos académicos.Es autor de El espíritu de la época (1962), Introducción a una política del hombre (1965), La Comuna en Francia: la metamorfosis de Plodémet (1967), El rumor de Orleans (1970), Diario de California (1971), El método (1977), Qué es el totalitarismo. De la naturaleza de la URSS (1983), Tierra-patria (1993), Para salir del siglo XX (1996) y Amour, poésie, sagesse (1998). Galardonado con el premio Médicis de comunicación (1992), y la Legión de Honor y el premio Internacional de Cataluña en 1994.Continuando con nuestra serie de publicaciones , en esta oportunidad se extractan los principios esenciales de lo que él consideró los saberes imprescindibles que deberá afrontar el sistema educativo para constituirse en relevante y significativo , esos saberes son:

1. Una educación que cure la ceguera del conocimiento.
Todo conocimiento conlleva el riesgo del error y de la ilusión. La educación del futuro debe contar siempre con esa posibilidad. El conocimiento humano es frágil y está expuesto a alucinaciones, a errores de percepción o de juicio, a perturbaciones y ruidos, a la influencia distorsionadora de los afectos, al imprinting de la propia cultura, al conformismo, a la selección meramente sociológica de nuestras ideas, etc.

Se podría pensar, por ejemplo que, despojando de afecto todo conocimiento, eliminamos el riesgo de error. Es cierto que el odio, la amistad o el amor pueden enceguecernos, pero también es cierto que el desarrollo de la inteligencia es inseparable del de la afectividad. La afectividad puede oscurecer el conocimiento pero también puede fortalecerlo.

Se podría también creer que el conocimiento científico garantiza la detección de errores y milita contra la ilusión perceptiva. Pero ninguna teoría científica está inmunizada para siempre contra el error. Incluso hay teorías y doctrinas que protegen con apariencia intelectual sus propios errores.

La primera e ineludible tarea de la educación es enseñar un conocimiento capaz de criticar el propio conocimiento. Debemos enseñar a evitar la doble enajenación: la de nuestra mente por sus ideas y la de las propias ideas por nuestra mente. "Los dioses se nutren de nuestras ideas sobre Dios, pero inmediatamente se tornan despiadadamente exigentes". La búsqueda de la verdad exige reflexibilidad, crítica y corrección de errores. Pero, además, necesitamos una cierta convivencialidad con nuestras ideas y con nuestros mitos. El primer objetivo de la educación del futuro será dotar a los alumnos de la capacidad para detectar y subsanar los errores e ilusiones del conocimiento y, al mismo tiempo, enseñarles a convivir con sus ideas, sin ser destruidos por ellas.

2. Una educación que garantice el conocimiento pertinente.
Ante el aluvión de informaciones es necesario discernir cuáles son las informaciones clave. Ante el número ingente de problemas es necesario diferenciar los que son problemas clave. Pero, ¿cómo seleccionar la información, los problemas y los significados pertinentes? Sin duda, desvelando el contexto, lo global, lo multidimensional y la interacción compleja.

Como consecuencia, la educación debe promover una "inteligencia general" apta para referirse al contexto, a lo global, a lo multidimensional y a la interacción compleja de los elementos. Esta inteligencia general se construye a partir de los conocimientos existentes y de la crítica de los mismos. Su configuración fundamental es la capacidad de plantear y de resolver problemas.

Para ello, la inteligencia utiliza y combina todas las habilidades particulares. El conocimiento pertinente es siempre y al mismo tiempo general y particular. En este punto, Morin introdujo una "pertinente" distinción entre la racionalización (construcción mental que sólo atiende a lo general) y la racionalidad, que atiende simultáneamente a lo general y a lo particular.

3. Enseñar la condición humana
Una aventura común ha embarcado a todos los humanos de nuestra era. Todos ellos deben reconocerse en su humanidad común y, al mismo tiempo, reconocer la diversidad

cultural inherente a todo lo humano. Conocer el ser humano es situarlo en el universo y, al mismo tiempo, separarlo de él. Al igual que cualquier otro conocimiento, el del ser humano también debe ser contextualizado:

Quiénes somos es una cuestión inseparable de dónde estamos, de dónde venimos y a dónde vamos. Lo humano es y se desarrolla en bucles: a) cerebro- mente- cultura b) razón - afecto - impulso c) individuo - sociedad -especie. Todo desarrollo verdaderamente humano significa comprender al hombre como conjunto de todos estos bucles y a la humanidad como una y diversa. La unidad y la diversidad son dos perspectivas inseparables fundantes de la educación. La cultura en general no existe sino a través de

las culturas. La educación deberá mostrar el destino individual, social, global de todos los humanos y nuestro arraigamiento como ciudadanos de la Tierra. Éste será el núcleo esencial formativo del futuro.

4. Enseñar la identidad terrenal
La historia humana comenzó con una dispersión, una diáspora de todos los humanos hacia regiones que permanecieron durante milenios aisladas, produciendo una enorme diversidad de lenguas, religiones y culturas. En los tiempos modernos se ha producido la revolución tecnológica que permite volver a relacionar estas culturas, volver a unir lo disperso... El europeo medio se encuentra ya en un circuito mundial del confort, circuito que aún está vedado a tres cuartas partes de la humanidad. Es necesario introducir en la educación una noción mundial más poderosa que el desarrollo económico:

el desarrollo intelectual, afectivo y moral a escala terrestre.

La perspectiva planetaria es imprescindible en la educación. Pero, no sólo para percibir mejor los problemas, sino para elaborar un auténtico sentimiento de pertenencia a nuestra Tierra considerada como última y primera patria. El término patria incluye referencias etimológicas y afectivas tanto paternales como maternales. En esta perspectiva de relación paterno- materno- filial es en la que se construirá a escala planetaria una misma conciencia antropológica, ecológica, cívica y espiritual. "Hemos tardado demasiado tiempo en percibir nuestra identidad terrenal", dijo Morin citando a Marx ("la historia ha progresado por el lado malo") pero manifestó su esperanza citando en paralelo otra frase, en esta ocasión de Hegel: "La lechuza de la sabiduría siempre emprende su vuelo al atardecer."

5. Enfrentar las incertidumbres
Todas las sociedades creen que la perpetuación de sus modelos se producirá de forma natural. Los siglos pasados siempre creyeron que el futuro se conformaría de acuerdo con sus creencias e instituciones. El Imperio Romano, tan dilatado en el tiempo, es el paradigma de esta seguridad de pervivir.

Sin embargo, cayeron, como todos los imperios anteriores y posteriores, el musulmán, el bizantino, el austrohúngaro y el soviético. La cultura occidental dedicó varios siglos a tratar de explicar la caída de Roma y continuó refiriéndose a la época romana como una época ideal que debíamos recuperar. El siglo XX ha derruido totalmente la predictividad del futuro como extrapolación del presente y ha introducido vitalmente la incertidumbre sobre nuestro futuro. La educación debe hacer suyo el principio de incertidumbre, tan válido para la evolución social como la formulación del mismo por Heisenberg para la Física. La historia avanza por atajos y desviaciones y, como pasa en la evolución! biológica, todo cambio es fruto de una mutación, a veces de civilización y a veces de barbarie. Todo ello obedece en gran medida al azar o a factores impredecibles.

Pero la incertidumbre no versa sólo sobre el futuro. Existe también la incertidumbre sobre la validez del conocimiento. Y existe sobre todo la incertidumbre derivada de nuestras propias decisiones. Una vez que tomamos una decisión, empieza a funcionar el concepto

ecología de la acción, es decir, se desencadena una serie de acciones y reacciones que afectan al sistema global y que no podemos predecir. Nos hemos educado aceptablemente bien en un sistema de certezas, pero nuestra educación para la incertidumbre es deficiente. En el coloquio, respondiendo a un educador que pensaba que las certezas son absolutamente necesarias, Morin matizó y reafirmó su pensamiento: "existen algunos núcleos de certeza, pero son muy reducidos.

Navegamos en un océano de incertidumbres en el que hay algunos archipiélagos de certezas, no viceversa."

6. Enseñar la comprensión
La comprensión se ha tornado una necesidad crucial para los humanos. Por eso la educación tiene que abordarla de manera directa y en los dos sentidos: a) la comprensión interpersonal e intergrupal y b) la comprensión a escala planetaria. Morin constató que comunicación no implica comprensión.

Ésta última siempre está amenazada por la incomprensión de los códigos éticos de los demás, de sus ritos y costumbres, de sus opciones políticas. A veces confrontamos cosmovisiones incompatibles. Los grandes enemigos de la comprensión son el egoísmo, el etnocentrismo y el sociocentrismo. Enseñar la comprensión significa enseñar a no reducir el ser humano a una o varias de sus cualidades que son múltiples y complejas. Por ejemplo, impide la comprensión marcar a determinados grupos sólo con una etiqueta: sucios, ladrones, intolerantes. Positivamente, Morin ve las posibilidades de mejorar la comprensión mediante: a) la apertura empática hacia los demás y b) la tolerancia hacia las ideas y formas diferentes, mientras no atenten a la dignidad humana.

La verdadera comprensión exige establecer sociedades democráticas, fuera de las cuales no cabe ni tolerancia ni libertad para salir del cierre etnocéntrico. Por eso, la educación del futuro deberá asumir un compromiso sin fisuras por la democracia, porque no cabe una comprensión a escala planetaria entre pueblos y culturas más que en el marco de una democracia abierta.

7. La ética del género humano
Además de las éticas particulares, la enseñanza de una ética válida para todo el género humano es una exigencia de nuestro tiempo. Morin presenta el bucle individuo - sociedad - especie como base para enseñar la ética venidera.

En el bucle individuo- sociedad surge el deber ético de enseñar la democracia. Ésta implica consensos y aceptación de reglas democráticas. Pero también necesita diversidades y antagonismos. El contenido ético de la democracia afecta a todos esos niveles. El respeto a la diversidad significa que la democracia no se identifica con la dictadura de la mayoría.

En el bucle individuo - especie Morin fundamenta la necesidad de enseñar la ciudadanía terrestre. La humanidad dejó de ser una noción abstracta y lejana para convertirse en algo concreto y cercano con interacciones y compromisos a escala terrestre.

Morin dedicó a postular cambios concretos en el sistema educativo desde la etapa de primaria hasta la universidad: la no fragmentación de los saberes, la reflexión sobre lo que se enseña y la elaboración de un paradigma de relación circular entre las partes y el todo, lo simple y lo complejo. Abogó por lo que él llamó diezmo epistemológico, según el cual las universidades deberían dedicar el diez por ciento de sus presupuestos a financiar la reflexión sobre el valor y la pertinencia de lo que enseñan.

CESARE PAVESE: entre el exilio y la infancia

Este artículo propone un análisis parcial de la producción del piamontés Cesare Pavese. El eje de lectura seleccionado, como ya lo sugiere su título, es el tema del exilio en su vinculación con otra constante temática en la obra del escritor italiano: la infancia y el retorno a los orígenes. La tesis sustentada descansa en dos variantes semánticas: [1] Pavese aborda el problema del exilio, ante todo, como una categoría antropológica: la idea de la existencia del hombre como separado del mundo, como eterno exiliado sobre la tierra; 2. la obstinada búsqueda del autor por recuperar el paraíso de la infancia, deviene de la actitud de sacralización del pasado –nota particular del exilio–, de la necesidad de reconstruir un pretérito absoluto, ajeno a la consciencia histórica.
Si se quisiera partir de una definición de diccionario, de acuerdo con el de la Real Academia Española, la palabra ‘exilio’ tiene dos acepciones fundamentales: 'separación de una persona de la tierra en que vive', 'expatriación, generalmente por motivos políticos’.
Tal como puede advertirse, el matiz diferencial entre ambas acepciones marca una diferencia importante. En el primer caso se trata de estar "fuera de" aquel espacio que las circunstancias, o el destino si se quiere, le han asignado a un ser humano como el ámbito en el cual habrán de activarse, por lo menos, sus primeras vivencias; espacio del cual se encuentra disociado, sea por voluntad propia, sea por factores más o menos determinantes que se lo han exigido, de manera directa o indirecta. En el segundo caso, "exilio" es sinónimo de "destierro", o sea una pena impuesta por el poder político o civil, en función de la que le está negado al depositario de ese castigo vivir en su propia tierra, por un lapso transitorio o definitivo. J. L. Abellán llega a sostener que el exilio es siempre sinónimo de un alejamiento voluntario, en tanto que el destierro responde a la imposición del poder político(2).
No obstante esa distinción, a lo largo de este trabajo utilizaré de modo indistinto los dos conceptos, en razón de que, como podrá advertir el lector, aquí interesa fundamentalmente el análisis del sentimiento de desarraigo que el exilio supone, antes que los factores que puedan haberlo motivado. A fin de cuentas, la pérdida o la transmutación de las coordenadas espacio-temporales afectan a la persona aun cuando resulte de un proceso de libre elección(3).
Esa experiencia del desarraigo a la que acabo de hacer mención, deviene de una serie de pérdidas que se sufren en el exilio(4): la de la lengua y la de los demás parámetros culturales que pertenecer a una comunidad lingüística determinada supone. Incluso en el caso de que en el sitio del destierro se utilice la misma lengua del exiliado, el problema de la incomunicación surge de manera ineludible; la del espacio, de la tierra natal como modo religante con la naturaleza y con el mundo social;la de la dimensión temporal: el desterrado llega a "...utilizar como defensa la negación del tiempo presente, que queda como "prensado" entre la vida anterior mitificada y convertida en lo único valioso y la vida futura, representada por la ilusión de conseguir volver al país de origen(5);la de la muerte: "La patria es la tierra donde están enterrados nuestros muertos y donde seremos enterrados"(6).
Esta imposibilidad, o dificultad por lo menos, de desentenderse de las pautas socioculturales y metafísicas –si se me permite este adjetivo tan ambiguo– que afronta el individuo en el exilio, explica la recurrencia del pasado en las imágenes mentales y en las ensoñaciones del desterrado. Al desarraigo se le suma entonces una nostalgia radical, que es justamente la que hace de obstáculo para que el sujeto pueda adaptarse integralmente al nuevo medio en el cual le toca en suerte desenvolverse(7).
Hay otra idea acerca del exilio que resulta fundamental apuntar aquí. Porque si es cierto que Pavese sufrió la experiencia del destierro y ella se ve reflejada en algunas de sus obras, conforme me propongo demostrar a lo largo de este opúsculo el sentimiento de "desarraigo" en la narrativa y la poesía del escritor piamontés trasciende el concepto de "exilio" tal como ha sido planteado hasta aquí. Se trata de la idea del exilio como categoría antropológica, de esa imagen que "desde el Romanticismo presenta al hombre como desgajado de la verdadera vida, separado del mundo, exiliado sobre la tierra".(8)

El concepto de mito en la poética de Cesare Pavese

En diversos ensayos y artículos, e incluso en su diario personal (publicado de manera póstuma como Il mestiere di vivere), Pavese ha sistematizado su concepción sobre el significado del mito como categoría cultural y antropológica.
Resulta conveniente sintetizar aquí estas ideas de Pavese por distintas razones: porque la relación que establece el escritor entre mito y creación poética justifica "per se" la indagación de un trasfondo mítico en su producción literaria; porque la asociación que plantea el mismo Pavese entre mito e infancia permite comprender mejor el significado que ésta asume en su producción, y me será provechosa para explicar cómo, a mi criterio, el sentido de esta isotopía en la literatura del piamontés se vincula directamente con el mito del exilio.
El concepto de mito que sostiene Cesare Pavese se desarrolla a partir de una sólida formación intelectual en este campo, alimentada por las lecturas de James Frazer, Lévy-Bruhl, Thomas Mann, Sigmund Freud, Carl Jung, Mircea Eliade, Paula Philippson y Karl Kerényi, entre otros(9). Pero el estudioso a quien mayor atención le presta Pavese, al menos en esta materia, es Vico. Tanto es así, que Pavese considera a Vico como el precursor en las investigaciones relacionadas con el mito, y fundamentalmente lo respeta porque entiende que ha sido el primero en vincular el mito con la necesidad del hombre de nombrar las cosas, o sea de fijarles un ordenamiento(10). De esta manera, su idea acerca del mito está en estrecha relación con la palabra: el nombre que sirve para superar el "caos" originario y, al mismo tiempo, el valor mágico de la palabra en función de su poder evocativo, de la posibilidad de "revivir elementos esenciales de la realidad nombrándola"(11).
En su ensayo Del mito, del simbolo e d’altro, Cesare Pavese define el mito como "una norma, lo schema d’un fatto avvenuto una volta per tutte, e trae il suo valore da questa unicità assoluta che lo solleva fuori del tempo e lo consacra rivelazione"(12). El mito consiste entonces en una revelación de carácter personal, la manifestación de lo irracional y lo inconsciente primigenio en la historia de cada individuo. Se trata de una revelación que adviene en la infancia, de manera análoga a la forma en que, para cada cultura, sus mitos particulares se originan en los estadios primitivos de la civilización(13).
Como puede advertirse, esta definición tiene un parentesco significativo con la concepción desarrollada por M. Eliade, para quien "los mitos describen las diversas y, a veces, dramáticas, irrupciones de lo sagrado (o de lo "sobrenatural") en el Mundo"(14), vale decir que tienen el valor de una hierofanía(15), una revelación de lo sagrado en lo cósmico. Asimismo, Eliade indica que el mito es "el modelo ejemplar de todas las actividades humanas significativas"(16).
De igual manera, puede trazarse un paralelo entre las ideas de Pavese sobre el mito y la concepción del "tiempo sagrado" y del "espacio sagrado", de los cuales habla Eliade(17). Así, para este último, el tiempo sagrado "se nos presenta como un continuum interrumpido sólo en apariencia por los intervalos profanos"(18), de modo tal que "...todos los rituales tienen la propiedad de ocurrir ahora, en este instante. El tiempo que vio el acontecimiento que se conmemora o se repite con el ritual en cuestión es hecho presente, ‘re-presentado’..."(19). Mientras que Pavese define "l’agire mitico" como "fare una cosa una volta per tutte, che perciò si riempie di significati e sempre se ne andrà riempiendo, in grazia appunto alla sua fissità non piú realistica"(20). Y si Eliade señala que "...la noción de espacio sagrado implica la idea de la repetición de la hierofanía primordial que consagró aquel espacio transfigurándolo, singularizándolo; en una palabra, aislándolo del espacio profano circundante"(21), Pavese escribe en el ensayo antes citado que una de las características "della fiaba mitica, é la consacrazione dei luoghi unici, legati a un fatto a una gesta a un evento. A un luogo, tra tutti, si dà un significato assoluto, isolandolo nel mondo"(22).
No obstante estas similitudes, mientras Eliade insiste en el valor religioso del mito y en su funcionalidad como norma de conducta social, a Pavese le interesa más la relación del mito con el símbolo. Para el escritor italiano "Un mito è sempre simbolico; per questo ha mai un significato univoco, allegorico, ma vive di una vita incapsulata che, a seconda del terreno e dell'umore che l'avvolge, può esplodere nelle piú diverse e molteplici fiorituri."(23)
Por otra parte, ese valor simbólico del mito al que se refiere Pavese, se vincula fundamentalmente con los mitos personales, dado que "los reconoce diversos para cada individuo, reveladores de su ser auténtico"(24). Para este escritor, la empresa primordial en la que se ve comprometido el hombre –no sólo el poeta– es la de ir desvelando esos núcleos de sentido, en sacar a la luz esos múltiples significados que están ocultos en nuestro inconsciente. Se trata de un proceso complejo y siempre inacabado, pues esos símbolos se "fugan" y de esta manera ocultan la parte más rica de cada uno. Ese proceso de aprendizaje encierra el valor mismo de la vida de la persona, en la medida en que "questi simboli del nostro essere sono altro dall’"ideale di vita", che qualcuno potrebbe scorgervi"(25), son los símbolos que podemos reconocer por "...lo sforzo conoscitivo che c’impongono, la tensione delusa e sempre vivace di tutto il nostro essere per afferrarli, incapsularli, incorporarceli nel sangue e conoscerli finalmente"(26).
El valor del mito como norma, como ética existencial, deviene pues del hecho de que partiendo de aquél es posible
...ritrovare la coscienza di sé e degli altri... [] ... C'è in Pavese, non il piacere d'inebriarsi nella discesa nel pozzo del passato, ma la necessità di crearsi, attraverso il mito, la possibilità di una vita di valori, poiché è necessario conoscere se stessi, affondando negli archetipi del mito individuale... [] .... Cosí il mito diventa non il labirinto della coscienza o la gran madre in cui annullare la propria esistenza o perdere il senso delle proprie responsabilità, ma il tentativo piú alto, eroico e ambizioso di accordare un mondo di valori con le angosce dell'animo(27).
Queda así claro que para Cesare Pavese el mito no consiste en una forma de pensamiento prelógico que haya quedado superada en función del desarrollo histórico de la civilización(28). Porque si el devenir temporal afecta los parámetros socioculturales, el mito es en cambio de naturaleza atemporal y, por tanto, resulta una vía de conocimiento todavía en vigencia. Pero hablar del mito como modo de conocimiento implica, en la filosofía pavesiana, su relación con el mundo de la infancia: "De Jung aprende que el mito nace tanto de las reminiscencias infantiles como de la herencia espiritual arcaica, de los llamados arquetipos universales..."(29) Resulta así que mito e infancia, tal como reseño a continuación, son dos conceptos radicalmente relacionados para el escritor italiano.

El mito y la infancia

Para Pavese el conocimiento del mundo se construye a través de los recuerdos que tenemos de las cosas; "...rigorosamente –sostiene el escritor–, non esiste un "veder le cose la prima volta": quella che conta è sempre la seconda"(30). Es en el transcurso de la infancia, cuando todavía no se tiene conciencia del valor del mito y de los símbolos, la etapa en la que se producen los primeros encuentros con las cosas, de modo tal que ciertos elementos cobran una dimensión unívoca, se consagran como lugares únicos, como experiencias inauditas, y así se van construyendo los mitos personales, en la medida en que "luego el objeto o la experiencia se precisaron y se hicieron nuestros a través de una imagen, de una palabra, una fábula o un sonido que la determinaron y le dieron un nombre; y es allí donde, remontándonos, podemos llegar con el recuerdo"(31). De este modo el conocimiento de la realidad se articula sobre la base de diversas scoperte-ricordo, vale decir de la posibilidad que esos primitivos encuentros le dan al sujeto de recuperar su capacidad de asombrarse ante lo que lo rodea: Se si risale un qualunque momento di commozione estatica davanti a qualcosa del mondo, si trova che ci commoviamo perché ci siamo già commossi; e ci siamo già commossi perché un giorno qualcosa ci apparve trasfigurato, staccato dal resto, per una parola, una favola che vi si riferiva e lo conteneva. Al bambino questo segno si fa simbolo, perché naturalmente a quel tempo la fantasia gli giunge come realtà, come conoscenza oggetiva e non come invenzione(32).
Ahora bien, esta importancia que le asigna Pavese a los recuerdos de la infancia no supone una concepción de la existencia como un constante "retornar" hacia el pasado. Porque en tanto el mito es de naturaleza atemporal, no puede fijarse obviamente una marca rigurosa entre el antes y el después. Si bien es cierto que la potencia mitopoiética de la infancia se revela como sustancial en el sentido de que transforma en eventos únicos y absolutos las sucesivas revelaciones de las cosas(33), es importante tener en cuenta que en la esfera del mito, dell’istintivo-irrazionale, el tiempo se diluye, carece de sustancia. Es por esto que: Sappiamo che in noi l’immagine inaspettata non ha avuto inizio: dunque la scelta è avvenuta al di là dalla nostra coscienza, di là dai nostri giorni e concetti; essa si ripete ogni volta, sul piano dell’essere, per grazia, per ispirazione, per estasi insomma(34).
Por lo tanto, sostiene Pavese, únicamente puede hablarse de una segunda vez, de ese reencuentro con las imágenes infantiles, en el sentido de que adentrándonos en ellas, en procura de descifrar su último sentido, nos descubrimos a nosotros mismos. Son los esquemas normativos de la imaginación afectiva que componen la mitología personal de cada uno, abiertos, como todo mito, a la condición de la repetibilidad, "la facoltà cioè di reincarnarsi in repetizioni, che appaiono e sono creazioni ex novo, cosí come la festa ricelebra il mito e insieme lo istaura come si ogni volta fosse la prima"(35).
Es interesante señalar, además, que Pavese le atribuye mayor importancia a estas construcciones intuitivas de la niñez que a los parámetros que resultan de la formación intelectual a través de la educación: ...di qualunque individuo, anche il piú colto e creatore, si può sostenere che i simboli non radicano tanto nei suoi incontri libreschi o accademici, quanto nelle mitiche e quasi elementare scoperte d’infanzia, nei contatti umilissimi e inconsapevoli con le realtà quotidiane e domestiche che l’hanno accolto al principio; non l’alta poesia ma la fiaba, il litigio, la preghiera, non la grande pittura ma l’almanaco e la stampa, non la scienza ma la superstizione(36).

El mito y la creación poética

En este esquema de pensamiento desarrollado por Pavese acerca del mito, también cobra interés la relación de este último con la creación poética. Para el escritor italiano, el mito y el símbolo están directamente imbricados con la labor del artista. Así, en Del mito, del simbolo e d’altro escribe: "La vita di ogni artista e di ogni uomo è come quella dei popoli un incesante sforzo per ridurre a chiarezza i suoi miti"(37).
El mito se erige, en la poética de Pavese, en eje del acto creador; "en el origen de toda creación está esa "imagen interior estática, embrional, grávida de desarrollos posibles" que da sentido a la realidad y que induce a los hombres a producir obras"(38). De esta manera, el acto artístico está directamente vinculado con el ritual, vale decir con aquel fenómeno de repetición que permite actualizar y revivir el mito y así, en cierto modo, el arte moderno se aproxima a la experiencia religiosa de los pueblos primitivos: La creazione nasce dalle inumerevoli ripetizioni di un atto, che a forza di routine diventa stucchevole. Poi viene un periodo di smarrimento, di tedio. Allora l'atto dimenticato per la sua banalità, risorge come miracolo, come rivelazione, ed ecco lo slancio creatore(39).
La poesía, así como el arte en general, suponen una relación trágica con la realidad, en la medida en que exigen un esfuerzo por parte del artista para poder configurarla y delimitarla:
Poesia è, ora, lo sforzo di afferrare la superstizione - il selvaggio - il nefando - e dargli un nome, cioè conoscerlo, farlo innocuo. Ecco perché l'arte vera è tragica - è uno sforzo(40).
No obstante este íntimo parentesco entre la esfera del mito y la creación poética que formula Pavese, es importante subrayar que el mismo autor advierte entre ambas una diferencia sustancial, puesto que la poesía:
Ricalca le forme del mito e del simbolo, sperando che in esse torni a battere magicamente il cuore. Ma dimentica che essa sa d’inventare, e che il mito vive invece de fede(41).

El mito del exilio

Estrictamente hablando, la única novela de exilio producida por Pavese es Il carcere (1948). Escrita entre noviembre de 1938 y abril de 1939, este texto refleja la experiencia personal del exilio sufrida por Pavese: El sentido de lo provisorio, la soledad, las angustias unidas a la incomodidad práctica de la celda, los encuentra Pavese también en el destierro en Brancaleone Calabro, y las quejas y rezongos de su personaje Lorenzo en la cárcel son los que él mismo enviaba continuamente desde el pueblo del exilio a la familia y a los amigos(42).
En esta novela se registran algunas de las notas que ya he señalado al comienzo de este trabajo como características del sentimiento de desarraigo que experimenta el exiliado. En el destierro la existencia asume un carácter provisional. El exiliado, lejos de procurar una integración con el nuevo medio del cual le toca participar, ve acrecentarse progresivamente la sensación de precariedad y de aislamiento. Con sus ojos constantemente vueltos hacia los contenidos de su memoria, el personaje de Il carcere se afirma en la convicción de que es totalmente ajeno a ese mundo y toda su existencia se concentra en la seguridad del regreso. De este modo ni siquiera se concibe como alternativa la participación, aun de manera tangencial, de ese grupo humano con el cual le ha tocado en suerte convivir. A fuerza de ser más preciso, no puede hablarse de convivencia: el exiliado no "vive con", el exiliado vive "en sí" y para el universo del pasado, que se ofrece como la única realidad, en tanto que los seres que lo rodean asumen la condición de entidades casi fantasmales o, por lo menos, de puros accidentes que entorpecen el ansiado regreso. Es por eso que aunque no existan los muros de la prisión como constituyente físico, el exiliado es consciente de modo constante e irremediable de su condición de confinamiento:
Nessuno si fa casa di una cella, e Stefano si sentiva sempre intorno le pareti invisibili. A volte, giocando alle carte nell’osteria, fra i visi cordiali o intenti di quegli uomini, Stefano si vedeva solo e precario, dolorosamente isolato, fra quella gente provvisoria, dalle sue pareti invisibili. Il maresciallo che chiudeva un occhio e lo lasciava frequentare l’osteria, non sapeva che Stefano a ogni ricordo, a ogni disagio, si ripeteva che tanto quella non era la sua vita, che quella gente e quelle parole scherzose erano remote da lui come un deserto, e lui era un confinato, che un giorno sarebbe tornato a casa(43).
Esa situación de aislamiento, que pareciera poder revertirse hacia el pasado a través de un movimiento de regreso, es en verdad una condición de naturaleza irresoluble. El personaje se encuentra suspendido en una especie de atemporalidad mítica. Digo esto, en doble sentido: su presente –el del destierro–, en la medida en que se alimenta de ese amargo sentimiento de frustración por no "ser parte de", por no estar integrado y ni siquiera contar con la fuerza espiritual para integrarse a esa comunidad de índole transitoria, es un presente en "estado puro", por decirlo de alguna manera, en tanto no se va haciendo y deshaciendo en términos de futuro y de pasado próximos; su pasado –el de los recuerdos–, es absolutamente ilusorio, por el hecho de que el exiliado quiere regresar a aquella realidad física y espiritual de la que ha sido desgajado con la vana pretensión de que todo está hecho de una vez y para siempre; vale decir que el regreso va a significar un reencuentro con las cosas, con los lugares, con las personas, en un mundo personal que se habrá mantenido invariable, tal como si ese transcurrir sin transcurso que caracteriza su presente en "estado puro" fuera la norma temporal que homologa también la esfera de los recuerdos más íntimos.
No obstante esa ciega determinación del exiliado de construir un futuro sin resolución, por cuanto esa voluntad no se orienta sino hacia el retorno al mundo pretérito, hay momentos durante los cuales la desazón se acrecienta, porque la comunicación con los representantes de aquel mundo le proporciona la decepcionante lucidez de que esa inmovilidad temporal es un código sólo vigente para él mismo. Eso explica también la imperiosa necesidad de cerrar su universo mental al discurso de los otros –los seres del pasado–, de modo tal que su propio discurso proyectado hacia los lugares que pretende conservar inalterables en su memoria no se vea perturbado: Veramente qualcuno pensaba a Stefano, ma le lettere che s’ammucchiavano nel cassetto del tavolino ignoravano gli istanti veri della sua vita e insistevano patetiche su ciò che di sé Stefano aveva ormai dimenticato. Le sue risposte erano asciutte e laconiche, perché tanto chi gli scriveva le interpretava a modo suo nonostante gli avvertimenti. E anche Stefano del resto aveva adagio trasformato ogni ricordo e ogni parola, e talvolta ricevendo una cartolina illustrata dov’era una piazza o un paesaggio già noti si stupiva di sé ch’era passato e vissuto in quel luogo(44).
Es interesante observar que en el relato "Terra d’esilio"(45) se confirma otro rasgo característico de la condición del exiliado. Como en Il carcere, queda al desnudo la dificultad que experimenta el personaje para integrarse a ese mundo en el cual vive desarraigado, y con el que le resulta complicado conectarse en la medida en que se alimenta de pautas culturales que le son totalmente ajenas e indescifrables: Sbalzato per strane vicende di lavoro proprio in fondo all’Italia, mi sentivo assai solo e consideravo quello sporco paesello un po’ come un castigo, -quale attende, una volta almeno nella vita, ciascuno di noi,- un po’ come un buon ritiro dove raccogliermi e fare bizzare esperienze. E castigo fu, per tutti i mesi che ci stetti; mentre di osservazioni esotiche andai non poco deluso. Io sono un piemontese e guardavo con occhi tanto scontrosi le cose di laggiú, che il loro probabile significato mi sfuggiva(46).
Cabe advertir que ese mismo sentimiento de desarraigo aparece en algunos poemas de Lavorare stanca, en aquellos personajes que, circunstancialmente alejados de su ámbito personal, se sienten desterrados e incomunicados en un mundo que no les pertenece. Así se verifica, por ejemplo, en el poema "Nocturno":

La colina es nocturna en el cielo claro.
Allí se enmarca tu cabeza, que mueve apenas
y acompaña ese cielo. Eres como una nube
entrevista entre ramas. En los ojos te ríe
la extrañeza de un cielo que no es el tuyo.
[...]
Pero vives en otra parte.
Tu tierna sangre se hizo en otra parte.
Las palabras que dices no se avienen
con la áspera tristeza de este cielo.
No eres más que una nube dulcísima, blanca,
enredada una noche entre ramas antiguas(47).

Por otro lado, y con relación a la hipótesis que sirve de punto de partida a este trabajo, hay que convenir en que incluso en estos textos de Pavese vinculados con la problemática del exilio en sentido estricto –me refiero a Il carcere y a Terra d’esilio– el sentimiento de desarraigo supera los límites de esa condición circunstancial derivada del confinamiento a que están sometidos accidentalmente sus personajes. Al respecto, señala María de la Luz Uribe:

La idea de cárcel, aplicada al período de exilio, parece extenderse en esta novela [la ensayista se refiere a Il carcere] y abarcar aún el sentido de la vida misma, por el contraste que se ofrece al lector entre el sentimiento constante del protagonista y los sucesos tranquilos y humanos de los demás personajes que continúan viviendo, amando, sufriendo...(48)
De manera semejante, Gianni Grana advierte con relación a esa misma novela que: L’esperienza del confino, irrilevante come esperienza politica, vi assume significato come materializzazione e simbolo di una condizione dello spirito, di una situazione d’immobilità interiore, radicata come un cancro inguaribile(49).
Esa condición del destierro como peculiaridad propia de la existencia, como una condición trágica que bordea el sentido de la vida misma, podemos ya leerla en algunos poemas de Lavorare stanca: "...mi cuerpo saborea la vida/de las plantas y de los ríos, y se siente separado de todo; ...aquí en lo oscuro, solo/mi cuerpo está tranquilo y se siente dueño"(50).
Por otra parte, esa naturaleza atribuida a la existencia explica la condición de orfandad, de falta de religamiento, que manifiestan los personajes de Pavese. Un ejemplo muy claro está representado por el protagonista de La luna e i falò. En efecto, el problema existencial que abruma al Anguilla es su condición de bastardo y la correlativa falta de identidad como consecuencia de que desconoce sus verdaderas raíces. El Anguilla está empeñado en una búsqueda inacabable que le permita ligarse con una tierra que pueda sentir como suya. Su condición de bastardo significa pues el no poder librarse de su carácter de extranjero, no sólo durante los años que transcurre en Estados Unidos, sino también cuando decide regresar –transitoriamente– a la tierra italiana en la cual vivió su infancia:
Qui non ci sono nato, è quasi certo; dove son nato non lo so; non c’è da queste parti ne una casa ne un pezzo di terra ne delle ossa ch’io possa dire "Ecco cos’ero prima di nascere". Non so se vengo dalla collina o dalla valle, dai boschi o da una casa di balconi. La ragazza che mi ha lasciato sugli scalini del duomo di Alba, magari non veniva neanche dalla campagna, magari era la figlia dei padroni di un palazzo, oppure mi ci hanno portato in un cavagno da vendemmia due povere donne da Monticello, da Neive o perché no da Cravanzana. Chi può dire de che carne sono fatto? Ho girato abbastanza il mondo da sapere che tutte le carni sono buone e si equivalgono, ma è per questo che uno si stanca e cerca di mettere radici, di farsi terra e paese, perché la sua carne valga e duri qualcosa di più che un comune giro di stagione(51).
Por último, es conveniente detenerse en un punto que, en alguna medida, ha quedado sugerido previamente en este artículo, pero que se hace necesario precisar. Me refiero a la relación que existe entre la condición de la existencia como situación de desamparo y el lugar que ocupa, en la poética de Pavese, el mito de la infancia. En este sentido, es importante tener en cuenta que el tema de la infancia y el retorno a los orígenes es una constante en su producción literaria(52), tanto en los poemas como en los cuentos y novelas. El impulso espiritual que conmueve a los personajes para reencontrarse con su infancia genera casi inevitablemente un sentimiento de desgarro, puesto que entra en conflicto el mundo de los recuerdos –base de la formación de los mitos personales, del destino individual en última instancia– con el enfrentamiento directo con esa realidad que necesariamente se ha transmutado. Esa condición trágica que asumen los personajes de Pavese –volver para descubrir que lo que parecía hecho de una vez y para siempre no guarda la esencia inalterable que sólo existe en cada uno–, se ve acentuada porque más allá del cambio en sí que afecta a la realidad se toma conciencia de que ya no existe ninguna posibilidad de mirar el mundo con la ingenuidad del niño. En otras palabras, si la infancia representa ese estadio en el cual es natural mirar lo que nos rodea y aprehenderlo míticamente, la madurez trae como consecuencia la visión histórica de lo real. De este modo, debe resultar, de manera ineludible, el contraste entre el tiempo estático del mito –en cuyo marco todo está siendo– frente al decurso temporal de la historia –en cuyo contexto todo se está haciendo–. Ese es, por ejemplo, el deseo insatisfecho del narrador protagonista de La casa in collina, quien tiene la pretensión –que sabe imposible– de abolir el tiempo histórico:
..Per me era strano, inaccettabile, che il fuoco, la politica, la morte sconvolgessero quel mio passato. Avrei voluto trovar tutto come prima, come una stanza stata chiusa.(53)
A costa de esa imposibilidad de reconciliar el mito con la historia, y aun cuando surja la conciencia de que es una utopía recuperar, intacta, la atmósfera de las primitivas experiencias infantiles, los personajes no evitan ese movimiento de retorno. Quizás en buena parte por el hecho de que se ofrece como la única esperanza de alterar el destino personal. Porque, para Pavese, es en esa instancia primitiva en la que, a través de la construcción de la mitología personal, como he intentado puntualizar previamente, queda definido el sino particular de cada individuo: Mendigo. Te comprendo, Edipo. Pero todos tenemos un monte en nuestra infancia. Y por lejos que vagabundeemos, al final nos hallamos en sus sendas. Allá nos hicimos aquello que somos(54).
Entonces si la niñez es la etapa en que se define casi por completo nuestro ser(55), todo gesto de insatisfacción, toda voluntad de cambio respecto de los contenidos espirituales de cada sujeto, deben pasar por esa vuelta a los lugares de la infancia, aun en el caso de que la experiencia cumplida demuestre que se trata de un regreso inútil. Así pues esa búsqueda del contacto con el paisaje de la infancia, no tiene como propósito primordial revivir las reminiscencias infantiles sino justamente intentar el rescate de ese pasado absoluto(56) –absoluto en tanto se vincula con la visión mítica de la realidad–. De tal manera resulta que la sacralización del pasado, que ha quedado definida como una nota particular del exilio, es decir la reducción del presente a un "estado puro" como consecuencia de que la vida en el destierro queda desvirtuada por remisión a un pretérito de valor mítico, se extiende de manera irremediable al sentido último de la existencia como consecuencia de esa obstinada búsqueda por recuperar el paraíso de la infancia.

Nota: artículo publicado en Bitácora, revista de la Facultad de Lenguas de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina), Año I, Nº 14, otoño de 1998, p. 110 y ss.
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Notas:
El presente artículo es una síntesis de parte del trabajo de investigación "El mito del exilio en la obra narrativa de Cesare Pavese y Daniel Moyano", desarrollado por el autor como miembro investigador del Centro de Italianística (Escuela Superior de Lenguas).
Cfr. Zuleta, Emilia de: "El exilio español de 1939 en la Argentina", en Boletín de Literatura Comparada, Año XI-XII, Mendoza, Universidad Nacional de Cuyo, 1988, pág. 162.
"Abandonar el entorno físico y cultural supone un desgarramiento, sean cuales fueren las ventajas que se obtengan en otro suelo, pues nadie dejará de sentirlo como la pérdida de la ‘madre simbólica’". (Brocato, Carlos A.: El exilio es nuestro, Buenos Aires, Sudamericana-Planeta, 1986, pág. 75).
Cfr. Zuleta, Emilia de: op. cit., pág. 164 y ss.
Grinberg, León y Grinberg, Rebeca: Psicoanálisis de la migración y el exilio, citado por Baeza Elena: "El exilio en la expresión confesional de Rosa Chacel", en Boletín de Literatura Comparada, op. cit., pág. 130.
"La nostalgia del pasado es un tema constante en la literatura de exilio de todos los tiempos..." (Zuleta, Emilia de: op. cit., pág. 167).
Arancibia, Blanca E. de: "Tierra del olvido y tierra de la memoria: El exilio de Héctor Bianciotti", en Boletín de Literatura Comparada, op. cit., pág. 41.
"...Frazer, che legge nel 1933, gli colora di un significato religioso le feste dei campi; Lévy-Bruhl, letto nel 1936, lo avverte che nel pensiero primitivo la similitudine con cui s'indicava il dio, era il dio stesso; Vico, la presenza piú importante, lo conferma nell'idea di un momento mitico dell'umanità, ma soprattutto gli insegna che il primitivo ed il rustico si associano nel "selvaggio"; Mann, di cui legge Le storie de Ciacobbe nel 1942, lo illumina sul rapporto tra mito e poesia e nel '45, sull'idea fondamentale del ritorni degli eventi. Restano taciuti gli autori piú inquietanti: il Freud di Totem e tabú da cui Pavese traeva l'idea fondamentale di un rapporto strettissimo tra la psicologia del profondo ed il mito; Jung e la coloritura metafisica della sua teoria del mito; Eliade ed il tema dell'eterno ritorno; infine Kerényi, mutato da Mann, in cui ritrova l'idea del mito come momento unico e la sua ripetibilità nel mitologema". (VENTURI, Gianni: Pavese, Firenze, La Nuova Italia, 1967, pág. 69).
Cfr. Hösle, Johannes: "I miti dell'infanzia", en Sigma, rivista trimestrale di letteratura, dicembre 1964, numero 3/4, Genova, pág. 203.
Castelli, Eugenio P.: El mundo mítico de Césare Pavese, Buenos Aires, Pleamar, 1972, pág. 15.
Pavese, Cesare: La letteratura americana e altri saggi, Torino, Giulio Einaudi Editore, 1990, pág. 272.
Cfr. Grana, Gianni: "Cesare Pavese", en Letteratura Italiana. I contemporanei, Milano, Marzorati Editore, 1963, pág. 1555 y sig.
Eliade, Mircea: Mito y realidad, Barcelona, Labor, 1985, pág. 12.
Para el concepto de hierofanía, cfr. ELIADE, Mircea: Tratado de historia de las religiones, Madrid, Ediciones Cristiandad, 1974.
Eliade, Mircea: Mito y realidad, op. cit., pág. 13.
Cfr. Hösle, Johannes: op. cit., pág. 207.
Eliade, Mircea: Tratado de historia de las religiones, op. cit., tomo I I , pág. 175.
Pavese, Cesare: op. cit., pág. 272.
Eliade, Mircea: Tratado de historia de las religiones, op. cit., tomo I I , pág. 150.
Pavese, Cesare: op. cit., pág. 271.
Uribe, María de la Luz: Cesare Pavese, Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 1966, pág. 170.
Pavese Cesare: op. cit., pág. 278.
Venturi, Gianni: op. cit., pág. 70 y sig.
Cfr. Corsini, Eugenio: "Orfeo senza Euridice: i "Dialoghi con Leucò" e il classicismo di Pavese", en Sigma, op. cit., pág. 127.
Castelli, Eugenio P.: op. cit., pág. 15.
Pavese, Cesare: op. cit., pág. 274. Esta afirmación, según María de las Nieves Muñiz Muñiz, "presenta notevole coincidenze con le tesi di Heidegger sulla funzione conoscitiva del ricordo, che "risalendo alle fonti" dell'essere, trova, non il senso, ma il ripetersi della sua promessa in quanto pura possibilità". (MUÑIZ MUÑIZ, María de las Nieves: Introduzione a Pavese, Bari, Editori Laterza, 1992, pág. 80).
Uribe, María de la Luz: op. cit., pág. 171.
Pavese, Cesare: op. cit., pág. 273 y sig. Este concepto, sostiene Muñiz Muñiz, "riguarda la funzione conoscitiva delle immagini attribuita dagli etnografi alla mentalità primitiva e dalla psicologia del profondo all'inconscio..." (op. cit., pág. 81).
Pavese, Cesare: Il mestiere di vivere (Diario 1935-1950), Torino, Einuadi Editore, 1952, pág. 162.
Ibídem, pág. 296. En Il mestiere di poeta sostiene también Pavese: "Ero risalito (o mi pareva) alla fonte prima di ogni attività poetica, che avrei potuto cosí definire: sforzo di rendere come un tutto sufficiente un complesso di rapporti fantastici nei quali consista la propria percezione di una realtà". (PAVESE, Cesare: Lavorare stanca, Torino, Einaudi, 1993, pág. 130).
Pavese, Cesare: La letteratura americana e altri saggi, op. cit., pág. 275.
Uribe, María de la Luz: op. cit., pág. 91.
Pavese, Cesare: "Il carcere", en Prima che il gallo canti, Einaudi Editore, Torino, sin fecha, pág. 16.
Este relato, según una nota al texto de Il carcere, puede considerarse como un primer esbozo de dicha novela.
Pavese, Cesare: Racconti, Torino, Giulio Einaudi Editore, 1982, volumen 1, pág. 183.
Pavese, Cesare: Poemas inéditos. Poemas elegidos, Traducción y prólogo de Horacio Armani, Notas de Italo Calvino, Buenos Aires, Ediciones Librería Fausto, 1975, pág. 182. El subrayado es mío.
Uribe, María de la Luz: op. cit., pág. 93.
Grana, Gianni: op. cit., pág. 1557.
Ansia de soledad, en Pavese, Cesare: Antología poética, selección y traducción de Trinidad Blanco de García, Universidad Nacional de Córdoba, 1983, pág. 17.
Pavese, Cesare: La luna e i falò, Introduzione di Roberto Cantini, Milano, Oscar Mondadori, 1979, pág 3.
Cfr. Pavese, Cesare: Antología poética, op. cit., pág. I V.
Pavese, Cesare: La casa in collina, Prefazione e note di Gina Lagorio, Torino, Giulio Einaudi Editore, 1967, pág. 168.
Pavese, Cesare: Diálogos con Leucó. El hermoso verano, Barcelona, Bruguera, 1980, trad. de Esther Benítez, pág. 76.
"Parlavamo dei bambini. E Alessio è ossessionato dall’idea che, nella sua incoscienza, ogni bambino va sperimentando e auscultando, dentro di sé gli istinti, le velleità, le voci che seguirà una volta adulto. Secondo Alessio è mostruoso che in un’età di mero gioco, de umori e capricci irresponsabili, si vada formando, come si forma sott’acqua un corallo, tutto lo schema del contegno futuro. S’infervora in questo discorso. Evidentemente parla di sé". (PAVESE, Cesare: La libertà, en Racconti, Torino, Giulio Einaudi Editore, 1992, volumen 2, pág. 404).
Cfr. Uribe, María de la Luz: op. cit., pág. 156.

AMOS OZ, Una historia de amor y oscuridad

"Una historia de amor y oscuridad" la biografía infantil del escritor israelí Amos Oz.

El libro narra las vicisitudes de su familia paterna, los Klausner, y materna los Mussman desde sus Lituania y Ucrania natales pasando por todo el devenir por la europa pre y de Hitler hasta llegar a un barrio suburbial y triste de la ciudad de Jerusalem. Cuenta con celo los movimientos pogromos, expulsiones y, también, la sensación y sentimiento del pueblo judío como una nación sin estado siendo herederos de una tradición cultural, política e ideológica totalmente europea que luego tradujeron en el estado de Israel.
Al tiempo el niño Amos Klausner, luego sería Oz, crece en un mundo de preguntas sin respuestas, de sionismo aceptado, y luego discutido, de tendencia derechista que luego convertiría en izquierdista. De incomprensión ante la cercanía del holocausto, ante la guerra infinita, ante los problemas y las penurias y con la necesidad imparable de contar, narrar, explicar, pero sobre todo, en aquel tiempo, preguntar.
El libro repasa el nacimiento del estado de Israel, el pensamiento de los sionistas primeros en Israel así como el nacimiento de la primera generación de israelitas en su propio estado. También se relatan las ilusiones de su padre Yehuda Klausner y de su madre Fania y el pensamiento que abandonaba el victimismo y la aceptación del agravio y el golpe reciente. Amos infantil piensa en los árabes en esos enemigos/adversarios/rivales/vecinos cercanos incomprendidos, incomprensibles.
La historia cuenta como núcleo principal el desencuentro, en bosquejo, con la memoria reconstruida del niño, entre el padre y la madre que desemboca en el gran desastre de la familia.
Amos Oz inteligente, dotado, de familia de intelectuales, escritor y escribiente renunciaría a su mundo de judaísmo sionista europeo conservador e intelectual para incorporarse al nuevo sionismo militante kibbutzim y al pacifismo que ha marcado su vida. Su renuncia inicial al escribir como ruptura con su mundo anterior, reinventándose, fue desvaneciéndose por la necesidad de contar, de decir, de hablar sobre el mundo que le rodeaba por fuera y dentro de su piel. Esta necesidad se plasma en la novela, que debió ser dolorosa ya que es un traer al presente muchos de los fantasmas del pasado.
El libro tiene miles de matices, a veces amista y otras enemista al lector al expresar todo
el universo psicológico del niño, del hombre que entiende al niño, del padre, de la madre como cajas estancas y desconocidas en el que solo el ejercicio solitario de análisis adulto posterior encuentra un sentido a ese dolor y a esa oscuridad. El dolor de la guerra, la amenaza, el victimismo, el sentimiento diaspórico autoculpativo traido de europa y la agresividad de la violencia encuentran acomodo en el nacimiento a la consciencia y la conciencia del joven Amos Klausner, reconstruida desde la perspectiva más pensada y sosegada del maduro intelectual padre y abuelo Amos Oz. Un tiempo oscuro con luces en el horizonte pero lejanas y tenues.
En resumen la metáfora del nacimiento del estado de Israel, de la muerte del "antigüo regimen" para el pueblo judío, de el nacimiento y crecimiento de Amos Oz a partir de la crisálida blanca, europea y débil, de Amos Klausner hasta configurar el nuevo judío activo, intelectual, crítico que abandona los miedos europeos, los fantasmas genocidas, y entra en la promesas de nuevo mundo y nueva historia pero sin los atavismos y esclavitudes. Hasta tal punto tiene importancia ese renacer que ha marcado toda su vida posterior.
Es un libro que merece la pena leer y, después, digerirse poco a poco. Tiene más de nosotros mismos de lo que pudiera parecer.

James Matthew Barrie

"Los niños a lo único que piensan que tienen derecho cuando se le acercan a uno de buena fe es a un trato justo. Después que uno haya sido injusto con ellos seguirán queriéndolo, pero después nunca volverán a ser los mismos. Nadie supera la primera injusticia: Nadie salvo Peter. (...) Las estrellas son hermosas, pero no pueden participar activamente en nada, tienen que limitarse a observar eternamente. Es un castigo que les fue impuesto por algo que hicieron hace tanto tiempo que ninguna estrella se acuerda ya de lo que fue. Por ello, las pequeñas todavía sienten curiosidades"

Peter Pan (fragmento)





James Matthew Barrie
-Kirriemuir, 1860 - Londres, 1937-

José Martí, sobre Carlos Marx


José Martí como corresponsal del diario “La Nación” de Buenos Aires escribió en 1883 las siguientes líneas en ocasión del fallecimiento de Carlos Marx.


Ved esta gran sala. Karl Marx ha muerto. Como se puso del lado de los débiles merece honor. Pero no hace bien el que señala el daño y arde en ansias temerosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blanco al daño. Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres. Indigna el forzoso abestiamiento de unos hombres en provecho de otros. Mas se ha de encontrar salida a la indignación de modo que la bestia cese sin que se desborde y espante. Ved esta sala la preside, rodeado de hojas verdes, el retrato de aquel reformador ardiente, reunidor de hombres de diversos pueblos, y organizador incansable y pujante. La Internacional fue su obra: vienen a honrarlo hombres de todas las naciones. La multitud, que es de bravos braceros cuya vista estremece y conforta, enseña más músculos que alhajas, más caras honradas que paños sedosos. El trabajo embellece. Remoza ver a un labriego, a un herrador o a un marinero. De manejar las fuerzas de la naturaleza, les viene ser hermosos como ella.


New York va siendo a modo de vorágine: cuanto en el mundo hierve, en ella cae. Acá sonríen al que huye; allá le hacen huir. De esta bondad le ha venido a este pueblo esta fuerza. Karl Marx estudió los modos de enseñar al mundo sobre nuevas bases, y despertó a los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos. Pero anduvo de prisa; y un tanto en la sombra, sin ver que no hacen viables, ni de senos de pueblos en la historia, ni de senos de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido la gestación natural y laboriosa.


Aquí están buenos amigos de Carlos Marx, que no fue sólo movedor titánico de las cóleras de los obreros europeos, sino veedor profundo en la razón de las miserias humanas, y en los destinos de los hombres, y hombre comido del ansia de hacer el bien. El veía en todo lo que en sí propio llevaba: rebeldía, camino a lo alto, lucha. Aquí está en Lecovitch, hombre de diarios; vedle como habla: llegan a él reflejos de aquel tierno y radioso Bakounia: comienza a hablar en inglés; se vuelve a otros en alemán: ‘Dah dah’, responden entusiastas desde sus asientos sus compatriotas cuando les habla en ruso. Son los rusos el látigo de la Reforma; mas no, no son aún estos hombres impacientes y generosos, manchados de ira, los que han de poner cimientos al mundo nuevo; ellos son la espuela, y vienen a punto, como la voz de la conciencia, que pudiera dormirse; pero el acero del acicate no sirve bien para martillo fundador. Aquí está Swinton, anciano a quien las injusticias enardecen, y vio en Karl Marx tamaños de mente y luz de Sócrates. Aquí está el alemán John Most, voceador insistente y poco amable y encendedor de hogueras, que no lleva en la mano diestra el bálsamo con que ha de curar las heridas que abra su mano siniestra. Tanta gente ha ido a oírles hablar, que rebosa en el salón y da a la calle. Sociedades corales, cantan. Entre tantos hombres hay muchas mujeres. Repiten en coro, con aplauso, frases de Karl Marx, que cuelgan cartelones por los muros. Millot, un francés, dice una cosa bella: ‘La libertad ha caído en Francia muchas veces; pero se ha levantado más hermosa de cada caída’. John Most habla palabras fanáticas: ‘Desde que leí en una prisión sajona los libros de Marx, he tomado la espada contra los vampiros humanos’. Dice un Magure: ‘Regocija ver juntos, ya sin odios, a tantos hombres de todos los pueblos. Todos los trabajadores de la tierra pertenecen ya a una sola nación y no se querellan entre sí, sino que todos juntos contra los que los oprimen. Regocija haber visto, cerca de la que fue en París Bastilla ominosa, seis mil trabajadores venidos de Francia y de Inglaterra’. Habla un bohemio. Leen una carta de Henry George, famoso economista nuevo, al aire de los que padecen, amado por el pueblo aquí, y en Inglaterra famoso. Y entre salvas de aplausos tonantes, y frenéticos hurras, pónese en pie, en unánime movimiento, la ardiente asamblea, en tanto que leen desde la plataforma en alemán y en inglés dos hombres de frente ancha y mirada de hoja de Toledo, las resoluciones con que la junta magna acaba, en que Karl Marx es llamado el héroe más noble y el pensador más poderoso del mundo del trabajo. Suenan músicas, resuenan cantos, pero se nota que no son los de la paz.

Frantz Omar Fanon: Algunas Lecciones Urgentes Para La Revolución Bolivariana

En estos momentos se profundiza en Venezuela la discusión sobre “ideología y práctica”: William Izarra explica la “Misión Ideología” y Mavian de la “Red Bolivariana” habla sobre la “ideología endógena”. Refiriéndonos precisamente al último, recomendamos urgentemente un profundo estudio de las excelentes obras tanto del fallecido politólogo venezolano Ludovico Silva, “Teoría-Práctica de la Ideología”, “La Plusvalía Ideológica” y “Anti-Manual” (que los Bolivarianos deberían estudiar conscientemente), como de Gajo Petrovic, et al, “Práxis, Revolución y Socialismo”. En este espíritu revolucionario, el siguiente comentario quiere ser una contribución emancipatoria hacia la praxis científica y la teoría filosófica dentro de la Revolución Bolivariana.

Hace un tiempo atrás, en un artículo en Vheadline.com hemos tratado el concepto ideológico “raza” y sus implicaciones globales en términos tales como “fascismo”, “racismo” o “prejuicio racial”; las raíces históricas del racismo oligárquico en Venezuela, su significado después de la revolución burgués-democrático-capitalista globalizada, su sublimación colonial psicológica en los medios masivos, la moral, la ética, la estética, la política, la ideología y la religión en Venezuela, América Latina y en otras partes.

Hace casi 40 años, dentro del contexto de la lucha armada revolucionaria en África contra la hegemonía metropolitana global, Frantz Omar Fanon nos explicó a los Latinoamericanos la relación ideológica entre el Capitalismo y el Racismo, especialmente la superación trascendental de la Revolución Social hacia la Emancipación Global. En previos comentarios hemos indicado que la Discriminación Social, el “complejo hegemonial” norteamericano, sus síndromes del “Dominio de Pleno Espectro” y del “Control Territorial”, trasmitidos como racismo oligárquico y “superioridad de raza” a Venezuela - y como fueron generados por el proceso del trabajo trans-histórico, capitalista, imperialista y alienador como su tercer elemento básico de su quintaesencia sub-humana - no es nada más que el reflejo y la reflexión sobre-estructural de la “división internacional del trabajo”, del Mercado Mundial y de las existentes y constitucionalmente ratificadas relaciones sociales de la propiedad privada de los medios de producción y medios masivos de comunicación.

En sus famosas obras, Frantz Fanon manifestó claramente que no hay Capitalismo ni Acumulación de Capital sin Racismo y no hay Racismo sin Capitalismo. En Venezuela, como objetivo social inalienable de la Revolución Bolivariana, para realizar “Nuestro Socialismo” (Hugo Chávez) de manera victoriosa, es decir, para emanciparnos de la esclavitud salarial “neoliberal” salvaje, del Capitalismo imperial oligárquico y del Corporatismo estadounidense, para eliminar exitosamente al Racismo, no tenemos otra opción sino la de aniquilar al Capitalismo mismo a escala mundial.

Como Fanon indicó en “Los Condenados de la Tierra” (Nueva York, 1965), no se puede envenenar la “mamba negra” con su propio veneno reformista, no se puede eliminar al Capitalismo con sus propios inventos productivos y reproductivos, con los fines y objetivos de la Revolución Francesa burgués-democrática intra-sistémica, con su meta alcanzada: la Globalización. ¡No se puede servir a Cristo y al Dinero al mismo tiempo! Ni siquiera en tiempos críticos de renacimiento revolucionario, y especialmente no en las realidades trans-históricas. Igual como lo hizo durante siglos, el tiburón yanqui inmediatamente nos arrancaría nuestro pequeño dedo latinoamericano mendigando por la reconciliación reformista y el diálogo democrático.

Fanon nos enseñó categóricamente este simple e intrínseco truismo esencial de la verdadera Emancipación Humana. La Revolución Mundial Permanente y el Socialismo solamente es una conditio sine qua non para la Emancipación Humana Global y para la libre Creación Humana.

Además, Fanon advirtió que con un “maquillaje” social reformista e intra-sistémico de una cultura global capitalista en agonía, con una redistribución de la riqueza, ganancia, tazas de intercambio, bienes e ingreso capitalista más “libertaria e igualitaria”, con una “justicia social” militar globalizada, con la construcción de nuevas “clases medias” enriquecidas, que presuponen clases bajas y clases altas parasitarias y con alianzas políticas entre “Capital y Trabajo”, solamente excavamos nuestras propias tumbas de la clase obrera, realizando el ALCA en América Latina y su correspondiente NEPAD en África, en cuyos epicentros ya habían caído Nelson Mandela y Thabo Mbeki como víctimas trágicos de la “subasta” del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Ahora, ¿qué tiene que ver el racismo con el “Ser Humano” colonizado y con la todavía existente mentalidad puntofijista de amo-esclavo y de capitalista-trabajador en Venezuela, a la cual se refiere Sartre en su Introducción a “Los Condenados de la Tierra” de Frantz Fanon? Este asunto central se refiere a la conciencia revolucionaria de clase no sólo en Argelia y África, sino también en Venezuela y América Latina. Tiene que ver con la pregunta - a pesar del hecho que muy pocos camaradas hablan oficialmente de una lucha de clases en Venezuela - si de facto las masas venezolanas, durante el “Caracazo” de 1989 y el “Golpe Militar” de 2002 habían actuado o no bajo la influencia de su conciencia de clase en un sentido revolucionario radical.

Para contestar esta pregunta obligatoria de manera científica, sería necesaria una psicología revolucionaria dentro de una teoría emancipatoria, que por razones obvias no se puede elaborar aquí.
Sin embargo, precisamente para contrarrestar la discriminación social en todas sus formas y para desarrollar una nueva teoría revolucionaria, es decir, una teoría de la emancipación, Fanon ya había sugerido el desarrollo de una Nueva psicología de las Relaciones Coloniales. Sus nuevas ideas revolucionarias sobre la Psiquiatría y la Naturaleza de la Terapia las expuso en sus famosos escritos: “Los Condenados de la Tierra”, “Piel Negra, Mascaras Blancas” y “Hacia la Revolución Africana”. Sin embargo, para explicar la Nueva Praxis y Teoría de Fanon, su “Nuevo Socialismo”, igual que en el caso de Simón Bolívar y Hugo Chávez Frías, no podemos separar su Ciencia Praxica y su Filosofía Teórica de su verdadera vida y de su verdadero contexto histórico. De manera muy breve y solamente resaltando los eventos más importantes, para aquellos que todavía Fanon les es familiar, en seguida su vida histórica.
Frantz Omar Fanon, el sicoanalista y filósofo social de la India Occidental nació en 1925 en Martinica Francesa y murió el 6 de diciembre de 1961 en Bethesda, Maryland, EE.UU. En su juventud recibió su educación básica en Martinica y Francia. Durante la Segunda Guerra Mundial intra-imperialista europea, junto a Senghor, sirvió en el ejército francés; después terminó sus estudios en medicina en la Universidad de Lyon. Luego se fue a Argelia, donde, entre 1953 y 1956, dirigió el departamento psiquiátrico del Hospital Blida-Joinville. En 1954 se unió al movimiento de liberación y 2 años después llegó a ser editor en jefe de su famosa revista El Moudjahid que se publicó en Tunis. Luego se formó un “Gobierno Provisional” rebelde y en 1960, Fanon fue embajador de Argelia en Ghana. Su famosa obra “Los Condenados de la Tierra” cuyo título lo tomó de la canción socialista “La Internacional”, fue publicada por Jean Paul Sartre en el año de su muerte. Fanon murió el 6 de diciembre de 1961 en los Institutos Nacionales de Salud en Bethesda, Maryland, donde había buscado tratamiento para su cáncer. A su petición, su cuerpo fue trasladado a Argelia y sepultado con honores por el Ejército de Liberación Nacional de Argelia.
Ahora, porque pertenecen a su corta biografía, nos permitimos algunos comentarios sobre sus 2 obras principales, escritas entre 1952 y 1961. “Piel Negra, Máscaras Blancas” refleja sus frustraciones personales con la discriminación colonial y con el racismo. En su temprana juventud, Fanon llegó a la conclusión que él mismo debería saber y entender su esencia, como él es y como lo ve el mundo. Esto es la razón, por la cual llegó a ser un escritor, un escritor de la esencia, un escritor politólogo. Este secular “¡Conócete a ti mismo!” es pertinente para la Revolución Bolivariana, es el origen para una conciencia individual de clase y de una eventual conciencia social revolucionaria de la clase obrera.
Nos enseñó, qué hacer y qué pensar en nuestros Círculos Bolivarianos revolucionarios y en nuestras Misiones y Proyectos Sociales Endógenos. Fanon quería anotar y entender las absurdidades y posibilidades de una racionalización del mundo en el cual vivió. No sólo se quería comunicar con otros, sino también quería comunicar la posibilidad de su experiencia común, de hacer la revolución y de crear la emancipación. Precisamente durante este proceso, igual que nosotros, se vio confrontado con la Guerra de Información global y globalizada, con conspiraciones engañosas, Grandes Mentiras, con la Discriminación Social y con el Racismo.

Como Caribeño, como Venezolano, como Martiniqueño, “emblanquecido” por un colonialismo pálido e insolente, pero completamente “negro” en los ojos azules aristocráticos de “colon”, del colonizador, de los oligarcas, pero también en los ojos marrones odiosos de los colonizados, quería analizar a nivel psicológico e ideológico las raíces de este mal, del Racismo, y desarrollar una verdadera “panacea” revolucionaria y emancipatoria contra esta plaga social de la humanidad.

Con la edad de 27 años, Fanon publicó “Piel Negra, Máscaras Blancas” cuando su cosmovisión ya había trascendido las relaciones humanas simples y la simple explicación de eventos aislados. Su pensamiento filosófico se volvió más complejo, más complicado y más teórico; a nivel intelectual, esto era la única manera de comprender las complejidades sociales y coloniales universales.

Como ya era verdad en el caso de Simón Bolívar mismo, deberíamos aprender de Fanon la manera de cómo erradicar nuestro odio inculcado contra la teoría, cómo eliminar nuestras ideologías favoritas, nuestras doctrinas y nuestros dogmas religiosos, nuestra flojera intelectual, nuestro gusto para lo concreto y nuestro miedo a la filosofía de la “torre de marfil”, de una vez por todas.

De hecho, en la propia lucha armada revolucionaria sangrienta, Fanon estaba pensando, cosa que no es lo mismo que un paseo dominical de compras, estaba estudiando la “Fenomenología del Espíritu” de Hegel y “Being and Nothingness” de Sartre. En las Universidades Bolivarianas, sólo para un humilde comienzo, recomendaríamos urgentemente el estudio de esas obras, incluyendo “El Capital” de Marx y las obras de los pensadores latinoamericanos de la teoría de la dependencia, a todos los camaradas.

El Presidente Chávez ya está leyendo la “Revolución Permanente” de Trotski, entonces no tenemos excusa de no hacer lo mismo y comenzar a filosofar nosotros mismos también. En consecuencia ¿cuales eran los resultados filosóficos precognitivos, cognitivos y retrocognitivos de los esfuerzos intelectuales y racionales de Fanon?

Llegó a la conclusión y a la pregunta vital de que si era posible, que de manera revolucionaria los “colonizados”, o sea todos aquellos similares a él, con piel negra y máscaras blancas, serían capaces de vivir en relaciones emancipadas y en solidaridad y formar relaciones desalineadas e históricas.
Como resultado de sus estudios sociales, psicológicos, económicos y políticos e igual al actual espíritu revolucionario del Presidente Chávez de Venezuela, como mencionado anteriormente, postuló una solidaridad práxica de verdaderos sentimientos entre los “colonizados”, analizó su “falsa” identidad, las “raíces” falsificadas de su identidad y enfatizó su explotación capitalista y su depravación social in sustentable.
Además explicó, que el llamado individuo existe a través de un nexo social, capturado en una enorme RED, la cual ni la tenían, ni podían describir en sus más finos detalles ni Marx ni Freud. Ninguno de ellos, ni mucho menos los demás se preocuparon de los “negros” y su “psiquis” o con sus condiciones de vida o sus problemas. Esas “herramientas que hablan”, de tercera clase del “Tercer Mundo”, esos “burros” sucios y hediondos sencillamente no merecían una consideración psicológica o filosófica; sus “instintos animales” no sirvieron ni para el uso ni para el abuso de la “Filosofía” aristocrática o burgués-democrática ( véase: Voltaire, Montesquieu, Hegel, e incluso Marx y Engels).

Ahora, Bolivarianos, ¿qué método libertador sugirió Fanon para una consideración revolucionaria urgente? Un método muy simple y práctico. Consideró las relaciones entre “colonizados” y “colonizadores”, entre amos y esclavos, entre capitalistas y trabajadores, entre “Cisneros” y “Recoge-latas” como parte de un sistema global rígido. Para “descongelarlas” sugirió una metamorfosis revolucionaria de esas relaciones básicas. Esto implicó, a nivel individual, un constante proceso de reconocimiento activo y lleno de pensar, basado en adquirir una forma de pensar, de conciencia, de teoría (y no ideología) revolucionaria más desarrollada, y el desarrollo permanente de sujetos, objetivos y “transjetivos” de emancipación. Dibujando un cuadro detallado rembrantesco - en cuanto a las cooperativas revolucionarias en Venezuela se refiere - insistió, que a nivel colectivo se debería lanzar un nuevo proceso de redescubrimiento, que no fuera influenciado por la educación capitalista colonial o por la historia imperialista, que se debería iniciar una revisión y reevaluación del propio pasado y de aquel de todas las clases oprimidas, dominadas y discriminadas y que finalmente se descubriría un sistema monstruoso de conquista, robo, saqueo y mentiras globales, que hay que destruir por todos los medios necesarios, incluyendo la violencia emancipatoria, para pavimentar el camino hacia un “nuevo hombre”, que sería consciente de sí mismo y que asumiría una nueva identidad emancipada.

Esto, que también Ché Guevara lo describió como su “Nuevo Hombre”, debería ser la quintaesencia revolucionaria de todos nuestros esfuerzos en el campo educativo, en nuestras misiones y en nuestras escuelas y universidades Bolivarianas aquí en Venezuela.

Sin embargo, llegando a la parte esencial del famoso clásico de Fanon, ¿qué fue lo que explicó sobre la violencia emancipatoria y la autodefensa? ¿Qué fue lo que sugirió para que nosotros contrarrestemos el eterno fascismo y terrorismo norteamericano?

Para liberar a Argelia, África y el resto del “Tercer Mundo” tanto de manera individual como social de la corrupción global y globalizada, de las intrigas y conspiraciones, del genocidio, la manipulación, el adoctrinamiento y el control mental, Fanon, en sus “Condenados de la Tierra”, defendió la auto-defensa y la contra-violencia revolucionaria como remedio contra todo el daño psicológico y físico causado por el colonialismo y el imperialismo a escala global.

¿Por qué Fanon llegó a esta solución emancipatoria radical?

Fanon estaba convencido que la “contrarrevolución” violenta, es decir la autodefensa violenta emancipatoria era el único medio para los miles de millones de campesinos empobrecidos, el “lumpen proletariado” sufrido y los trabajadores o desempleados de África (para sus sujetos revolucionarios) de terminar con su explotación, represión, discriminación, alienación psicológica y traumas culturales terroristas y coloniales.

Explicó que la lucha armada revolucionaria “es una fuerza purificadora que libera al nativo de su complejo de inferioridad, de su desesperación y de su inacción; lo vuelve sin temor y restaura su auto-respecto”.

En su obra previa, ya había explicado este drama personal de todas las personas “negras” y de “color” de la manera siguiente: “No tengo el deseo de ser víctima del fraude de un mundo negro. Mi vida no debería dedicarse a establecer el balance general de los valores de los Negros. No existe un mundo blanco, una ética blanca más que existe una inteligencia blanca. En todas partes del mundo hay hombres que buscan. No soy un prisionero de la historia. Allí no debería buscar el significado de mi destino. Constantemente debería recordarme que el verdadero salto consiste en la introducción y en el invento dentro de la existencia. En el mundo donde estoy viajando, me estoy creando eternamente”. (Véase: Frantz Fanon, Piel Negra, Máscaras Blancas, 1952).

Dejando a un lado para un momento sus experiencias personales y los numerosos intentos de su asesinato, que ya son suficientes razones para llegar a conclusiones tan “radicales”, su tesis emancipatoria, como la expresó en su noción del efecto purgante de la contra-violencia, de la “fuerza purificadora”, de su “perdón real”, era la de que la descolonización y la emancipación no puede ser victorioso en un primar paso, si los “condenados” no se apoderaron del poder político de los “colonizadores”, a través de una lucha de liberación violenta, popular y armada, si no cada individuo participó en este proceso de curación, para liberarse de los males del colonialismo y del imperialismo, de las relaciones sado-masoquistas, los complejos de inferioridad, la auto-agresión, la envidia por los privilegios coloniales, las relaciones amo-esclavo, la mentalidad esclavista, etc. Sólo después de esto se puede introducir efectivamente la emancipación económica y social. Aquí insistió que cada quien tiene que morder un pedazo de esta manzana capitalista amarga para encontrar, identificar y conocer a sí mismo y para descubrir la prueba revolucionaria, conociendo el neo-colonialismo racista todo por sí mismo.

De esta manera, se pueden nutrir las raíces de la lucha social revolucionaria de clases en suelo fértil, en África, Asia, América, Venezuela y en otras partes. Lo que es relevante hoy es, que para Fanon esto simplemente significa que en la auto-defensa emancipatoria, en la guerra de liberación de clases, el camino sangriento elegido por los perros de la guerra globales, matar al colonizador dentro de su propia alma colonizada, era matar para siempre en el planeta tierra a ambos, el colonizador y el colonizado a través del mismo acto revolucionario dialéctico. Según él, sólo esto puede ser el “perdón real” para África en relación a la Europa imperialista, la Norteamérica corporativa y el globo fascismo.

Esto es lo que significa armarse, tomar las armas contra un “mar de problemas” globalizado. Esto es actualmente la elección que ha dejado Washington a Irán, Venezuela y al “Eje del Mal”. En Venezuela, gústenos o no, sólo esta “contra-violencia” emancipatoria puede separar de manera científica la paja obsoleta, puntofijista, reaccionaria y contrarrevolucionaria, que nacional e internacionalmente ya se encuentra en un avanzado estado de descomposición, del trigo sanamente germinando, genético y mentalmente no modificado, no controlado y pro-revolucionario dentro de la propia Revolución Bolivariana.

Esto es también la “fuerza purificadora”, el efecto purgante de la “contra-violencia”, la purificación emancipatoria de la Revolución Bolivariana. Esto es la verdadera revolución dentro de la Revolución.

En conclusión, en este sentido, Fanon describió nuestro mundo actual neo-colonizado en América Latina y en otras partes como una realidad maniquea, como una estructura de mentalidad dividida en compartimientos, donde los peores productos de importación coloniales, alienadores, europeos y norteamericanos y los sistemas jurídicos y religiosos, corruptos y burocráticos han hecho y siguen haciendo estragos con nuestros cuerpos y cerebros.

Esto son los verdaderos peligros sociales enfrentando el futuro de la Revolución Bolivariana. Al mismo tiempo criticó al Marxismo, que no analizó y falló en incluir las “clases condenadas”, los pueblos “bárbaros” y “semi-bárbaros” en su praxis y teoría emancipatoria. No deberíamos cometer este error, porque tendrá resultados fatales para nuestra propia existencia.

Finalmente, para evitar los absurdos de revolucionarios sin revolución, de una revolución sui generis, en su obra, “Para la Revolución Africana”, Fanon explicó los elementos específicos de la aplicación de su teoría revolucionaria de la contra-violencia y de organizar la lucha armada global.

En cuanto a la verdadera contribución de Fanon a la Emancipación Africana, Ntongela Masilela, advirtiendo sobre los peligros catastróficos de “una África políticamente desunida y inexperimentada”, elaboró lo siguiente sobre su Praxis y Teoría revolucionaria: “En la edición de 1962 de “Presence Africaine”, en una sección dedicada a puros homenajes concernientes a Fanon, Aime Cesaire, el gran poeta martinicano y mentor de Fanon, lo elogió como el teórico de la acción revolucionaria y del proceso de la descolonización.

Kwame Nkrumah, el entonces presidente de Ghana y la encarnación viva de la filosofía pan-africanista, en el mismo análisis caracterizó a Fanon como el libertador y el emancipador de África, cuya última meta era la de lograr la unificación de África.

Jean-Paul Sartre, el exponente francés de la filosofía existencialista, entonces en el proceso de intentar a forjar una síntesis entre el Existencialismo y el Marxismo en su libro colosal, “Crítica de la Razón Dialéctica”, publicado en 1960, en un prefacio a la pieza de Cesaire de 1966 “Una temporada en el Congo” sobre los eventos trágicos del Congo, escribió que ambos, Lumumba y Fanon eran grandes hombres que murieron a la misma edad y en el mismo año; sus diferentes visiones históricas y práxis políticas representaron aquello que pre-eminentemente era lo mejor de la cultura y civilización humana.

En este ensayo sobre el pensamiento político de Patrice Lumumba, que de hecho es un gran documento de nuestro siglo, en donde una gran mente filosófica europea luchó con los defectos trágicos de un genio político africano, Sartre comentó que en cuanto a Fanon aún falta mucho por decir. En cuanto a Lumumba, Sartre sintió que su tragedia se basó en el hecho de que era un revolucionario sin revolución, un Jacobino negro en la era de los nacionalismos africanos. Para Fanon, el trágico fracaso de Lumumba en el Congo (hoy Zaire) era el fracaso de una África políticamente desunida y inexperimentada”.

LA IRONÍA DEL LIBERALISMO, Jorge Santayana


“The Irony of Liberalism” se publicó en The Dial en 1921 y un año después en los Later Soliloquies que George Santayana añadió a los Soliloquies in England. Su biógrafo, John McCormick, advirtió en estos últimos soliloquios un cambio de tono acorde, en cierto modo, con el curso de los acontecimientos en el mundo. Los Soliloquies in England eran, como el propio Santayana sugirió, una elegía por una causa perdida, “pero —matizaba— cuando las causas se han perdido irremediablemente, la amargura desaparece de la memoria y se vuelve intemporal y agradable”. Muchos de los primeros soliloquios habían sido escritos, y publicados, durante la Primera Guerra Mundial; a diferencia, sin embargo, de Egotism and the German Philosophy (1915-1916), un verdadero libro de guerra que pronto quedaría obsoleto —el nazismo superaría todos los límites concedidos al egoísmo y la filosofía alemana—, predominaba en ellos la sensación de que, para un exiliado como Santayana, Inglaterra aún podía ofrecer algo parecido a un asilo: la vieja y alegre Inglaterra rural, universitaria, imperial, que necesitaría una segunda guerra para despertar del sueño victoriano. Anthony Trollope, el más tranquilo de los novelistas ingleses, había advertido de lo que ocurriría con los ingleses cuando se dieran cuenta de que no merecían nada de cuanto custodiaban en su propio beneficio, incluidos los bienes espirituales. En “The Irony of Liberalism” Santayana describe, precisamente, esa sensación de haberse despertado de un sueño y aun de una pesadilla: el liberalismo era, en realidad, “desesperadamente prenietzscheano y pacato”. La ironía del título, sin embargo, reobraría sobre el propio estado de ánimo del escritor. No era, aunque en apariencia adoptase la forma tradicional y desapasionada del ensayo, un texto tranquilo, y muy pronto Santayana se daría cuenta de las consecuencias de ser irónico respecto al liberalismo. Tanto en la escritura de Dominations and Powers (1951) como en la reescritura de The Life of Reason , cuya edición en un solo volumen se publicaría póstumamente en 1954, es manifiesta la preocupación de un escritor —que, según su confesión, había encontrado, “en diferentes momentos y lugares, respirable el aire liberal, católico y alemán”, y contado con la seguridad de “que el comunismo no carece de ventajas para una mente libre ni de espléndidas emociones”— por la democracia en un sentido estricto: el largo y en ocasiones esotérico comentario al Discurso de Gettysburg de Abraham Lincoln en Dominations and Powers no sería ya un texto irónico o lo sería literaria, no mundanamente.

Pero Santayana, a quien es frecuente disociar de los demás filósofos, especialmente de los filósofos del siglo xx que fueron sus coetáneos, no era en sus opiniones sobre el liberalismo tan heterodoxo. “The Irony of Liberalism” es una reflexión sobre el exilio, y el exilio condicionaría siempre —aunque en su testamento dijera que le había hecho libre— las opiniones de Santayana: cuando buena parte de los intelectuales tuvo que emigrar forzosamente a Estados Unidos en la primera mitad del siglo, Santayana se exilió voluntariamente a Europa, donde permanecería —durante la mayor parte del tiempo en la Italia fascista— y elaboraría la parte más importante de su vasta obra. Ya en la Italia fascista, precisamente, y no en la Inglaterra irónicamente liberal de entreguerras, Santayana tendría la ocasión de retomar su texto sobre el liberalismo. En 1934, como respuesta a una pregunta por la naturaleza del gobierno de Mussolini, Santayana escribiría “Alternatives to Liberalism”, un texto, si cabe, más irónico que el primero, en la medida en que no ofrecía ninguna alternativa e insistía en su crítica al liberalismo. La referencia a los clásicos —a la piedad y la sociedad cerrada de los antiguos— no lo era, o Santayana no habría estado dispuesto a convertir su obra en una paráfrasis de los textos clásicos como, por ejemplo, Leo Strauss, adversario también del liberalismo (y el filósofo del siglo xx que más simpatías y diferencias suscita con Santayana), haría como expresión de su exilio en Estados Unidos. Una ilusión del pasado en la segunda posguerra, el liberalismo se desvanecería ante la realidad del presente, que habría de ser escrupulosamente democrática. El vaticinio de Santayana sobre la pérdida de la espontaneidad y la autonomía de la democracia americana lo devolverían a la filosofía, entendida entonces como escepticismo y castidad de la inteligencia. El valor de lectura de un texto irónico sobre el liberalismo en la actualidad es evidente, pero seguramente no será fácil encontrar alternativas a una democracia en la que se va ampliando poco a poco el elemento del poder o del orden, sin ampliar el elemento popular o social. El secreto de la filosofía —ésta era la enseñanza del último Santayana— residía en la tensión entre ambos elementos, y no en su relajación. La democracia dice siempre dos cosas, no siempre compatibles, y decir dos cosas con una sola palabra bien podría ser la expresión de la ironía.

Raimundo Lida tradujo pasajes de este texto en su heterogénea edición de Diálogos en el limbo (Buenos Aires, Losada, 1960). Nuestra versión se basa en los Soliloquies in England and Later Soliloquies (Nueva York, Charles Scribner's Sons, 1922)*. Agradecemos al profesor José Beltrán Llavador que nos haya proporcionado esta edición.


* N. del E.. Agradecemos a The MIT Press el permiso para reproducir este texto en español. Próximamente la editorial Trotta publicará la traducción en español de Soliloquies in England and Later Soliloquies.